El Hospital Huoshenshan: la obra médica más rápida de la historia moderna
En enero de 2020, ante la rápida expansión del coronavirus SARS-CoV-2 en Wuhan, la ciudad más afectada de la provincia de Hubei, el gobierno chino tomó la decisión de construir un hospital de emergencia con una velocidad nunca antes vista. El proyecto elegido fue el Hospital Huoshenshan, nombrado en honor a la montaña Huoshenshan, situada en la frontera entre Hubei y Hunan, que en la mitología china está asociada al dios Heshen, protector contra las plagas. Esta elección no era casual: en 2003, durante la epidemia de SARS, se construyó el hospital Xiaotanse en Pekín con una finalidad similar.
La obra comenzó oficialmente el 23 de enero de 2020 y se inauguró el 1 de febrero de 2020, lo que sitúa el tiempo total de construcción en torno a los 9-10 días, aunque la estructura principal se levantó en aproximadamente 7 días, de ahí la célebre cifra que se popularizó mundialmente. Se movilizaron más de 7.000 trabajadores de la construcción, ingenieros, técnicos y personal logístico que trabajaron en turnos de 24 horas durante los siete días de la semana sin descanso.
La clave de esta velocidad radicaba en el sistema de construcción modular prefabricada. Los módulos del hospital, incluyendo salas de pacientes, pasillos, zonas de enfermería y salas de control, se fabricaron previamente en plantas industriales cercanas a Wuhan. Una vez en el terreno, los operarios solo tenían que ensamblar las unidades prefabricadas sobre una base de concreto ya preparada, similar a montar un enorme puzle industrial.
El hospital contaba con una capacidad inicial de 1.000 camas (de las cuales 500 estaban preparadas para la inauguración) y una superficie construida de aproximadamente 25.000 metros cuadrados. Su diseño replicaba el modelo del hospital Xiaotanse de 2003, con zonas de presión negativa para aislar a los pacientes con mayor contagiosidad.
El coste total de la obra se estimó en torno a 793 millones de yuanes (aproximadamente 114 millones de dólares estadounidenses), una cifra que, aunque elevada, fue considerada por las autoridades como una inversión justificable para contener la pandemia en su fase más crítica.
Mientras Huoshenshan se construía, China también levantó un segundo hospital gemelo: el Hospital Leishenshan, con capacidad similar y terminado unos días después. Juntos, estos dos centros de emergencia permitieron descomprimir los hospitales saturados de Wuhan y salvar la vida de miles de pacientes.
La construcción generó una cobertura mediática global sin precedentes. Miles de vídeos en redes sociales mostraban grúas, excavadoras y camiones trabajando de día y de noche bajo las luces de los focos, convirtiendo la obra en un fenómeno viral que simbolizó la capacidad de respuesta del Estado chino ante una crisis sanitaria.
Tras el pico de la pandemia, Huoshenshan fue desactivado progresivamente. En abril de 2020, con la reducción drástica de casos, el hospital cerró sus puertas de forma definitiva. Algunos módulos fueron reutilizados para otros fines sanitarios o logísticos en la región.
A día de hoy, Huoshenshan se mantiene como ejemplo paradigmático de cómo la ingeniería prefabricada, la planificación estatal y la movilización masiva de recursos pueden lograr hazañas logísticas extremas. Aunque el diseño modular ya se utilizaba en otros contextos (hospitales de campaña, refugios de desastre), la escala y velocidad de Wuhan no tienen precedente reciente en la historia de la arquitectura sanitaria.
El coste total fue de ~793 millones de yuanes (~114 M USD); el diseño replicó el hospital Xiaotanse del SARS de 2003.
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