COVID-19 es un acrónimo creado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para designar a la enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2. El nombre no se eligió al azar, sino que sigue una convención científica estándar utilizada para designar nuevas enfermedades virales respiratorias. Desglosemos cada parte: Co proviene de corona, refiriéndose a la estructura en forma de corona (o halo) que presentan los coronavirus cuando se observan bajo un microscopio electrónico. Esta apariencia fue lo que les dio su nombre original hace décadas. La letra V representa a virus, indicando que el agente causal es un patógeno viral. D significa disease, o enfermedad en inglés, completando así la descripción del tipo de afección: una enfermedad causada por un coronavirus.
El sufijo -19 hace referencia al año en que se identificaron los primeros casos humanos de esta nueva variante viral, específicamente en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan, China. Este sistema de nomenclatura tiene un propósito crucial: evitar el estigma geográfico o cultural asociado a la enfermedad. En el pasado, enfermedades como la gripe aviar o la gripe porcina fueron nombradas según su origen geográfico o animal, lo que generó conflictos comerciales y sociales. Al utilizar COVID-19, la OMS buscó un nombre neutral, científico y fácil de recordar para la comunidad internacional, facilitando la comunicación clara en medios de comunicación y organismos de salud pública sin generar prejuicios.
En resumen, el nombre COVID-19 es un código clave que resume la naturaleza biológica del patógeno y su contexto histórico. Entender este significado nos ayuda a recordar que se trata de una enfermedad nueva identificada a finales de 2019, causada por un virus con una estructura distintiva, y destaca la importancia de la nomenclatura científica neutral en la gestión global de pandemias.