Qué hicieron los egipcios a Moisés según la Biblia
La relación entre Moisés y los egipcios es uno de los arcos narrativos más conocidos de toda la tradición bíblica, desarrollado principalmente en el libro del Éxodo. La pregunta sobre qué hicieron los egipcios a Moisés tiene varias capas, porque abarca desde su nacimiento hasta su muerte como líder del pueblo de Israel. La primera y más dramática acción egipcia contra Moisés fue la orden de matar a todos los varones hebreos recién nacidos. Según el relato bíblico (Éxodo 1,22), el faraón, alarmado por el crecimiento de la población israelita esclavizada, ordenó a las parteras que mataran a todo niño varón hebreo al nacer. Cuando estas se negaron, la orden se amplió para que todo varón hebreo fuera arrojado al río Nilo. Fue precisamente por esta orden que la madre de Moisés, la hebrea Joquebed, lo colocó en una cesta de juncos entre los cañaverales del Nilo para salvarle la vida. Sin embargo, el destino tuvo un giro irónico: la hija del faraón, al bajar a bañarse en el río, encontró la cesta con el bebé llorando. Se compadeció de él, lo adoptó y lo crió en el palacio egipcio. Así, Moisés fue criado como un príncipe egipcio, aprendiendo las artes y sabidurías de Egipto, tal como el propio apóstol Pablo confirmaría más tarde (Hechos 7,22). Los egipcios, sin saberlo, habían criado al muy hombre que destruiría su sistema de esclavitud. A lo largo de su vida adulta, Moisés mantuvo una relación compleja con Egipto. Tras matar a un supervisor egipcio que maltrataba a un hebreo, huyó a Madián y vivió allí cuarenta años como pastor. Cuando Dios le habló desde la zarza ardiente en el Sinaí, Moisés regresó a Egipto con una misión clara: exigir al faraón que liberara al pueblo de Israel. El faraón, identificado en la tradición como un monarca de la dinastía de los hicsos o del Imperio Nuevo, se negó una y otra vez. Ante la resistencia egipcia, la Biblia relata las diez plagas de Egipto: sangre, ranas, pulgas, moscas, peste de ganado, úlceras, granizo, langostas y oscuridad. La décima plaga, la muerte de los primogénitos egipcios, fue lo que finalmente rompió la voluntad del faraón. Los egipcios, desesperados por las pérdidas, presionaron a Moisés y al pueblo para que saliera rápidamente de su territorio (Éxodo 12,33). Pero la última gran confrontación llegó en el Mar Rojo (o Mar de los Juncos). Cuando el faraón envió en sí mismo y persiguió a los israelitas con su ejército de carros de guerra, los egipcios fueron aniquilados: las aguas del mar se abrieron para que Israel pasara, y luego se cerraron sobre los carros y caballos egipcios. Este evento, narrado en Éxodo capítulo 14, es la acción final de Egipto contra Moisés y su pueblo, y su derrota definitiva. En resumen, lo que los egipcios hicieron a Moisés puede resumirse en una paradoja trágica: intentaron matarlo de bebé, lo criaron como príncipe, lo ignoraron como profeta, resistieron su mensaje con toda la fuerza del imperio, y finalmente fueron destruidos en su intento por impedir su éxodo. Cada acción egipcia contra Moisés terminó, irónicamente, fortaleciéndolo como líder mesiánico del pueblo hebreo. El relato bíblico no se limita a una sola agresión, sino que construye una progresión: la violencia estatal (orden de matar), la asimilación forzada (crianza palaciega), la negación política (faraón que no suelta a los esclavos) y la destrucción militar (persecución en el mar). Cada etapa representa un intento egipcio de mantener el status quo esclavista que Moisés venía a romper.
El ejército egipcio fue aniquilado en el Mar Rojo (Éxodo 14,26-28): los carros y caballos fueron arrollados por las aguas que se cerraron sobre ellos.
Dato clave