¿Qué hicieron los fariseos? Rol histórico, religioso y social
Los fariseos (del arameo parushim, 'los separados') fueron uno de los tres principales movimientos del judaísmo del Segundo Templo, junto con los saduceos y los esenos. Surgieron aproximadamente en el siglo II a.C., tras el período macabeo, y se consolidaron como la corriente más influyente del pueblo judío hasta la destrucción del Templo en el año 70 d.C. Su nombre ya aparece mencionado por el historiador Flavio Josefo en sus obras Guerra Judía y Antigüedades Judías, donde los describe como una secta que seguía no solo la ley escrita sino también las tradiciones orales de los padres.
El núcleo de su actuación fue la observancia estricta de la Torá, tanto en su texto escrito como en la tradición oral que interpretaban y desarrollaban. Esto incluía la purificación ritual, el pago riguroso del diezmo, la bendición de los alimentos, la oración tres veces al día y la santificación del sábado. A diferencia de los saduceos, que solo aceptaban la Torá escrita, los fariseos creían en la tradición oral, la resurrección de los muertos, la existencia de ángeles, demonios y del alma inmortal, así como en el destino y el juicio final.
En la práctica cotidiana, los fariseos desarrollaron un sistema complejo de normas de pureza que regulaban casi todos los aspectos de la vida: cómo lavarse las manos antes de comer, qué alimentos se consideraban puros, cómo interactuar con gentiles, y cómo purificar la ropa y los utensilios. Estas prácticas no estaban siempre en la Torá escrita, sino en la Halajá oral que ellos custodiaban y transmitían de maestro a discípulo.
A nivel social, los fariseos no formaban una élite sacerdotal cerrada como los saduceos (vinculados al sacerdocio del Templo), sino que eran laicos, presentes en las sinagogas de las aldeas y ciudades. Esto les dio una penetración enorme en el pueblo: eran maestros, jueces locales, consejeros comunitarios y, en muchos casos, los únicos líderes religiosos accesibles para el judío común que no podía viajar a Jerusalén.
En la política del siglo I, su posición fue oscilante. Inicialmente mantuvieron distancias con la dinastía hasmonea y con Roma. Con el tiempo, especialmente bajo el gobierno de Herodes y luego bajo la dominación romana directa, muchos fariseos adoptaron una postura pragmática: aceptaban la autoridad romana como garantía de su existencia como pueblo, al tiempo que preservaban la identidad religiosa judía. Sin embargo, no estaban exentos de tensiones internas; existían fariseos más nacionalistas y otros más conciliadores.
Su relación con Jesús de Nazaret es uno de los ejes centrales del Nuevo Testamento. Los evangelios lo presentan frecuentemente en confrontación con ellos: le reprochan asociarse con publicanos y pecadores, no observar ciertas tradiciones (como la purificación de las manos), curar en sábado y proclamar una autoridad que los fariseos reservaban al Dios de Israel. Sin embargo, el propio Jesús, según el Talmud, era descendiente de rama farisea, y muchas de sus enseñanzas tienen paralelos directos en la enseñanza rabínica posterior.
Tras la destrucción del Templo en el 70 d.C., los saduceos desaparecieron como grupo organizado (su poder dependía del culto sacrificial), y los esenos se desvanecieron. Los fariseos, en cambio, se transformaron en los rabinos de la era post-templo. En Yavneh, bajo la dirección de Rabí Iojanán ben Zakkai, establecieron el nuevo centro de enseñanza y legislarón las bases de lo que sería el judaísmo rabínico. La Mishná, compilada por Rabí Judá el Príncipe hacia el año 200 d.C., es en gran medida la codificación de la tradición farisea.
| Aspecto | Fariseos | Saduceos | Esenos |
|---|---|---|---|
| Base | Torá + tradición oral | Solo Torá escrita | Torá + reglas comunitarias |
| Resurrección | Sí | No | Sí |
| Ángeles/demonios | Sí | No | Sí |
| Estatus social | Laicos, pueblo | Sacerdotes, élite | Comunidad cerrada |
| Supervivencia | Como rabinos | Desaparecieron | Desaparecieron |
En resumen, lo que los fariseos hicieron de manera decisiva fue preservar y adaptar la ley judía para que sobreviviera a la pérdida del Templo, transformando una religión centrada en el sacrificio en una religión de estudio, oración, ética comunitaria y vida cotidiana. Sin su obra, el judaísmo tal como lo conocemos probablemente no existiría en su forma actual.
Flavio Josefo, contemporáneo, los describe como la 'tercera secta' del judaísmo junto a saduceos y esenos, y destaca su rigor en la observancia de la ley oral.
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