Cómo coser raso: técnica, aguja y trucos para un acabado profesional
El raso (también llamado tafetán suave o satén, según su composición) es una de las telas más elegantes y al mismo tiempo más traicioneras a la hora de coser. Su superficie lisa y brillante, junto con su tendencia a estirarse o arrugarse bajo la presión de la aguja, hace que muchos costuristas lo eviten. Sin embargo, con la técnica adecuada se convierte en un aliado para prendas con caída espectacular, vestidos de fiesta, forros elegantes y complementos con movimiento.
El primer paso fundamental es elegir la aguja correcta. Para raso de seda o satén fino, utiliza una aguja de calibre 60/8 o 70/10 (tipo Universal o Microtex). Si el raso es más grueso (tafetán de poliéster, por ejemplo), sube a 80/12. Una aguja demasiado gruesa dejará orificios visibles y rasgará las fibras finas de la cara brillante del tejido.
La longitud de puntada es otro factor clave. A diferencia del algodón, donde 2,5 mm es estándar, en raso conviene trabajar con una puntada ligeramente más larga: entre 2,8 y 3,2 mm. Una puntada corta (2 mm) puede perforar la tela en exceso y crear un aspecto punteado que se nota al doblar o estirar la prenda.
Antes de dar la primera puntada en tu patrón, siempre prueba en una retalla del mismo raso. Coserás una línea recta, comprobarás si la tela se ondula (se "riza") y ajustarás la tensión del hilo superior. Si la puntada queda con arrugas suaves bajo el hilo, afloja un poco la tensión. Si el hilo queda hundido, apriétala.
Un truco infalible para evitar que el raso se estire al pasar por la máquina es colocar una lámina de papel de seda o papel vegetal entre la tela y la placa de la aguja. Al coser, el papel sostiene las fibras y la tela avanza de forma uniforme. Retiras el papel con cuidado después de cada cosido.
Otra técnica muy efectiva es usar la pie de prensatelas de deslizamiento (teflón) o el pies de arrastre (walking foot). El pies de arrastre agarra la tela desde arriba junto con el dentado inferior, evitando que la capa superior se desplace respecto a la inferior. Esto es crucial si vas a coser raso forrado o doblado.
Al hacer dobladillos y acabados, evita el punto atrás (backstitch) en la cara visible, ya que los orificios del retroceso se marcan en la superficie lisa. En su lugar, usa la técnica de "superponer": da dos puntadas hacia adelante, retrocede solo sobre las mismas puntadas y vuelve a avanzar. O bien remata con un pequeño nudo manual escondido en el revés.
Para los bordes que quedan a la vista, el raso no deshilacha demasiado (es una tela tejida densa), pero sí se ve feo el corte al descubierto. Las opciones más limpias son: costura francesa (French seam), dobladillo ciego con pespunte fino, o un zigzag muy estrecho (1 mm de ancho, 3 mm de largo) en el interior.
El planchado es parte inseparable de coser raso. Usa temperatura baja o media (seda: mínimo; poliéster: medio-bajo) y nunca presiones directamente la cara brillante. Coloca un paño de algodón o una gasa entre la plancha y la tela, y trabaja con movimientos de deslizamiento, no de presión. Para las costuras, usa la tabla de costuras o el borde de la plancha para alinear sin estirar.
Si tu raso es elástico (raso stretch), cambia a aguja de jersey (calibre 75/11 o 80/12) y usa puntada elástica (zigzag estrecho o puntada de overlock). No trabajes con puntada recta estándar, porque se romperá al estirar la prenda.
Coloca papel de seda bajo la tela al coser: es el truco más eficaz para que el raso no se estire ni se deforme al pasar por la máquina.
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