Para sacar el máximo partido a una PlayStation 5, no basta con tener un televisor estándar; necesitas un monitor que soporte las capacidades avanzadas del hardware. El requisito fundamental es la entrada HDMI 2.1, ya que solo este estándar permite transmitir señales de 4K a 120Hz o de 8K a 60Hz sin compresión excesiva. Si optas por un monitor de 1440p (QHD), asegúrate de que soporte el mismo modo, aunque la PS5 funciona mejor visualmente en 4K por su mayor detalle. Otro pilar clave es la frecuencia de refresco: mientras que los 60Hz son el mínimo aceptable, los monitores de 120Hz o incluso 144Hz ofrecen una fluidez superior, especialmente en juegos competitivos como las carreras o los shooters. No olvides activar en la consola la opción de Modo juego y desactivar funciones innecesarias para reducir el input lag.
La tecnología VRR (Variable Refresh Rate), compatible con HDMI 2.1, es otro factor decisivo. Esta función sincroniza la tasa de refresco del monitor con los fotogramas generados por la PS5, eliminando el temblor de pantalla y las roturas de imagen (screen tearing) cuando los FPS fluctúan. Además, verifica que el monitor ofrezca un tiempo de respuesta bajo, idealmente de 1ms o menos en modo gris a gris (GtG), para minimizar la persistencia fantasma en escenas rápidas. En cuanto al tamaño, aunque los monitores suelen ir de 27 a 32 pulgadas, recuerda que una PS5 empuja mejor las texturas a distancias cortas, por lo que un panel de 4K en 27-32 pulgadas ofrece una nitidez espectacular sin necesidad de mover demasiado la cabeza. Finalmente, la compatibilidad con Dolby Vision y HDR10 es importante si buscas colores vibrantes y un alto rango dinámico.
En resumen, al elegir un monitor para tu PS5, prioriza siempre la compatibilidad HDMI 2.1, una tasa de refresco de 120Hz o superior y el soporte VRR. Estos tres elementos combinados garantizarán que la inversión en la consola se traduzca en una experiencia visual fluida, nítida y sin interrupciones, adaptada tanto al juego casual como al competitivo.