Qué animal usa otro sentido para sobrevivir: del sonar del murciélago al infrarrojo de la serpiente
La respuesta más clara y documentada a esta pregunta es el murciélago, un animal que prácticamente ha sustituido la visión por el oído mediante la ecolocalización. Este sistema, equivalente a un sonar biológico, le permite emitir ondas sonoras y leer los ecos que rebotan en los objetos para calcular distancia, tamaño y forma de sus presas. Según National Geographic, más de mil especies emplean este mecanismo, entre ellas la mayoría de los murciélagos, todas las ballenas dentadas y pequeños mamíferos nocturnos que viven en madrigueras o en el océano y dependen de él para encontrar alimento en entornos con poca o ninguna luz.
El murciélago es el animal por excelencia de la ecolocalización. La mayoría, como el diminuto murciélago de Daubenton, contraen los músculos de la laringe para emitir sonidos por encima del rango audible humano, lo que equivale a un grito inaudible para nosotros. Los sonidos varían enormemente entre especies, lo que les permite distinguir sus voces entre las de otros murciélagos de la zona, y son específicos para un entorno y un tipo de presa concretos. El murciélago europeo, por ejemplo, "susurra" en presencia de polillas para evitar ser detectado.
La precisión de este sentido auditivo es extraordinaria. Algunos murciélagos expertos pueden localizar objetos tan pequeños como 0,007 pulgadas, aproximadamente el grosor de un cabello humano. Como los insectos están siempre en movimiento, tienen que emitir chasquidos continuamente, llegando a veces a 190 llamadas por segundo, y aun con presas tan difíciles pueden comer la mitad de su peso en insectos cada noche. Los murciélagos de nariz foliar emiten sus llamadas a través de grandes narices con pliegues intrincados que ayudan a enfocar los sonidos que rebotan, y algunas especies cambian rápidamente la forma de sus orejas para captar con precisión las señales entrantes.
La ecolocalización también tiene su batalla evolutiva. La polilla tigre flexiona el órgano timpánico situado a ambos lados de su tórax para producir chasquidos que interfieren en el sonar de los murciélagos y mantienen a raya al depredador. En el océano, donde el sonido viaja cinco veces más rápido que en el aire, los delfines y las ballenas dentadas como la beluga se orientan mediante un órgano especializado llamado bolsa dorsal, situado en la parte superior de la cabeza cerca del espiráculo, y un depósito de grasa denominado melón que reduce la resistencia a las ondas sonoras y hace el sonido más nítido. Las marsopas comunes emiten chasquidos tan rápidos y agudos que las orcas, sus depredadoras, no pueden oír.
Más allá de la caza, la ecolocalización sirve para orientarse: los murciélagos marrones grandes de América abren su paso por bosques llenos del bullicio de otros animales, y los delfines del río Amazonas sortean ramas y obstáculos creados por las crecidas estacionales. Incluso algunas personas ciegas la emplean chasqueando la lengua o un bastón, y las exploraciones cerebrales muestran que durante el proceso se activa la parte del cerebro que procesa la visión, lo que evidencia hasta qué punto el sentido auditivo puede sustituir a la vista para sobrevivir.
“El escarabajo de fuego detecta incendios a más de 80 km gracias a receptores sensibles a pocas partes por mil millones de compuestos fenólicos”
Dato clave