Qué hicieron los Tudor: la transformación de Inglaterra en 118 años
Los Tudor fueron la dinastía real que gobernó Inglaterra y Gales desde 1485 hasta 1603, un periodo de apenas cinco monarcas que transformó radicalmente la sociedad inglesa. El origen de la dinastía se remonta a Enrique VII Tudor, que subió al trono tras vencer a Ricardo III en la Batalla de Bosworth Field en 1485, poniendo fin a la sangrienta Guerra de las Rosas. Su hijo, Enrique VIII, es quizás el Tudor más conocido por el gran público, aunque su legado va mucho más allá de sus seis matrimonios. Bajo el reinado de Enrique VIII, Inglaterra experimentó una ruptura monumental con Roma. En 1534, a través del Acta de Supremacía, el rey se proclamó Cabeza Suprema de la Iglesia de Inglaterra, fundando así la Iglesia anglicana. Esta decisión, motivada inicialmente por su deseo de anular su matrimonio con Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolyn, tuvo consecuencias geopolíticas y religiosas que resonaron durante siglos. La dilatación de los monasterios entre 1536 y 1541 fue otra de las acciones más impactantes. Se disolvieron más de 800 casas religiosas, se expropiaron sus tierras y sus bienes pasaron a manos de la Corona o de nobles leales. Esto no solo redistribuyó la riqueza del país, sino que debilitó una estructura social que llevaba siglos anclada en la vida inglesa. Durante el breve reinado de Edoardo VI (1547-1553), las reformas protestantes se aceleraron con la introducción del Libro de Común Oración de 1549, que estableció la liturgia en inglés en lugar de latín. Tras su muerte, Mariana I (1553-1558), conocida como "Mariana la Sanguinaria", intentó restaurar el catolicismo romano, lo que derivó en el martirio de unos 300 protestantes. El reinado de Isabel I (1558-1603) marcó la culminación de la era Tudor. Bajo su gobierno, Inglaterra alcanzó su apogeo como potencia naval y comercial. La derrota de la Armada Invencible española en 1588 consolidó el dominio inglés en los mares y abrió las puertas a una era de exploración y colonización. Su gobierno fomentó las artes, el teatro y la literatura, dando lugar a figuras como Shakespeare, Marlowe y Spenser. En el ámbito militar, los Tudor enfrentaron guerras contra Francia, Escocia y España. La conquista de Calais (último territorio francés en suelo galo) en 1558 por Mariana I cerró un ciclo de expansionismo. Sin embargo, fue bajo Isabel I cuando la marina inglesa, con figuras como Frazer Drake y Walter Raleigh, comenzó a desafiar el monopolio comercial español y portugués. En el plano económico, los Tudor impulsaron la enclosure (cercamiento de tierras), la expansión del comercio lanero y la creación de una clase mercantil emergente. La acuñación de moneda fue reformada varias veces, y se establecieron las primeras charter companies, como la Compañía de la India Oriental (1600), bajo Isabel I. La Era Tudor también supuso un renacimiento cultural sin precedentes en Inglaterra. La imprenta, introducida por William Caxton en 1476, se extendió enormemente bajo los Tudor. Se fundaron escuelas gramaticales, la Colegio de Eton y el Kyng's College de Cambridge fueron ampliados, y la lengua inglesa se consolidó como vehículo literario y administrativo. En resumen, los Tudor convirtieron a un reino medieval, fracturado por guerras civiles y subordinado a Roma, en un Estado-nación moderno con identidad religiosa propia, poder naval emergente, florecimiento cultural y ambiciones coloniales. Su legado arquitectónico (palacios como Hampton Court, Windsor y Greenwich), jurídico (reformas del Common Law) y religioso (anglicanismo) sigue vigente en el Reino Unido actual.
En 1534, Enrique VIII rompió con Roma y fundó la Iglesia de Inglaterra, una decisión que redefinió la identidad religiosa británica para siempre.
Dato clave