Tras la firma del Acta de Independencia el 15 de septiembre de 1821, las provincias centroamericanas no se convirtieron inmediatamente en cinco estados soberanos e independientes como lo conocemos hoy. La primera gran decisión fue política y estratégica: unirse a México para formar los Estados Unidos Mexicanos. Esta anexión, efectiva desde 1822, buscaba proteger la fragilidad económica de las provincias frente a España y asegurar estabilidad mediante el poder central mexicano. Durante este breve período, Centroamérica participó como parte de una nación mayor, aunque las diferencias culturales, administrativas y las tensiones con el gobierno central en Ciudad de México fueron constantes. Cuando la anexión se disolvió por decreto en 1838, no se pasó directamente a la independencia individual, sino que nació la Primera República Federal de Centroamérica, también conocida como la República del Istmo, que abarcó de 1838 a 1841. Este proyecto federal intentó crear un gobierno central con capitales rotativas (San Salvador primero), pero fue extremadamente inestable debido a las luchas entre liberales y conservadores, las disputas por el territorio de Chiapas y la falta de consenso sobre cómo repartir el poder.
La disolución de la Primera República Federal en 1841 marcó el nacimiento definitivo de los estados actuales: Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y El Salvador. Sin embargo, la independencia no trajo paz inmediata ni prosperidad económica. La región quedó sumida en décadas de guerras civiles, caudillismos militares y conflictos fronterizos, especialmente entre Guatemala y el resto de las repúblicas. La economía se vio severamente afectada por el fin del comercio unificado con México y la imposición de aranceles internos, lo que fragmentó los mercados regionales. Además, la influencia extranjera, particularmente de Estados Unidos en el siglo XIX, comenzó a moldear la política interna bajo el pretexto de proteger inversiones y rutas comerciales, como la construcción del Canal de Panamá (aunque este último es posterior al periodo inmediato post-1821, su precedente de intervención imperialista ya se gestaba). La sociedad centroamericana quedó dividida entre una élite terrateniente conservadora y una incipiente burguesía liberal que buscaba reformas, creando una base inestable que dificultó el desarrollo institucional sólido durante todo el siglo XIX.
En resumen, el período posterior a 1821 fue una etapa de transición política compleja y violenta. La independencia inicial evolucionó hacia la anexión mexicana, luego el fallido experimento federal y finalmente la fragmentación en cinco repúblicas independientes pero inestables. Este legado histórico de división, conflictos internos y dependencia económica marcó profundamente la trayectoria moderna de Centroamérica.