La siembra de duraznos es una tarea gratificante que requiere paciencia y comprensión de los ciclos naturales de la fruta. La forma más común y directa de obtener un duraznero nuevo es a partir de la semilla, aunque es importante recordar que esta planta es un híbrido natural y las semillas no garantizan una fruta idéntica a la madre. Para comenzar con éxito, se deben seleccionar duraznos de buena calidad, maduros y preferiblemente de variedades conocidas por su sabor. Tras extraer el hueso, se debe sacar la almendra interna, que es donde se encuentra la verdadera semilla. Un paso crítico es el proceso de estratificación en frío, ya que las semillas de durazno necesitan un período de frío húmedo para romper su estado de dormancia. Esto se logra envolviendo las semillas en una toalla de papel húmeda, colocándolas en una bolsa de plástico con cierre hermético y guardándolas en la sección de verduras del refrigerador durante un período que oscila entre los 60 y los 90 días. Durante este tiempo, es vital revisarlas periódicamente para asegurar que el papel no se seque completamente ni se pudra por exceso de humedad. Este proceso imita las condiciones invernales naturales y desencadena las enzimas necesarias para que la semilla esté lista para germinar cuando las temperaturas comiencen a subir.
Una vez finalizado el período de frío y observando que las semillas han germinado o muestran signos de brote, se procede a la siembra en tierra. El momento ideal es a finales de la primavera, cuando todas las amenazas de heladas han pasado, ya que los duraznos son sensibles al frío tardío. Se deben plantar en macetas grandes o directamente en el suelo, en un lugar que reciba al menos 6 a 8 horas de sol directo cada día. La tierra debe ser bien drenada, ligeramente ácida y rica en materia orgánica. Es fundamental no cubrir la semilla con demasiada tierra; una capa superficial de unos 2 a 3 centímetros es suficiente. El riego debe ser constante pero moderado, manteniendo el sustrato húmedo sin encharcarlo, ya que las raíces jóvenes son propensas a la pudrición si hay exceso de agua. A medida que la planta crece, se recomienda el uso de tutores para dar soporte al tallo y evitar que se doble bajo el peso propio o por el viento. La poda iniciará en su primer o segundo año, eliminando las ramas cruzadas, las que crecen hacia el interior y las que compiten directamente con la rama central, para favorecer una estructura en forma de copa abierta que permita la circulación del aire y la entrada de luz.
Sembrar un durazno desde la semilla es un proyecto a largo plazo que puede tardar de tres a cinco años antes de producir fruta cosechable. La clave reside en la paciencia durante la estratificación y en la gestión cuidadosa del riego y la exposición solar. Si se siguen estos pasos, se tendrá la satisfacción de ver crecer un árbol frutal único desde su origen más básico.