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cómo se fabrica el oro blanco, Cálice de fundición con aleación de oro blanco en estado líquido a alta temperatura
general ·#12575 ·Lectura 7 min. Redacción de respuesta: Editorial NexusCurioso.com

¿Cómo se fabrica el oro blanco?

Respuesta corta

La capa de rodio electrodepositada tiene solo 0,5-2 µm de espesor: equivale a ~1/50 de un cabello humano.

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Cómo se fabrica el oro blanco: del mineral a la joya

El oro blanco no es un elemento natural, sino una aleación que se obtiene combinando oro puro con otros metales para eliminar su característico tono amarillo. A diferencia del oro amarillo, que se deja prácticamente solo (con pequeñas cantidades de cobre y zinc), el oro blanco requiere la adición deliberada de metales blancos como níquel, paladio, plata o cromo para lograr ese aspecto plateado. La proporción más habitual en joyería es de 14 quilates (58,5 % de oro) o 18 quilates (75 % de oro), siendo el resto la mezcla de metales de aleación.


El proceso comienza en una fundición industrial donde se mezclan los metales en proporciones exactas. El oro se funde a unos 1.064 °C, pero al añadir níquel o paladio la temperatura de fusión de la mezcla puede subir ligeramente. Se emplean hornos de inducción con atmósfera inerte (argón o nitrógeno) para evitar la oxidación de los metales nobres. Una vez líquido, el baño metálico se vierte en moldes de grafito o cerámica para obtener barrenas o alambre, que son las formas base para el trabajo posterior.


La etapa siguiente es el trabajo en frío: las barrenas se laminan progresivamente entre rodillos de acero hasta alcanzar el grosor deseado (desde 0,2 mm para alfileres hasta 3 mm para anillos). También se puede tirar a la gubia para obtener alambre de diámetro uniforme. Este trabajo en frío endurece el metal, por lo que se intercalan ciclos de recocido (calentamiento a 600-700 °C y enfriamiento lento) para recuperar la ductilidad.


Una vez obtenido el material en la forma necesaria, el joyero o taller realiza el conformado: cortado, doblado, soldadura (con ligas de plata con alto punto de fusión o soldadura láser) y mecanizado en torno. En este punto la pieza ya tiene forma, pero su color es un grisáceo ligeramente amarillento, no el blanco brillante que se asocia al oro blanco.


Aquí entra el paso más característico y visual: el chapado de rodio. El rodio es un metal del grupo del platino, extremadamente raro, blanco, duro y resistente a la abrasión. Se deposita sobre la pieza mediante electrodepositación: la joya se sumerge en un baño electrolítico con solución de cloruro de rodio (RhCl₃) y se aplica una corriente eléctrica débil (1-3 A) durante 30-90 segundos, depositando una capa de entre 0,5 y 2 micras de espesor.


Tras el chapado, la pieza se somete a un cepillado o pulido final con pastas abrasivas finísimas (alúmina o diamante en suspensión) para eliminar microirregularidades y lograr el brillo espejo. Alguien podría pensar que el oro blanco es simplemente "plata dorada al revés", pero la diferencia fundamental es que la base es oro de ley, lo que le da mayor nobleza, resistencia a la corrosión y valor intrínseco.


Existe una variante más moderna y hipoalergénica: el oro blanco con paladio en lugar de níquel. El níquel, aunque eficaz para dar blancura, es uno de los alérgenos metálicos más comunes (afecta a un 10-15 % de la población). El paladio da un matiz ligeramente más cálido y no requiere chapado tan frecuente, pero encarece la aleación. Desde 2012 la Regulación REACH de la UE limita el uso de níquel en joyería que contacta con la piel, lo que ha impulsado el uso de paladio en Europa.


El mantenimiento es un punto clave: la capa de rodio se desgasta con el uso (dureza Mohs 6 vs. 2,5 del oro), por lo que se recomienda renovar el chapado cada 1-3 años en joyería. Sin esa capa, el oro blanco muestra su color natural grisáceo con matiz dorado. No es un defecto, es simplemente la aleación sin rodio.


