Dolly, nacida el 5 de julio de 1996 en Roslin Institute (Escocia), fue la primera mamífero clonado a partir de una célula somática adulta. Su nacimiento marcó un antes y un después en la genética, demostrando que es posible reprogramar células especializadas para crear un organismo nuevo. Sin embargo, su vida no fue el ejemplo perfecto de salud que muchos esperaban. A los seis años, en febrero de 2003, Dolly fue sacrificada humanitariamente debido a una enfermedad pulmonar progresiva y debilitante que se había diagnosticado en 2001. Además, sufría de artrosis severa, una condición común en ovejas de su edad pero que en ella apareció antes de lo habitual.
La muerte temprana de Dolly, a la mitad de la vida esperada de una oveja doméstica (que ronda los 10-12 años), generó un intenso debate científico. Algunos investigadores señalaron que el clonaje podría acelerar el envejecimiento celular debido a problemas con los telómeros, las estructuras que protegen los extremos de los cromosomas. Aunque estudios posteriores mostraron que los telómeros de Dolly estaban dentro del rango normal para su edad al nacer, la evidencia de su deterioro físico prematuro sigue siendo un punto clave en la discusión sobre los riesgos éticos y biológicos de la clonación animal.
Aunque Dolly no vivió una vida larga, su existencia demostró la viabilidad técnica del clonaje a partir de células adultas. Su legado sigue vigente, impulsando investigaciones en medicina regenerativa y mejorando nuestra comprensión de la biología celular, mientras recordamos la importancia de considerar el bienestar animal en estos avances científicos.