Cómo se fabrica la seda: del gusano al tejido
La seda es una de las fibras naturales más antiguas y valiosas que existe. Su producción, conocida como sericultura, se remonta a hace más de 5.000 años en China, donde según la leyenda la emperatriz Leizu descubrió el hilo de seda cuando un capullo cayó en su té caliente y comenzó a desenrollarse. Hoy en día, aunque la tecnología ha avanzado, el proceso fundamental sigue siendo el mismo: se basa en el ciclo biológico del gusano de la morera, Bombyx mori.
El primer paso es la reproducción y eclosión. Las hembras del gusano de seda depositan entre 200 y 300 huevos en una cartulina o soporte. Tras aproximadamente 10 días, los huevitos eclosionan y nacen las larvas, diminutas criaturas de unos 2 milímetros de longitud, de color negro.
A continuación viene la etapa de alimentación, que es la más larga y laboriosa. Los gusanos se alimentan exclusivamente de hojas de morera frescas (o en algunas variedades, de ruda o castaño). Durante 4 a 6 semanas, el gusano come sin descanso y aumenta su peso hasta 8.000 veces respecto al momento de la eclosión. En este período muda cuatro veces su exoesqueleto, pasando por distintas instancias larvarias.
Cuando el gusano alcanza su tamaño máximo (unos 6-7 cm), entra en la fase de hilado del capullo. El gusaro deja de comer, busca un punto de anclaje y comienza a secretar una sustancia líquida por sus glándulas salivares que, al entrar en contacto con el aire, se solidifica formando un hilo continuo de fibroína recubierta de sericina. En 2 o 3 días produce un capullo con una hebra que mide entre 400 y 900 metros.
La cosecha del capullo se realiza a mano o con máquinas específicas. Los capullos se recogen cuando el gusaro ha terminado de tejerlos, generalmente tras unos 5 días de hilado. Es fundamental hacerlo antes de que la crisálida interior se convierta en un adulto y rompa el capullo, lo que destruiría la continuidad del hilo.
El siguiente paso es la destinación o desgranado. Los capullos se sumergen en agua caliente (alrededor de 85-90 °C) durante 15 a 30 minutos. El calor ablanda la sericina (la 'cola' que une las hebras) y permite separar los hilos individuales. Un solo capullo puede dar hasta 4 o 5 hebras de seda cruda.
En la etapa de hilatura, las hebras se unen en grupos de 6 a 8 para formar un hilo continuo que luego se retuerce ligeramente. Este proceso se realiza en maquinas de desenrollado (reelers) y puede hacerse de forma tradicional a mano o con maquinaria industrial. El resultado es la seda cruda o greige, un hilo fino, suave y brillante.
La deserización es un tratamiento posterior donde se elimina el exceso de sericina mediante baños con jabón suave. Este paso mejora el brillo, la suavidad y la absorbencia del tejido final, preparándolo para el teñido.
Finalmente, en el telar, el hilo de seda se traza en tela. Existen distintos tipos de tejido: satén (el más común, con brillo característico), twill, organza, crepé o chambraya. Después viene el teñido, el acabado (calandrado, apretado) y el control de calidad antes de llegar al consumidor.
Un solo gusano de seda produce un hilo continuo de entre 400 y 900 metros en 2-3 días.
Dato clave