En resumen, fabricar oro blanco es un proceso de metalurgia de precisión que combina fundición a alta temperatura, trabajo mecánico en frío, conformado artesanal y galvanoplastia. No es un truco óptico ni un baño superficial: la blancura viene de la propia composición de la aleación, y el rodio solo añade el último 10 % de brillo que todos reconocen.

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El oro blanco 18K con paladio es la opción hipoalergénica preferida en joyería europea desde la regulación REACH de 2012.

Dato clave
cómo se fabrica el oro blanco, Taller joyero realizando el chapado de rodio sobre una pieza de oro blanco
Imagen

Taller joyero realizando el chapado de rodio sobre una pieza de oro blanco

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Proceso de fabricación del oro blanco: aleación, trabajo en frío y chapado

La elección de la proporción de oro define tanto el precio como las propiedades mecánicas. A mayor quilataje, más blando y más caro; a menor quilataje, más duro y resistente a rayones, pero con menos valor de reventa. En joyería fina europea se usan mayoritariamente 18K y 9K, mientras que en EE. UU. domina el 14K por su equilibrio precio-resistencia.


La soldadura del oro blanco presenta un reto particular: las ligas de soldar deben ser de plata con aditivos que no descarten el color blanco final. Se emplean solders con punto de fusión inferior al de la aleación (típicamente 600-750 °C) para no fundir la pieza. La alternativa moderna es la soldadura láser, que permite uniones localizadas sin calentar la pieza completa, ideal para piezas con gemología incrustada.


El baño de rodio requiere un pretratamiento: desengrase en solución alcalina, decapado ácido suave y activación con ácido fluorhídrico diluido para eliminar óxidos. El espesor de rodio depositado se controla por amperaje y tiempo; capas superiores a 2 µm pueden agrietarse por tensión residual. Tras el chapado, un recocido suave a 400 °C alivia tensiones internas.


En cuanto a resistencia mecánica, el oro blanco de 18K con paladio alcanza una dureza Vickers de unos 120-150 HV, similar a la plata esterlina, mientras que el oro amarillo 18K ronda 90-110 HV. El rodio aporta una capa superficial de 600-700 HV, que es la que resiste el uso diario.


Un dato práctico: el peso específico del oro blanco 18K con paladio es de unos 15,5 g/cm³, frente a los 19,3 g/cm³ del oro puro. Esto lo hace más ligero que el oro amarillo de igual quilataje (que ronda 16-17 g/cm³), una diferencia perceptible en piezas grandes como anillos de boda.


Desde el punto de vista ambiental y de reciclaje, el oro blanco se recicla con la misma eficiencia que cualquier otra aleación de oro: se disuelve en agua regia (mezcla de HCl y HNO₃) y se recupera el oro por cementación o electrodepositación. El rodio, al ser extremadamente escaso (~0,001 ppm en corteza terrestre), tiene un valor de recuperación muy alto y se reutiliza casi al 100 %.


En definitiva, el oro blanco es un producto de ingeniería de aleaciones perfeccionado durante más de un siglo. Su fabricación no tiene nada de místico: es metalurgia aplicada con tolerancias de composiciones medidas en décimas de porcentaje y procesos de superficie controlados al micrón. La próxima vez que mires un anillo o reloj de oro blanco, estarás viendo al menos cuatro o cinco metales trabajando juntos.

Conclusión:

¿cómo se fabrica el oro blanco?

El oro blanco es el resultado de un proceso metalúrgico de varios pasos: aleación con metales blancos, fundición, trabajo en frío, conformado y, finalmente, chapado de rodio para el acabado brillante. No es un metal nuevo ni una invención reciente; es oro real modificado por ingeniería de aleaciones desde principios del siglo XX. Si tu pieza pierde brillo con el tiempo, no se ha arruinado: solo necesita un repaso de rodio en cualquier joyería autorizada.

Fuentes: Instituto Geológico Minero (IGN), Asociación Española de Joyeros, Norma UNE-EN 1031 para aleaciones de joyería, Reglamentación REACH (UE) 2012. —
Redacción: editorial NexusCurioso.com
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