Cómo hacer el punto escapulario: guía completa de bordado y tejido
El punto escapulario es una de esas técnicas de aguja e hilo que, una vez que la dominas, se convierte en un recurso inseparable de tu repertorio manual. Y lo decimos porque esta puntada tiene una doble vida muy interesante: por un lado es una puntada de bordado a mano, funcional, decorativa y elegante; por otro, es una técnica de construcción de prendas de punto a dos agujas que permite tejer jerséis, cárdigans y chaquetas con un acabado profesional en hombros y escotes. Su nombre viene de las dos piezas rectangulares que cuelgan de los hombros en el hábito de ciertas órdenes religiosas, una imagen que se traslada directamente a la geometría de la puntada y a la forma en que se construye la prenda.
En el terreno del bordado, el punto escapulario se trabaja siempre de izquierda a derecha. Es una de las puntadas básicas que todo manualista debería dominar, porque su carácter es doble: sirve para sujetar y rematar bordes, y al mismo tiempo dibuja una línea en zigzag muy atractiva que realza cualquier labor. Se utiliza en servilletas, tapetes, manteles, cenefas, bordes de prendas y proyectos decorativos. Y es especialmente apreciado por principiantes porque requiere únicamente aguja, hilo y tela, sin necesidad de máquinas ni herramientas complejas.
El paso a paso del punto escapulario de bordado comienza sacando la aguja por el derecho de la tela. A partir de ahí se vuelve a introducir la aguja llevando el hilo inclinado o en diagonal hacia arriba a la derecha, y se cogen horizontalmente algunos hilos de la tela hacia la izquierda. Al tirar del hilo queda formada una primera puntada horizontal orientada hacia la izquierda, que es la base visual del dibujo. Esta primera pasada marca el ritmo de toda la labor y define la inclinación que debe mantenerse constante en cada siguiente puntada.
A continuación se vuelve a coger exactamente el mismo número de hilos, pero esta vez en dirección hacia abajo, manteniendo el hilo inclinado hacia la derecha. De este modo se genera una segunda puntada que se sitúa por debajo de la anterior. La labor continúa alternando un punto arriba y otro abajo de forma constante, lo que produce el característico trazado en forma de «V» encadenadas o de zigzag continuo. Esa alternancia rítmica es lo que le da al escapulario su identidad visual tan reconocible, una línea nerviosa y elegante que salta a la vista sobre cualquier tela.
La clave para que el resultado sea uniforme es mantener la misma longitud de puntada y la misma inclinación del hilo en cada pasada. Si los hilos que se cogen varían en número, la línea de escapulario queda irregular y pierde su efecto decorativo. Por eso se recomienda practicar primero sobre una tela de trama marcada, como lino o algodón, que facilita contar los hilos y mantener la regularidad. Una vez que el ojo se acostumbra a la geometría, el trabajo sobre telas de trama cerrada resulta mucho más natural.
El punto escapulario admite múltiples variaciones que amplían enormemente su repertorio decorativo. Una de las más sencillas consiste en enlazar los puntos escapulario pasando un hilo del mismo color o de un color de contraste por arriba y por abajo de cada puntada, creando una trenza o cadena continua que remata el borde con gran vistosidad. El uso de colores contrastados permite identificar con claridad el recorrido del hilo y es muy didáctico para aprender, sobre todo si eres principiante y necesitas ver claramente por dónde entra y sale la aguja.
Otra variante es el punto escapulario cruzado, una técnica más elaborada que parte de la puntada clásica y la enriquece con un cruce de hilos que aporta relieve y un aire delicado al bordado. Se presenta como un paso intermedio dentro de un curso progresivo de bordado, pensado para quien ya domina las puntadas básicas y quiere dar un salto de calidad en sus proyectos decorativos. El cruzado añade una capa de textura que convierte una simple línea decorativa en una cenefa con cuerpo.
Existe también una versión de dos hileras en la que se bordan dos filas de punto escapulario dejando espacios amplios entre las puntadas horizontales; en los puntos donde se cruzan las dos pasadas se unen con un pequeño punto plano horizontal. Esta variante, ejecutada con hilo del mismo color o con colores de contraste, produce una cenefa calada y muy ornamental, ideal para ribetes de manteles y paños. El efecto visual es de encaje ligero, abierto, con una elegancia que recuerda a los bordes festoneados de la ropa de cama tradicional.
Para bordar el escapulario se recomienda una tela adecuada, lino, algodón o tela bondeada, un bastidor de madera de unos quince a veinte centímetros que mantenga la tela tensa, un juego de agujas de bordado con punta redonda y punta afilada, hilos mouliné en varios colores y unas tijeras pequeñas y precisas. El bastidor es especialmente útil para principiantes, ya que evita que la tela se arrugue y facilita contar los hilos que se cogen en cada puntada.
El punto escapulario de bordado se emplea con frecuencia para rematar los bordes de telas que no deshilachan, para fijar un ribete, para simular un acabado festoneado y para dibujar cenefas, tallos, ondas y líneas decorativas. Es una puntada que se ve especialmente bien en bordes y en franjas decorativas, y su efecto visual es mucho más rico que el de una puntada corrida, con un esfuerzo muy parecido. Esa relación entre resultado y dificultad es lo que la convierte en una técnica tan valorada por quien empieza a coser a mano.
“En tejido a dos agujas, el escapulario se construye en 3 fases: espalda superior, delantera superior y unión final de hombros con bloqueo”
Dato clave