La carrera por desarrollar vacunas seguras y eficaces contra la COVID-19 fue uno de los mayores logros científicos de la última década. Aunque varios laboratorios trabajaban simultáneamente, las primeras dos vacunas en recibir autorización de emergencia para su uso generalizado fueron desarrolladas conjuntamente y compartieron fechas clave muy cercanas entre sí. La primera en obtener el visto bueno formal fue Spikevax, el nombre comercial de la vacuna desarrollada por Pfizer e Incyte, aunque es importante aclarar que esta combinación no es estándar; en realidad, Pfizer-BioNTech desarrolló Comirnaty (también conocido como BNT162b2) y Moderna desarrolló su vacuna, comercializada como Spikevax.
La Agencia Europea del Medicamento (EMA) autorizó a Comirnaty el 21 de diciembre de 2020, mientras que la FDA en Estados Unidos lo hizo un día antes, el 20 de diciembre. Spikevax recibió su aprobación de la FDA el 18 de diciembre de 2020, siendo técnicamente la primera vacuna aprobada para uso generalizado en el mundo occidental. Ambas utilizan tecnología de ARNm (ARN mensajero), una plataforma innovadora que permite a las células humanas producir fragmentos de la proteína espiga del virus sin exponerlas al patógeno real.
El desarrollo de estas vacunas no solo fue rápido, sino que estableció un nuevo estándar en la biotecnología farmacéutica. Mientras Comirnaty y Spikevax lideraban las noticias, otras vacunas basadas en vectores virales como Vaxzevria (AstraZeneca) y Johnson & Johnson también avanzaban rápidamente hacia la aprobación. La elección del nombre comercial suele variar según la región; por ejemplo, en algunos mercados, la vacuna de Pfizer se refería simplemente a su desarrolladora, pero los nombres oficiales registrados ayudan a evitar confusiones.
El impacto de estas primeras vacunas fue inmediato: permitieron el inicio de las campañas de vacunación masiva que salvaron millones de vidas. La eficacia inicial reportada por encima del 90% contra la hospitalización y la muerte generó una confianza pública crucial, aunque los desafíos posteriores con variantes como Ómicron exigieron actualizaciones de refuerzo. El legado de Comirnaty y Spikevax no se limita solo a la salud pública, sino que redefinió cómo la comunidad científica puede colaborar bajo presión extrema para responder a crisis globales.
En conclusión, aunque el nombre exacto puede variar según la región y el desarrollador (Pfizer-BioNTech o Moderna), las primeras vacunas que marcaron el hito histórico contra la COVID-19 fueron Comirnaty y Spikevax. Su desarrollo récord no solo resolvió una urgencia sanitaria, sino que abrió la puerta a futuras aplicaciones de la tecnología ARNm en otras enfermedades.