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que animal bufa, Toro de lidia negro con cuernos, de pie y mirando al frente en un prado verde
naturaleza ·#95 ·Lectura 10 min. · Redactor: Marta Garcia

¿Que animal bufa?

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La RAE define el bufido como la voz del animal que bufa, y señala toro y caballo como prototipos, con el gato como tercer miembro del trío.

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Qué animal bufa: del bramido del toro al sapo del género Bufo

La palabra bufar está registrada en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española como verbo intransitivo, con una raíz onomatopéyica clara. Su acepción principal se aplica al reino animal: resoplar con ira y furor, especialmente por parte del toro o del caballo. La RAE señala de forma expresa a estos dos como los prototipos de la acción, aunque el habla cotidiana ha sumado al gato como tercer miembro del trío que bufar es más representativo.


Los sinónimos que el propio diccionario asocia al verbo son reveladores: bramar, rugir, gruñir, berrear, resoplar y soplar. Todos ellos sitúan el bufido en el terreno de los sonidos graves, explosivos y con una fuerte carga emocional, emitidos por vía nasal. No se trata de un simple sonido, sino de una señal cargada de tensión, de advertencia, de un animal que está marcando un límite.


El diccionario Espasa-Calpe, recogido por WordReference, confirma esa lectura zoológica al definir bufar como resoplar un animal irritado. Ofrece además un ejemplo muy cotidiano: su gato bufa cada vez que ve un perro. Esa misma fuente añade el sentido coloquial aplicado a las personas, manifestar abiertamente enfado o ira, con el ejemplo ten cuidado, hoy está que bufa. El verbo nació describiendo a la bestia y se trasladó después al lenguaje humano por analogía, lo que dice mucho sobre cómo percibimos la agresividad animal.


El agregado lexicográfico de TodosLosHechos resume la acepción animalera como resoplar determinados animales, especialmente el gato, el toro o el caballo, en señal de enfado. Ese trío es el núcleo de especies que bufan según las fuentes consultadas, y explica que en el habla común se hable de bufido sobre todo refiriéndose a estos tres.


El sustantivo derivado, bufido, aparece en la RAE con dos acepciones. La primera es estrictamente zoológica: voz del animal que bufa, con sinónimos como bramido, rugido, gruñido, berrido y estufido. La segunda es coloquial y equivale a sofión, una demostración de enojo, con sinónimos como grito, chillido, refunfuño o resoplido. El sufijo -ido empareja el término con la familia de sonidos animales (bramido, rugido, gruñido), reforzando su origen bestial.


En el gato, el bufido es un medio de defensa y un aviso. Se produce cuando el felino abre totalmente la boca y expulsa el aire bruscamente. Los gatos, siendo depredadores, evitan los conflictos siempre que pueden, y más aún si el rival es el ser humano que los cuida. Por eso el bufido funciona como señal de advertencia que puede preceder a un ataque, pero que en sí mismo es un intento de evitarlo, una forma de marcar límites y pedir espacio.


Las explicaciones etológicas sobre los gatos coinciden en que el bufido es mucho más complejo que un simple gesto de hostilidad. Representa una forma de comunicación felina que indica miedo, estrés o necesidad de distancia. Los cachorros tienden a bufar con más frecuencia porque el mundo está lleno de estímulos nuevos y aterradores para ellos, y es su manera de protegerse mientras aprenden qué es seguro y qué no. El dolor o el malestar físico constituyen otra causa relevante, sobre todo cuando el comportamiento aparece de forma repentina.


En el toro, el bufido se inscribe en el repertorio sonoro de la especie. Los toros son generalmente silenciosos, adustos y rumiantes, y se hacen oír de pronto: bufan, mugen, braman. El toro es un animal jerárquico y dominante, siempre alerta ante la posibilidad de que otro miembro del grupo intente derrocarlo. Se comunica mediante el bramido, un sonido ronco que emite en determinados momentos. El escarbar y el resoplar en la arena forman parte de esa comunicación profunda sobre su naturaleza combativa.


En el caballo, los expertos describen el bufar como un comportamiento normal y saludable con múltiples motivaciones. A veces es una respuesta a un estímulo, como cuando el caballo se asusta o está enojado; otras veces es una forma de comunicación, por ejemplo al saludar a otro caballo; y también puede expresar dolor o incomodidad. Un estudio de la Universidad de Rennes, en Francia, identificó además que el bufido es el sonido que los caballos emiten cuando se sienten felices, lo que demuestra que este resoplido no es exclusivo del enfado.


AnimalMotivo del bufidoSinónimos
ToroAdvertencia, dominio, combateBramido, mugido, rugido
CaballoSaludo, miedo, dolor, felicidadResoplido, estufido
GatoDefensa, estrés, malestar físicoGruñido, berrido

“El sapo común (Bufo bufo) puede vivir hasta 40 años en cautividad, uno de los anfibios más longevos conocidos.”

Dato clave
que animal bufa, Collage de seis gatos de distintos pelajes, entre ellos uno negro agazapado
Imagen

Collage de seis gatos de distintos pelajes, entre ellos uno negro agazapado

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El bufido como señal animal y el sapo común, anfibio que infla su cuerpo

Existe una segunda vía para responder a la pregunta, de carácter léxico-científico, que muchos pasan por alto. La palabra bufo, con ese aspecto casi idéntico, tiene un recorrido completamente distinto al del verbo bufar. El Diccionario de la lengua española recoge bufo, fa como adjetivo que combina lo cómico y lo grotesco, una mueca bufa, por ejemplo. También funciona como adjetivo de óperas y obras dramáticas de carácter cómico y burlesco, y como nombre del actor que en la ópera italiana representa el papel de gracioso. Es un término de origen italiano, buffo, sin relación etimológica con el animal, aunque la coincidencia gráfica ha generado confusión frecuente entre lectores que buscan el mismo animal en ambas palabras.


