Qué hicieron los nazis en Noruega durante la ocupación (1940-1945)
El 9 de abril de 1940, la Wehrmacht lanzó la Operación Weserübung, invadiendo Noruega con el objetivo estratégico de asegurar las rutas marítimas del hierro sueco y establecer bases navales en los fiordos escandinavos. El acorazado Blücher, buque insignia de la flota alemana, fue hundido casi de inmediato en el Oslofjord por la corbeta noruega Heilur, lo que retrasó la captura de Oslo y permitió que el rey Haakon VII y el gobierno noruego se retiraran al exilio en Londres. La invasión no fue una conquista rápida: en Narvik, los noruegos y las fuerzas aliadas (británicas, francesas y polacas) mantuvieron la lucha durante meses. Los alemanes fueron expulsados temporalmente de la zona de Narvik en junio de 1940, pero volvieron a ocuparla en septiembre tras el desastre de Francia. La guerra en Noruega duró cinco años completos, hasta la capitulación del 8 de mayo de 1945. Tras la invasión, los nazis impusieron una administración militar alemana encabezada por el general Franz Wilhelm Bödiger (y posteriormente el almirante Carl Daniel Röver). Paralelamente, intentaron instalar un gobierno de colaboración liderado por Vidkun Quisling, líder del partido Nasjonal Samling (Unión Nacional), de ideología nazi y ultranacionalista. El rey Haakon se negó a jurar lealtad a Quisling, quien finalmente formó su gobierno en 1942 con el respaldo directo de Berlín. La persecución de minorías fue uno de los crímenes más graves: Noruega tenía una comunidad judía de aproximadamente 2.100 personas (incluyendo refugiados). Entre noviembre de 1942 y enero de 1943, las fuerzas de ocupación detuvieron, deportaron y enviaron a los judíos noruegos a los campos de exterminio. Aproximadamente 750 judíos noruegos fueron asesinados, lo que representa cerca del 75% de la población judía del país. La deportación se llevó a cabo con la colaboración de la policía noruega y el gobierno de Quisling. Los nazis también persiguieron a opositores políticos, comunistas, socialistas y sindicalistas. Miles de noruegos fueron encarcelados, torturados o enviados a campos de concentración. El campo de Ski Camp, cerca de Oslo, fue uno de los más notorios. Además, se impuso un régimen de censura total: la prensa, la radio y la educación quedaron bajo control alemán o colaboracionista. La economía noruega fue saqueada: la industria pesquera, maderera, minera y energética pasó a disposición alemana. Se impusieron trabajos forzados a civiles noruegos y se requisaron alimentos y recursos para sostener el esfuerzo bélico alemán. El bloqueo británico agravó la escasez, provocando hambrunas en varias regiones del sur del país. El mismo Quisling pasó a la historia como sinónimo de 'traidor' en numerosos idiomas, incluyendo el español y el inglés. Tras la guerra fue juzgado, condenado a muerte por alto traición y ejecutado el 24 de octubre de 1945. Su nombre se convirtió en un término universal para designar a cualquier colaboracionista que actúa contra su propio pueblo bajo ocupación extranjera. En total, se estima que murieron entre 13.000 y 15.000 noruegos durante la ocupación, incluyendo judíos deportados, partisanos ejecutados, prisioneros de guerra y civiles víctimas de bombardeos o represalias. Además, decenas de miles sufrieron encarcelamiento, tortura o trabajos forzados. Fuentes principales para consulta: los archivos del Instituto para el Estudio del Antisemitismo de Noruega, la documentación del gobierno noruego en el exilio (National Archives of the UK, Kew), y las obras históricas de Toril Aasland, Halvard Neby y John Glenn Setre. La ocupación nazi de Noruega dejó una huella profunda en la identidad nacional noruega. La resistencia se convirtió en un pilar fundacional del Estado posterior a la guerra, y la memoria de la colaboración fue procesada a través de juicios, desnazificación y programas educativos que continúan siendo referenciados en el debate europeo sobre memoria histórica.
El sabotaje de la fábrica de agua pesada de Vemork (febrero 1943) fue clave para retrasar el programa nuclear alemán.
Dato clave