La tortuga esteparia, primer animal en viajar a la Luna y regresar vivo
La pregunta parece sencilla, pero su respuesta guarda una sorpresa que muchos desconocen. El primer animal en alcanzar la vecindad de la Luna y volver sano y salvo a la Tierra no fue un mono, ni un perro, ni un chimpancé. Fueron dos tortugas esteparias rusas, concretamente ejemplares de la especie Agrionemys horsfieldii, también conocidas como tortugas de Horsfield o tortugas de Asia Central. Viajaron a bordo de la nave soviética Zond 5 en septiembre de 1968, un hito que quedó eclipsado durante décadas por la fama mediática de Laika o del chimpancé Ham.
La elección de las tortugas no fue arbitraria. Los científicos soviéticos las seleccionaron por dos razones muy prácticas: eran fáciles de fijar firmemente dentro de la cápsula sin que se movieran, y su fisiología les permitía soportar largos periodos sin comida ni agua. Pesaban entre 0,34 y 0,4 kilogramos cada una antes del despegue. Fueron introducidas en la nave el 2 de septiembre, doce o trece días antes del lanzamiento, y se les privó de alimento como parte de experimentos patomorfológicos e histoquímicos. Dos tortugas de control en Tierra pasaron por el mismo ayuno, y otras cuatro quedaron en un vivario sin tratar, sirviendo como referencia comparativa.
La misión Zond 5 (en ruso «Зонд 5», que significa «Sonda 5») se construyó sobre la base de la Soyuz 7K-L1, una versión modificada de la cápsula tripulada soviética diseñada originalmente para un vuelo de sobrevuelo lunar con dos cosmonautas. Despegó el 14 de septiembre de 1968 a las 21:42 UTC desde la plataforma 81 del cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, impulsada por un cohete Proton-K con una etapa superior Block D. Su masa de lanzamiento alcanzaba los 5.375 kilogramos.
El plan original era enviar cosmonautas alrededor de la Luna. Pero los fracasos previos lo impidieron. Zond 1968A, cuya segunda etapa se apagó por una orden de abortado errónea, y Zond 1968B, cuya etapa Block D explotó en la rampa de lanzamiento matando a tres personas, dejaron a los ingenieros soviéticos temerosos de un vuelo tripulado fallido y su propaganda negativa. Así que, en lugar de arriesgar vidas humanas, optaron por enviar tortugas.
La carga biológica no se limitaba a los dos quelonios. Junto a ellos viajaban huevos de mosca de la fruta (Drosophila), gusanos de la harina, células de trigo, cebada, guisante, pino, zanahoria y tomate, ejemplares de Tradescantia paludosa, tres cepas de la microalga verde Chlorella y una cepa de bacterias lisogénicas. El objetivo era estudiar el efecto de la radiación cósmica sobre diversas formas de vida, aunque conviene señalar que los organismos elegidos eran extremófilos con una radioresistencia mucho mayor que la de un ser humano, así que no funcionaban como análogos directos a las personas.
“Las tortugas perdieron solo un 10 % de peso tras 39 días de ayuno, y el viaje espacial apenas afectó su biología”
Dato clave