Cómo plantar judías: guía completa para el huerto
Las judías (Phaseolus vulgaris) son uno de los cultivos más agradecidos y versátiles que puedes tener en casa. Conocidas como frijoles, ejotes, chauchas, porotos o alubias según dónde vivas, pertenecen a la familia de las Fabáceas y crecen rápido, producen durante semanas y se adaptan tanto a huertos grandes como a una maceta en el balcón. Además de su riqueza en proteínas, fibra y minerales, fijan nitrógeno en el suelo gracias a la simbiosis con bacterias del género Rhizobium, mejorando la fertilidad de tu terreno de forma natural.
Antes de poner la primera semilla conviene entender qué tipo de judía quieres cultivar, porque hay dos grandes grupos según su porte:
- Mata baja o enana: no superan los 30-60 cm, no necesitan tutores, producen antes y concentran la cosecha en tres o cuatro semanas. Ideales para bancales pequeños, macetas, siembras tardías y para escalonar la producción.
- Enrame o mata alta: alcanzan los 2-3 metros, necesitan soportes verticales, dan algo más de trabajo al principio, pero producen durante más tiempo y suelen dar vainas más grandes.
Entre las variedades con tradición en huertos españoles destacan la Perona (vaina plana, carnosa y larga), la Helda (de enrame, muy productiva y resistente), la Garrafal Oro, la Buenos Aires, la Contender (enana, ciclo corto, vaina sin hilos), la Strike (vaina redonda y tierna, perfecta para maceta), la Maravilla de Venecia (vaina plana amarilla, muy tierna), la Rocquencourt, la Romano Bush y la Borlotto, con vaina jaspeada de rojo, más usada para seco. Para grano seco están las fabes (Granja asturiana), la Del Ganxet catalana o la alubia de Tolosa.
El clima manda. Las judías son claramente estivales: necesitan entre 18 y 25 °C para germinar y desarrollarse, evitan las heladas, no prosperan por debajo de 10 °C y con más de 30-32 °C y aire seco tiran las flores. Exigen luz solar directa al menos 6-8 horas diarias, un lugar aireado sin vientos fuertes constantes y una humedad atmosférica en torno al 65%.
El suelo ideal es suelto, profundo, rico en materia orgánica y muy bien drenado, con un pH entre 6 y 7,5. No toleran el encharcamiento prolongado ni los suelos calcáreos, que dificultan la germinación y provocan podredumbre. Son además de las hortalizas más sensibles a la salinidad: con agua muy salina las hojas se queman por los bordes. Para preparar el terreno conviene labrar y airear unos días antes; a nivel profesional se hace una labor semiprofunda a 25-30 cm con compost o humus de lombriz, seguida de dos labores superficiales de 15 cm que dejan la tierra desmenuzada y lista.
El momento de la siembra es clave. Se siembra directamente en el huerto cuando la tierra, a 5 cm de profundidad, supera los 12-15 °C y ya no hay riesgo de helada. Si no tienes termómetro, espera a que las mínimas nocturnas pasen de 10 °C varios días seguidos. En suelo frío y húmedo la semilla se pudre antes de nacer, así que no conviene tener prisa: sembrar demasiado pronto suele dar peores resultados que esperar unos días más. En la mayoría de zonas la siembra va desde mediados de primavera hasta comienzos del verano, escalonando cada 15 días o cada 2-3 semanas para alargar la cosecha.
Las fechas varían según la zona:
- Litoral mediterráneo: de mediados de marzo a principios de agosto, cosechando de mayo a noviembre.
- Sureste semiárido: de febrero a abril y de agosto a septiembre.
- Interior cálido del sur: de marzo a abril y primeros de agosto.
- Meseta: de mediados de mayo a principios de julio.
- Meseta fría: de finales de mayo a mediados de junio.
- Valle del Ebro y cornisa atlántica: de mayo a julio.
- Canarias: casi todo el año, siendo mejores septiembre-noviembre y febrero-abril.
La siembra directa es el método recomendado, ya que la judía no soporta bien el trasplante por tener la raíz muy sensible. Se hace con el suelo al "tempero", húmedo pero suelto, que se desmenuce en la mano; si está seco conviene regar el día anterior o incluso 3-4 días antes. La profundidad es de 2-5 cm (según fuentes), depositando 2-4 semillas por hueco y cubriendo con una capa fina de tierra suelta. Emplea siempre semilla certificada y sana.
“El momento crítico del riego es floración y cuajado: sin agua ahí, caen las flores y las vainas salen cortas y fibrosas.”
Dato clave