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que hicieron los fariseos con jesus, Los fariseos y el Sanedrín enjuician a Jesús en un sala de piedra iluminada por velas
general ·#12088 ·Lectura 7 min. Redacción de respuesta: Editorial NexusCurioso.com

¿Que hicieron los fariseos con jesus?

Respuesta corta

Según Marcos 14,63-64, los fariseos y el Sanedrín condenaron a Jesús a muerte de muerte tras la acusación de blasfemia por declararse Hijo de Dios.

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Lo que hicieron los fariseos con Jesús: acusaciones, trampas y condena

Los fariseos, el principal partido religioso judío del siglo I, mantuvieron con Jesús un conflicto que escaló progresivamente desde debates teológicos hasta la conspiración que llevó a su muerte. Según los cuatro Evangelios sinópticos y el de Juan, su actuación se puede dividir en varias fases bien documentadas.

La primera fase fue la de las trampas verbales. Los fariseos acudían repetidamente a Jesús con preguntas diseñadas para hacerlo caer en una herja legal o política. Le preguntaron si convenía pagar el tributo al César (Mateo 22,15-22), qué pensaba sobre la resurrección de los muertos (Marcos 12,19-27) y cuál era el mayor mandamiento (Mateo 22,36-40). En cada caso buscaban una respuesta que pudieran usar en su contra ante el Sanedrín o ante las autoridades romanas.

La segunda fase consistió en la acusación pública. Los Evangelios relatan múltiples episodios en los que los fariseos reprocharon abiertamente a Jesús sus prácticas: comer con publicanos y pecadores (Mateo 9,11), no lavarse las manos antes de comer (Marcos 7,1-5), sanar en sábado (Lucas 13,10-17) y permitir que sus discípulos arrancaran espigas en sábado (Mateo 12,1-8). Estas acusaciones no eran meras discusiones doctrinales; en la práctica, buscaban deslegitimar a Jesús ante las multitudes y ante el propio Sanedrín.

La tercera fase fue la conspiración activa. A partir del episodio de la unción en Betania (Marcos 14,3-9) y, sobre todo, tras la entrada triunfal en Jerusalén, los Evangelios indican que los principales sacerdotes y los fariseos comenzaron a «buscar cómo hacerlo morir con engaño» (Marcos 14,13). El mismo Judas Iscariote, según Marcos 14,10-11, se acercó a los jefes del pueblo para entregarlo, y fue precisamente un fariseo llamado Cayafás, sumo sacerdote, quien presidió el juicio nocturno.

En el juicio ante el Sanedrín (Mateo 26,59-68; Marcos 14,53-65), los fariseos y escribas presentaron falsos testigos que no concordaban en su versión, hasta que dos acusaron a Jesús de blasfemia al declarar que era el Hijo de Dios. Cayafás le rasgó los vestidos y le preguntó: «¿Tú eres el Cristo, el Hijo del Bendito?». La respuesta de Jesús selló la sentencia: «Condenado a muerte de muerte» (Marcos 14,64).

La última fase fue la entrega a Pilato. Los Evangelios coinciden en que los fariseos, al no tener potestad de ejecutar una sentencia capital, llevaron a Jesús ante el procónsul romano Poncio Pilato. Le acusaron de sedición, de impedir pagar el tributo y de decirse rey de Israel (Juan 18,29-30). Según el pasaje de Juan 19,6, fue la multitud instigada por los líderes (en la que se incluían fariseos) la que gritó «¡Crucifícalo!».

Es importante matizar que no todos los fariseos actuaron de forma unánime. El propio Evangelio de Lucas menciona a Nicodemo, un fariseo y miembro del Sanedrín, que se acercó a Jesús de noche (Juan 3,1-21) y que, según Juan 7,50-52, intentó defenderlo ante el consejo. También aparece Josef de Arimatea, descrito como «discípulo secreto» (Juan 19,38), que pidió el cuerpo de Jesús a Pilato. Estos matices muestran que el conflicto no era un bloque monolítico.

En síntesis, lo que los fariseos hicieron con Jesús, según la tradición evangélica, fue: intentar atraparlo con preguntas, acusarlo públicamente de transgredir la Ley, conspirar para matarlo, presidir su juicio condenatorio y entregarlo a las autoridades romanas para que fuera crucificado.