En zoología, Bufo es un género de anfibios anuros de la familia Bufonidae que incluye, entre otros, al sapo europeo. Se distribuye por las regiones templadas de Eurasia, el norte de África, Oriente Medio, Japón y la zona norte del sudeste asiático. En el pasado el género agrupaba un gran número de especies, pero los estudios taxonómicos recientes lo dividieron y dejaron en él únicamente las especies del grupo Bufo bufo, con unas diecinueve especies vigentes. Es un dato que sorprende: lo que antes era un cajón amplio, hoy es un conjunto mucho más selecto.


Las especies del género Bufo comparten una forma achaparrada y patas cortas, lo que las convierte en malos saltadores. Como todos los miembros de Bufonidae, carecen de cola y de dientes y presentan pupilas horizontales. Su piel es gruesa, seca y verrugosa, y detrás de los ojos poseen las glándulas parotoides, estructuras parecidas a una verruga que distinguen a los sapos verdaderos del resto de anuros y que segregan una sustancia blanca, grasosa y venenosa como elemento disuasorio ante los depredadores.


El sapo común, Bufo bufo, es el anfibio más extendido de Europa y uno de los más reconocibles. Rechoncho, de piel verrugosa marrón-grisácea y ojos dorados con pupila horizontal. Mide entre 8 y 15 centímetros, con hembras notablemente mayores que los machos, y su peso ronda los 20 a 80 gramos. Lejos de ser peligroso para las personas, es uno de los mejores aliados del agricultor y del jardinero, pues una sola hembra puede devorar más de 10.000 insectos y babosas al año. Un dato que debería bastar para que nadie lo mire con recelo.


Su piel rugosa aloja glándulas parótidas que segregan bufadienólidos, sustancias amargas y levemente tóxicas que disuaden a los depredadores, junto con bufotenina. La creencia popular de que sus verrugas transmiten verrugas a las personas es un mito sin base científica, y el manejo ordinario de estos sapos no resulta peligroso. El veneno de la mayoría de los sapos contiene bufotoxina, y la ingestión accidental de esa sustancia por perros y gatos puede causar irritación, hipersensibilidad, anomalías cardiacas, vómitos, convulsiones e incluso la muerte sin tratamiento adecuado. Así que conviene vigilar a las mascotas curiosas en primavera.


El sapo común es nocturno y solitario fuera de la época reproductora. Hiberna bajo tierra o entre raíces desde octubre hasta febrero o marzo, y protagoniza en primavera una de las migraciones más masivas de la fauna europea: miles de sapos se desplazan en una sola noche hacia el estanque donde nacieron, guiándose por el olfato y la memoria espacial. En febrero y abril los machos se congregan en charcas emitiendo cantos graves y el amplexus puede durar días; la hembra deposita cordones de huevos de hasta cuatro metros con 3.000 a 6.000 huevos, y los renacuajos se metamorfosean en ocho a doce semanas.


Como medio de defensa frente a depredadores como ciertas culebras, el sapo extiende sus patas en posición vertical e infla sus pulmones para aparentar un tamaño mayor, además de recurrir a las toxinas de sus glándulas. La especie está evaluada en la Lista Roja como Preocupación Menor, con población estable aunque en declive por la destrucción de charcas, el tráfico rodado durante las migraciones y el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, causante de la quitridiomicosis.


El sapo puede inflar su cuerpo cuando se siente amenazado, los machos son habitualmente más pequeños que las hembras y poseen el órgano de Bidder, un ovario incompleto, además de una garganta generalmente más oscura. Su esperanza de vida en la naturaleza se sitúa entre 10 y 15 años, y en cautividad puede alcanzar los 40, lo que lo convierte en uno de los anfibios más longevos conocidos.


  • Bufar (verbo): toro, caballo y gato resoplan con ira o advertencia
  • Bufido (sustantivo): voz del animal que bufa, sinónimo de bramido, rugido, gruñido
  • Bufo (género zoológico): sapos verdaderos de la familia Bufonidae, ~19 especies vigentes
  • Bufo bufo (sapo común): anfibio europeo, 8-15 cm, aliado del agricultor

Conclusión:

¿que animal bufa?

La pregunta tiene dos respuestas muy distintas según la palabra que uno tenga en la cabeza. Si buscas al animal que suelta ese resoplido grave y cargado de furia, piensas en el toro escarbando la arena, en el caballo que te saluda con un estufido, en el gato que te avisa desde el rincón del sofá. Y si el oído te susurra bufo, entonces miras al suelo, a la charca de primavera, al sapo rechoncho que infla los pulmones y camina lento entre las raíces. El toro y el sapo no comparten familia ni hábitat, pero ambos tienen en común esa señal primitiva: un animal que te dice, con su cuerpo entero, que no quiere que te acerques.

Fuentes: 1º RAE - bufar, 2º RAE - bufido, 3º WordReference - bufar, 4º TodosLosHechos, 5º Torreduero - Caballos
IMAGEN1-AUTOR:Santiago Molina N.|Licencia:CC BY-SA 3.0|Url:CC BY-SA 3.0
IMAGEN2-AUTOR:Derivative work: howcheng|Licencia:CC BY-SA 3.0|Url:CC BY-SA 3.0
Redacción: Marta Garcia · Actualizado en: 19/10/2026
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