Punto de la Virgen en bolillos: el motivo que da vida al encaje de torchón
El punto de la Virgen es uno de esos motivos decorativos que convierten una pieza de encaje de bolillos en algo verdaderamente especial. Dentro del encaje de torchón, este punto comparte los movimientos básicos con arañas, milanos y otros elementos, pero tiene un carácter propio que lo hace reconocible al instante. Junto con las arañas, es de los puntos que más variantes admite, y esa versatilidad es justo lo que lo hace tan querido entre las encajeras.
Lo primero que hay que entender es que este punto no vive solo. Se teje sobre un fondo, normalmente medio punto, y se coloca dentro del diseño como un motivo decorativo. Al igual que una flor sobre un vestido, el punto de la Virgen adorna, estructura y da ritmo a la labor. El fondo se teje siguiendo el picado con la secuencia calado-torchón, alfiler, calado-torchón, y cuando se llega al primer motivo, se disponen los pares centrales que van a construir el dibujo.
Para trabajar este punto se necesitan, como norma general, cuatro pares de bolillos, es decir, ocho bolillos en total. Eso es lo mínimo. Pero si estás aprendiendo y quieres ver claramente qué par cruza con qué par, la recomendación es devanar incluso doce pares: ocho en un color claro y cuatro en un color oscuro. Esa separación cromática te permite seguir visualmente cada cruce sin perder el hilo del trabajo, y hace que el motivo sea mucho más visible mientras practicas.
Los bolillos pueden bajar directamente del picado que se esté trabajando, o colgarse de alfileres colocados expresamente para empezar la labor. En el ejercicio clásico se sujetan dos pares de hilo claro en cada uno de los alfileres señalados, se cuelgan dos pares de hilo oscuro en los alfileres centrales, y luego se tira de todos los pares una vez para igualar la tensión antes de empezar a tejer. Ese pequeño gesto de igualar la tensión marca la diferencia entre un trabajo limpio y uno que se deshilacha.
La versión más sencilla y extendida se hace a medio punto (vuelta y cruce), pinchando cuatro alfileres formando una cruz. Para comprenderla, se numeran los lugares donde se van a hacer los cruces. Los cruces 1 y 2 se trabajan con dos pares cada uno, a medio punto, es decir vuelta y cruce, sin poner alfiler. Es un arranque tranquilo, sin complicaciones.
El cruce 3 se forma con el par de la derecha del cruce 1 más el par de la izquierda del cruce 2, y se trabaja con la secuencia vuelta-cruce-alfiler-vuelta y cruce. A partir de ahí, el cruce 4 se forma con el par de la izquierda del cruce 1 más el par de la izquierda del cruce 3, también a vuelta-cruce-alfiler-vuelta y cruce. El cruce 5 se hace con el par de la derecha del cruce 2 más el par de la derecha del cruce 3, con la misma secuencia, y el cruce 6 se teje con el par de la derecha del cruce 4 más el par de la izquierda del cruce 5, igualmente con vuelta-cruce-alfiler-vuelta y cruce.
El punto se remata con los cruces 7 y 8, que se trabajan con el par de la izquierda del cruce 4 y el par de la derecha del cruce 5, a vuelta-cruce y sin alfiler. Estos dos cruces son los que cierran el cuadrado, y es muy importante no olvidar hacerlos antes de empezar el punto siguiente, sea otro punto de la Virgen o cualquier otro del diseño. Si te saltas esos dos cruces finales, el motivo queda abierto y el encaje pierde forma.
En la notación abreviada de los manuales, el punto se resume así:
- Se trabaja un par de la izquierda con vuelta-cruce
- Se trabaja un par de su derecha con vuelta-cruce
- Se trabaja los dos pares del centro con vuelta-cruce-alfiler-vuelta-cruce
- Se trabaja los dos pares de la izquierda con vuelta-cruce-alfiler-vuelta-cruce
- Se trabaja los dos pares de la derecha con vuelta-cruce-alfiler-vuelta-cruce
- Se cierra trabajando los dos pares del centro con vuelta-cruce-alfiler-vuelta-cruce
La representación más habitual en los patrones es una cruz (+), aunque en el mercado existen picados que lo dibujan de formas muy distintas. Esa cruz es la pista visual de que estás ante un punto de la Virgen cuando abres un patrón.
La versatilidad del punto es enorme: varía según se trabaje con punto entero o medio punto, con vueltas o sin vueltas, y según se pinchen ocho alfileres, cuatro o dos. Algunas variantes han recibido nombre propio, como el punto eslavo o la cota de malla, que no dejan de ser variaciones del punto de la Virgen. Con experiencia, puede trabajarse también sobre cualquier base u orilla de punto entero, no solo sobre medio punto.
Dos notas prácticas que aparecen en los manuales y que conviene tener presentes. La primera: al par que entra al pie hay que trabajarlo antes con vuelta-cruce junto con el par anterior que queda solo. La segunda, referida al puntito que queda solo en los extremos: se trabaja los dos pares previos a la guía con vuelta-cruce-alfiler-vuelta-cruce, o bien con vuelta-cruce-vuelta-cruce-alfiler-vuelta-cruce, y al que entra al pie se le da una vuelta y se mete con la guía. Estas notas resuelven los casos en que el punto se encadena en una cenefa o se remata en los bordes.
Para preparar el trabajo: picado montado, almohadilla lista, bolillos devanados (mínimo cuatro pares, ocho bolillos, y doce pares si practicas con colores), fondo a medio punto tejido hasta el motivo, pares colgados en los alfileres indicados, un tirón para igualar tensión, y a tejer la serie de cruces. La secuencia se repite con los siguientes puntos de la Virgen y, al terminar, se vuelve a tejer el fondo en medio punto hasta encontrar el siguiente grupo.
“Para practicar, devana 12 bolillos: 8 en color claro y 4 en oscuro. Verás exactamente qué par cruza con cuál y el motivo se hace visible.”
Dato clave