El texto bíblico no detalla motivaciones psicológicas profundas de cada individuo, pero sí ofrece un marco: la defensa del orden religioso establecido, el temor a una revuelta romana que arruinara a toda la nación, y la consideración de que las enseñanzas de Jesús constituían una blasfemia intolerable que podía provocar la ira divina sobre Israel.

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Mateo 27,63-66 relata que los fariseos pidieron a Pilato una guardia romana para sellar el sepulcro de Jesús, confirmando que lo consideraban una amenaza incluso tras su muerte.

Dato clave
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Fariseos piden a soldados romanos sellar el sepulcro de Jesús al amanecer en Jerusalén

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El enfrentamiento entre los fariseos y Jesús en los Evangelios

Para comprender la gravedad de la acusación de blasfemia que los fariseos formularon contra Jesús, conviene recordar que en el judaísmo del Segundo Templo declararse Hijo de Dios en un contexto mesiánico equivalía, a ojos de los intérpretes estrictos de la Torá, a usurpar la soberanía divina. De ahí que Marcos 14,63 registre que Cayafás se rasgó las vestiduras: una reacción ritual de indignación ante lo que percibía como profanación del nombre santo.

Los Evangelios también muestran que los fariseos observaban y registraban todo lo que Jesús hacía. En Juan 5,16 se indica que «los judíos perseguían a Jesús porque hacía estas cosas en día de sábado». Esa vigilancia constante no era mera curiosidad; constituía un mecanismo de control doctrinal. Cada milagro realizado en sábado, cada mesa compartida con un pecador, cada omisión de las purificaciones rituales quedaba anotado para ser usado como evidencia en el proceso.

Un aspecto que a menudo se pasa por alto es la dimensión política del conflicto. Los fariseos, aunque no gobernaban, ejercían una enorme influencia sobre la opinión popular y sobre el propio Sanedrín. Permitir que un hombre proclamara ser «Señor y Cristo» en plena Jerusalén, bajo ocupación romana, podía interpretarse como un acto sedicioso. La acusación ante Pilato de «impedir pagar el tributo al César» (Mateo 26,68) no es una calumnia gratuita: reflejaba un temor real a las consecuencias políticas.

El episodio de la mujer adúltera (Juan 7,53-8,11), aunque su canonicidad está debatida, ilustra el método: presentar a Jesús ante una situación en la que, sea cual sea su respuesta, quede incriminado. Si condena a la mujer, se contradice con su mensaje de misericordia; si la absuelve, transgrede Levítico 20,10. Jesús evade la trampa con su silencio y el célebre «quien no tiene pecado, que lance la primera piedra».

Finalmente, tras la crucifixión, los Evangelios relatan que los fariseos exigieron un sello y una guardia romana sobre el sepulcro (Mateo 27,63-66), temiendo que los discípulos robaran el cuerpo y proclamaran la resurrección. Este detalle confirma que, incluso después de la muerte, los líderes fariseos consideraban a Jesús una amenaza activa que debía ser contenida.

En resumen, la actuación de los fariseos con Jesús no fue un acto aislado sino un proceso escalonado que duró varios años: observación, debate público, acusación interna, juicio condenatorio, entrega a Roma y, tras la ejecución, intento de borrar sus consecuencias. Todo ello, según la narración evangélica, con el objetivo declarado de proteger la integridad de la Ley y, en la práctica, de eliminar a un predicador cuyo mensaje desafiaba las estructuras de poder religioso del momento.

Los Padres de la Iglesia y los comentaristas posteriores (Jerónimo, Agustín, Calvino, Lutero) han interpretado este pasaje como una advertencia permanente contra el rigorismo que sustituye la justicia por la legalidad, lectura que ha marcado la teología cristiana durante veinte siglos.

Conclusión:

¿que hicieron los fariseos con jesus?

La relación entre los fariseos y Jesús, tal como la narran los Evangelios, no puede reducirse a un simple antagonismo maniqueo. Fue un choque de visiones sobre la Ley, el Mesías y el poder que escaló hasta la ejecución pública. Conocer este proceso ayuda a entender tanto el contexto histórico del cristianismo primitivo como las tensiones institucionales que, en cualquier época, surgen cuando un predicador desafía las estructuras establecidas.

Fuentes: Evangelio según San Marcos, Evangelio según San Mateo, Evangelio según San Juan, Evangelio según San Lucas. —
Redacción: editorial NexusCurioso.com
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