Qué le hicieron los egipcios a Moisés según la Biblia
La historia de Moisés en la Biblia está marcada por una relación de conflicto directo con Egipto que se extiende a lo largo del libro del Éxodo. El primer acto de violencia egipcia contra Moisés no fue personal, sino colectivo: el faraón, temeroso del crecimiento del pueblo hebreo, ordenó a las parteras que mataran a todos los varones recién nacidos de los israelitas (Éxodo 1:22). Ante la negativa de las parteras, extendió la orden al propio pueblo: "Toda criatura que nazca varón, lanzadla al río" (Éxodo 1:22). En ese contexto, la madre de Moisés, una hebreo del clan de Leví, ocultó al bebé durante tres meses y luego lo colocó en un arca de junco sobre el Nilo, confiando en que la corriente lo llevara a aguas seguras (Éxodo 2:3-4). La providencia, como narra el texto, hizo que la hija del faraón encontrara la arca mientras sus siervas se bañaban en el río. Al abrir el cofre y ver al niño llorando, tuvo compasión de él. La propia hermana de Moisés se acercó y ofreció buscar una nodriza hebrea, que resultó ser su verdadera madre. Así, Moisés creció dentro del palacio egipcio, educado como príncipe, algo que la Biblia enfatiza al decir que "la hija del faraón lo llamó Moisés" (Éxodo 2:10). Esto significa que los egipcios, sin saberlo, protegieron y criaron al mismo hombre que destruiría su imperio esclavista. El segundo gran conflicto entre Moisés y Egipto ocurre cuando, ya adulto, Moisés ve a un egipcio golpeando a un hebreo. En un arrebato de ira, mata al egipcio y lo oculta en la arena. Al día siguiente, al mediar en una pelea entre dos hebreos, uno le pregunta: "¿Quién te ha constituido juez?" y Moisés, temiendo que el asunto se haya difundido, huye a la tierra de Madián (Éxodo 2:11-15). El faraón enterado de la muerte del soldado egipcio mandó buscarlo. Tras cuarenta años en el desierto, Moisés recibe la vocación en la zarza ardiente y regresa a Egipto con su cuñado Jetro. Lo que sigue es un enfrentamiento diplomático y sobrenatural de meses: Moisés y Aarón se presentan ante el faraón exigiendo la liberación del pueblo hebreo. El faraón, según el relato, endureció su corazón repetidamente (la Biblia atribuye esto tanto a Dios como al propio faraón en distintos versículos) y se negó a soltar a los esclavos. Como consecuencia, cayeron las siete plagas: sangre, ranas, pulgas, moscas, peste de ganado, úlceras, granizo y langostas, culminando con la muerte de todos los primogénitos egipcios, incluidos los de las sirvientas (Éxodo 12:29). El último acto de los egipcios contra Moisés y su pueblo fue el más violento: cuando vieron que Israel partía sin oposición militar, el faraón se arrepintió y mandó a su ejército completo tras ellos, con seiscientos carros escogidos (Éxodo 14:23). El relato describe la persecución hasta las orillas del Mar Rojo, donde, según el texto, el pueblo hebreo quedó acorralado y Moisés extendió su mano sobre el mar. Dios abrió las aguas y los egipcios entraron tras ellos para ser devorados por las olas cuando el mar se cerró (Éxodo 14:26-28). Este episodio, conocido como el Paso del Mar Rojo, es el acto final de violencia egipcia contra Moisés y su pueblo en la narrativa bíblica. Es importante señalar que la Biblia presenta estos eventos desde la perspectiva teológica hebrea. Los egiptólogos modernos no confirman estos relatos como hechos históricos verificables, aunque sí reconocen la presencia de poblaciones semíticas en Egipto durante el período dinástico. El nombre "Moisés" tiene etimología egipcia (mose/musa, relacionado con "nacer" o "hijo"), lo que sugiere una raíz cultural compartida entre las tradiciones. La relación entre Moisés y Egipto no fue solo de opresión: la Biblia misma señala que Moisés fue "instruido en toda la sabiduría de los egipcios" (Hechos 7:22). Esto introduce una complejidad narrativa donde el opresor y el liberador comparten el mismo espacio cultural, educativo y lingüístico durante décadas. Los episodios se repiten en otros libros: en Deuteronomio se reiteran las plagas y la liberación; en los Salmos (Salmo 78, 106, 114) se recuerda como himno litúrgico; y en el Nuevo Testamento, Pablo usa la imagen de la Pascua egipcia como tipo de la redención cristiana (1 Corintios 5:7). La huella de los egipcios sobre Moisés es, por tanto, el eje central de toda la identidad del pueblo elegido en la tradición bíblica. En resumen, los egipcios intentaron matar a Moisés antes de que naciera, lo criaron inadvertidamente, lo persiguieron como fugitivo tras un asesinato, negaron repetidamente la liberación de su pueblo durante meses y finalmente enviaron a todo su ejército para destruirlo en el mar. Cada una de estas acciones, según la teología bíblica, sirvió para forjar al libertador que Egipto no pretendía criar.
Egipto envió a todo su ejército tras Moisés y su pueblo en el Mar Rojo; las aguas se cerraron y destruyeron a la fuerza expedicionaria (Éxodo 14:26-28).
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