El animal con tres corazones: anatomía asombrosa del pulpo
El pulpo, perteneciente al orden Octopoda dentro de los cefalópodos, es el ejemplo más conocido y citado del reino animal cuando hablamos de un organismo con tres corazones. Hay cientos de especies de pulpo repartidas por todos los océanos, y todas comparten exactamente esta misma estructura anatómica: dos corazones branquiales y un corazón sistémico, cada uno con una función perfectamente diferenciada dentro del sistema circulatorio.
A diferencia de nosotros, los seres humanos, que funcionamos con un único corazón de cuatro cámaras, el pulpo ha desarrollado una solución circulatoria completamente distinta, adaptada a su vida marina y a las condiciones extremas en las que prospera. Este sistema cerrado, exclusivo entre los moluscos, es lo que le permite mantener un flujo constante de oxígeno incluso en aguas profundas y frías donde otros animales simplemente no sobrevivirían.
Los dos corazones branquiales se sitúan a cada lado del cuerpo y tienen una misión muy concreta: bombear la sangre pobre en oxígeno desde los tejidos hacia las branquias. Es exactamente en esas branquias donde se produce el intercambio gaseoso, captando el oxígeno disuelto en el agua para oxigenar la sangre. Una vez allí, entra en escena el corazón sistémico, ubicado en la base del manto, muy cerca de la cabeza. Su trabajo es impulsar esa sangre ya oxigenada hacia todos los rincones del cuerpo, cerrando así un circuito completo y perfectamente coordinado.
Para que te hagas una idea visual de esta organización, la mayor parte del cuerpo del pulpo se concentra en lo que se conoce como cabeza, siendo el resto sus ocho brazos. Y es precisamente en esa zona cefálica donde se alojan los tres corazones, en estrecha relación con las branquias y con los órganos internos del manto.
Hay una peculiaridad fascinante que explica mucho del comportamiento del pulpo: cuando nada, su corazón sistémico principal se detiene temporalmente. Es decir, el motor central de su circulación deja de bombear mientras el animal se desplaza en el agua. Esa es una de las razones más claras por las que el pulpo prefiere arrastrarse por el fondo marino en lugar de nadar grandes distancias, un comportamiento coherente con su fisiología orientada a la caza sigilosa y a la exploración de cuevas y grietas buscando presas.
La razón profunda por la que el pulpo necesita tres corazones y no uno solo está directamente ligada a la composición de su sangre. Los vertebrados, incluidos nosotros, transportamos oxígeno mediante hemoglobina, una proteína rica en hierro que da a nuestra sangre ese color rojo característico. El pulpo, en cambio, utiliza hemocianina, una proteína que transporta oxígeno unida al cobre en lugar del hierro. Esa diferencia química hace que la sangre del pulpo sea de color azul, y no rojo.
La hemocianina resulta mucho más eficaz que la hemoglobina en condiciones de baja temperatura y bajo nivel de oxígeno, exactamente como ocurre en las aguas profundas y frías donde habitan muchas especies de pulpo. Esa eficiencia en ambientes hostiles representa una clara ventaja evolutiva. Sin embargo, tiene un coste: los pulpos son extremadamente sensibles a la acidificación del océano. Si el pH del agua baja demasiado, no logran hacer circular suficiente oxígeno, lo que convierte el cambio climático en una amenaza directa para su supervivencia.
El pulpo no está solo en esta anatomía de tres corazones. Comparte exactamente la misma estructura con sus parientes más cercanos dentro de los cefalópodos: la sepia (orden Sepiida) y el calamar (orden Teuthida / Decapodiformes). Los calamares, grandes nadadores de mar abierto, necesitan ese suministro constante de oxígeno para mantener velocidad y agilidad, y también usan hemocianina en su sangre. De hecho, los cefalópodos son los únicos moluscos con un sistema circulatorio cerrado.
A modo de referencia general en la clasificación de corazones del reino animal, los moluscos presentan un corazón de tres cámaras, frente al corazón bicameral de los peces o el de cuatro cámaras de mamíferos y aves. Esa progresión evolutiva explica por qué los cefalópodos necesitaron esos dos corazones branquiales auxiliares como complemento al corazón principal.
Para contextualizar lo extraordinario del pulpo, existen otros animales con más de un corazón. La lombriz de tierra posee cinco pares de arcos aórticos (diez en total) que funcionan como corazones análogos, distribuidos a lo largo de su cuerpo segmentado; no tienen pulmones y respiran difundiendo oxígeno a través de su piel húmeda. El mixino, un pez primitivo sin mandíbulas que vive en fondos de hasta 1.500 metros, tiene cuatro corazones: uno central de dos cámaras más tres accesorios (portal, cardinal y caudal). La cucaracha dispone de un tubo cardíaco con 13 cámaras alineadas en secuencia. Y al caballo se le atribuyen "cinco corazones" por su corazón principal más las pequeñas bombas de la rana y el cojín digital de cada pezuña.
“Cuando el pulpo nada, su corazón sistémico se detiene: por eso prefiere arrastrarse por el fondo.”
Dato clave