La siembra de la palmera datilera requiere una planificación minuciosa, ya que se trata de un árbol longevo que puede superar los cien años de vida. El método más común y fiable es a través de la división de rizomas o patas, que son brotes laterales que emanan de la base de una palmera madre productiva. Se recomienda seleccionar patas con al menos tres a cinco hojas y un sistema radicular bien desarrollado, con un diámetro de entre diez y quince centímetros para garantizar una supervivencia óptima. Antes de la siembra, el terreno debe prepararse con un hoyo de un metro de diámetro y profundidad, mezclando la tierra extraída con materia orgánica como compost maduro para mejorar la estructura y la retención de humedad. Es fundamental elegir una ubicación que reciba luz solar directa durante al menos seis horas diarias, ya que la datilera es una planta exigente en termia y necesita acumular calor para el desarrollo adecuado de los frutos. La distancia entre plantas debe ser considerable, de entre ocho y diez metros, para evitar la competencia por nutrientes y permitir el crecimiento completo de la copa.
El riego es el factor crítico en el éxito del cultivo, siendo la datilera una especie que demanda grandes cantidades de agua pero con un sistema de riego eficiente. Se aconseja el uso de riego por goteo para mantener la zona radicular húmeda de manera constante sin encharcar el suelo, lo cual podría provocar la pudrición de las raíces. La frecuencia debe ajustarse según la estación, siendo más alta durante los meses cálidos de verano. En cuanto a la fertilización, se requiere una mezcla equilibrada de nitrógeno, fósforo y potasio, aplicándose en primavera para estimular el crecimiento vegetativo y en otoño para fortalecer la estructura antes del invierno. Es importante destacar que la datilera es dicogina, lo que significa que existen ejemplares machos y hembras; por tanto, para obtener cosecha es imprescindible la presencia de palmeras masculinas cerca de las femeninas para la polinización, aunque esta suele ocurrir de forma natural por el viento, puede realizarse de manera manual para aumentar el rendimiento. La poda debe ser mínima, limitándose a la retirada de hojas viejas y secas para mantener la estética y la salud de la planta.
El cultivo de la datilera es una inversión a largo plazo que requiere paciencia, ya que las plantas de pata tardan entre cuatro y cinco años en producir su primera cosecha comercial. Una vez establecido el árbol, la clave del éxito radica en la constancia del riego y la nutrición adecuada para soportar los rigores climáticos y producir frutos de alta calidad.