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Cómo se fabrica el hidrógeno verde: proceso completo de la electrólisis del agua
El hidrógeno verde se fabrica mediante un proceso llamado electrólisis del agua, en el que se utiliza electricidad generada exclusivamente por fuentes renovables (solar, eólica, hidráulica o geotérmica) para separar las moléculas de agua (H₂O) en sus componentes: hidrógeno (H₂) y oxígeno (O₂). A diferencia del hidrógeno gris, que se obtiene del reformado de gas natural liberando CO₂, o del hidrógeno azul, que captura parte de esas emisiones, el verde no genera emisiones de gases de efecto invernadero en toda su cadena productiva, siempre que la electricidad provenga de fuentes limpias.
El proceso básico consiste en introducir corriente eléctrica continua en una celda electrolítica. En el ánodo ocurre la oxidación: las moléculas de agua ceden electrones y se liberan iones de hidrógeno (H⁺) junto con oxígeno molecular (O₂). En el cátodo, los electrones procedentes de la fuente eléctrica se combinan con los iones H⁺ para formar moléculas de H₂ gaseas. La reacción global es: 2H₂O → 2H₂ + O₂.
Existen principalmente tres tecnologías de electrolizadores utilizadas en la industria:
| Tecnología | Temperatura típica | Rendimiento | Uso principal |
| Alcalino (AEL) | 60-90 °C | 70-80 % | Escala industrial, gran capacidad |
| Membrana de intercambio protónico (PEM) | 50-90 °C | 60-70 % | Alta dinámica, seguimiento de renovables |
| Oxido sólido (SOEC) | 700-850 °C | 85-95 % | Alta eficiencia, integración con calor residual |
El
electrolizador alcalino es el más maduro y económico; utiliza una solución de hidróxido de potasio (KOH) como electrolito y requiere grandes volúmenes de agua desionizada. Su desventaja es la respuesta lenta ante variaciones bruscas de la potencia eléctrica, lo que dificulta su acoplamiento directo a parques eólicos o solares sin almacenamiento intermedio.
El
electrolizador PEM emplea una membrana de polímero (generalmente perfluorosulfono) que deja pasar solo los protones. Su gran ventaja es la
alta velocidad de respuesta, capaz de adaptar la producción en segundos a la variabilidad de la energía eólica o solar, aunque su coste por kW sigue siendo superior al alcalino.
El
electrolizador de óxido sólido (SOEC) opera a temperaturas elevadas (700-850 °C) con una cerámica de óxido de circonio (YSZ) como electrolito. Al trabajar en caliente, reduce la energía eléctrica necesaria y permite incluso
co-electrólisis con CO₂ para producir gas de síntesis (syngas), abriendo la puerta a combustibles sintéticos.
Para que el hidrógeno se clasifique como "verde" según las definiciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y la Comisión Europea, es imprescindible que la
electricidad utilizada sea 100 % renovable y que se demuestre una conexión física y temporal entre la fuente y el electrolizador. Esto implica, en la práctica, gestionar excedentes de producción o emplear sistemas de almacenamiento (baterías, hidrógeno mismo, aire comprimido) para cubrir las horas sin generación.
La
pureza del hidrógeno obtenido en planta suele superar el 99,9 % (grado técnico), pero dependiendo de la aplicación (pilas de combustible, síntesis química, refino) se puede necesitar un tren de purificación adicional con membranas de palladio o adsorción en fase variable (PSA) para alcanzar el 99,999 %.
El
coste nivelado del hidrógeno verde depende críticamente del precio de la electricidad renovable, del coste de capital del electrolizador (CAPEX) y de la tasa de utilización de la planta. Con electricidad eólica o solar fotovoltaica en zonas de alto recurso, el coste puede situarse entre 2 y 5 USD/kg H₂, frente a los 1-1,5 USD/kg del hidrógeno gris actual.
En resumen, fabricar hidrógeno verde es un proceso
electroquímico directo: se invierte electricidad limpia en romper el enlace O-H del agua. No hay combustión, no hay emisiones, y el único subproducto es oxígeno puro, que puede comercializarse o liberarse a la atmósfera.