Comer es la forma básica del verbo que indica el acto general o habitual de ingerir alimentos. Se usa para describir rutinas, estados generales o acciones no especificadas en cuanto a su finalización. Por ejemplo, cuando decimos me gusta comer fruta, estamos hablando de una preferencia dietética o un hábito continuo, sin hacer hincapié en la conclusión inmediata del acto de ingestión de ese trozo específico de fruta en ese preciso instante. El verbo mantenerse en su forma simple enfatiza el proceso, la actividad en sí misma o la relación general con el alimento, siendo la opción por defecto al hablar de necesidades biológicas o costumbres culinarias sin un matiz de terminación total o intensificación específica.
Comerse incorpora el sufijo pronominal -se, que en español añade matices diversos dependiendo del contexto. En primer lugar, puede indicar una acción consumada o completada con rapidez o intensidad, como en me comí la pizza entera en un momento, donde se enfatiza el resultado total y rápido de la acción. También puede sugerir que la persona come por cuenta propia o sin ayuda, o incluso tener un matiz despectivo o de disfrute intensivo. La forma pronominal transforma la perspectiva, centrándose a menudo en la experiencia subjetiva del comensal o en la totalidad del objeto consumido, diferenciándose claramente de la mera constatación fisiológica que ofrece el verbo simple comer.
En resumen, aunque ambos términos se refieren a la ingestión de alimentos, la elección entre comer y comerse depende del matiz que el hablante desee transmitir: la costumbre general frente al acto específico, rápido o totalmente consumado.