El romero (Rosmarinus officinalis) es una de las hierbas aromáticas más resistentes y populares en la jardinería mediterránea, caracterizada por su aroma intenso, sus propiedades culinarias y medicinales, así como su capacidad para atraer polinizadores. A diferencia de otras plantas que prefieren la división de matas, el romero se propaga con gran facilidad mediante esquejes o estacas a partir de ramas sanas. Para comenzar este proceso, debes seleccionar una rama semimadura, es decir, que no sea demasiado tierna ni completamente lignificada, con un grosor aproximado similar al de una pajilla. El momento ideal para tomar estas estacas suele ser durante la primavera o principios del verano, cuando la planta está en plena fase vegetativa y los niveles de hormonas de crecimiento son óptimos. Utiliza unas tijeras de podar muy limpias y desinfectadas con alcohol isopropílico o lejía diluida para evitar la transmisión de posibles patógenos. Realiza un corte limpio en ángulo recto, justo por debajo de un nudo, ya que es en esta zona donde se concentra la mayor cantidad de células capaces de generar raíces adventicias. Elimina las hojas de la parte inferior de la estaca, dejando solo dos o tres pares de hojas en la punta, para reducir la pérdida de agua por transpiración y dirigir la energía de la planta hacia el desarrollo radicular. Si dispones de ácido indolbutírico (AIB) u otra hormona de enraizamiento en polvo o líquido, sumerge la base de la estaca durante unos segundos; aunque no es estrictamente obligatorio, esta práctica acelera notablemente el proceso y aumenta las tasas de supervivencia. Una vez preparadas, las estacas deben colocarse en un sustrato adecuado para enraizar.
El sustrato ideal para el enraizamiento del romero debe ser ligero, poroso y con un drenaje excelente, ya que esta planta es extremadamente susceptible a la pudrición de las raíces si se mantiene en exceso. Una mezcla clásica y efectiva consiste en partes iguales de perlita, vermiculita y arena gruesa, o bien un sustrato universal mezclado con abundante perlita para mejorar la aireación. Riega ligeramente el sustrato antes de insertar las estacas, creando pequeños agujeros con un lápiz o un palito para no dañar la base de la rama al introducirla. Coloca cada estaca a una profundidad de aproximadamente cinco o siete centímetros, asegurándote de que las hojas restantes no toquen el sustrato húmedo, lo que podría provocar pudrición. Tras la siembra, riega con suavidad para asentar el sustrato alrededor de la base y crea un microclima de alta humedad cubriendo el recipiente con una bolsa de plástico transparente o una campana de enraizamiento, perforada para permitir la ventilación. Este ambiente húmedo es crucial para que las estacas no se sequen mientras desarrollan raíces, pero debe retirarse periódicamente para evitar la condensación excesiva y los hongos. Coloca el recipiente en un lugar cálido, entre veinte y veinticinco grados centígrados, con luz abundante pero indirecta, evitando a toda costa la exposición directa al sol que quemaría las estacas. En aproximadamente tres a cuatro semanas, deberás notar resistencia al tirar suavemente de la estaca o pequeñas raíces asomando por los agujeros del drenaje, señal de que es momento de trasplantarlas a macetas individuales o directamente al jardín, manteniendo siempre un riego moderado y suelo bien drenado.
En resumen, plantar romero a partir de una rama es un proceso sencillo y gratificante que requiere paciencia y atención a los detalles básicos de higiene y drenaje. Al seguir estos pasos, obtendrás nuevas plantas sanas que podrás disfrutar tanto en macetas como en el jardín, ampliando tu colección de hierbas aromáticas sin coste adicional.