Cómo se fabrica una zambomba tradicional española
La zambomba, también conocida como albóndiga, cencerro o zampona, es un instrumento de percusión tradicional de la península ibérica, especialmente arraigado en las fiestas navideñas de Madrid, Extremadura, Andalucía y el norte de África. Su fabricación es un proceso artesanal que puede durar más de un año, ya que la pieza central requiere un secado lento y cuidadoso para alcanzar la durabilidad y el timbre adecuados.
Todo comienza con el cultivo de una calabaza específica, generalmente de la especie Lagenaria sphaerica (también llamada calabazana o calabaza de la Candelaria). El cultivador siembra la semilla en primavera y deja que la planta crezca a pleno sol. A diferencia de las calabazas de consumo, estas se dejan madurar completamente sobre la planta hasta que la piel se endurece y adopta un tono parduzco, lo que suele ocurrir entre septiembre y octubre.
Una vez cosechada, la calabaza entra en la fase más larga: el secado. Se coloca en un lugar ventilado, seco y protegido de la lluvia durante entre seis meses y un año completo. Durante este periodo, la humedad interna se evapora lentamente, las paredes se vuelven rígidas y ligeras, y el sonido que produce al golpearla pasa de ser sordo a un chisporroteo claro y resonante. Si se seca demasiado rápido (al sol directo o con calor artificial), la calabaza se agrieta y se estropea.
Tras el secado, se procede al cepillado y lijado exterior. Con papel de lija de grano fino (entre 120 y 220) se elimina la pelusa residual y se alisa la superficie hasta lograr un acabado mate y uniforme. Algunos artesanos aplican una capa fina de cera de abeja o aceite de linseed para proteger la superficie y realzar el color natural, que va del crema al ámbar oscuro.
El siguiente paso es realizar la abertura superior. Con un cúter, una sierra de calar fina o un mandril de madera, se practica un orificio circular de entre 2 y 3 centímetros de diámetro en la parte superior (el «ombligo» opuesto al tallo). El borde se alista con lija para evitar astillas. Este hueco será por donde se introduce el mecanismo interno.
El componente clave es el candil: una vara o varilla de madera (normalmente de corcho, olivo o un árbol ligero) de unos 20 a 30 cm de longitud y 1 a 1,5 cm de grosor, con una punta redondeada. En el extremo inferior se ata un cordel resistente (algodón trenzado, sisal o hilo de nailon grueso). Al otro extremo del cordel se atan entre 10 y 12 cuentas metálicas (también llamadas arandelas, aros o canicas de hierro), que serán las que, al girar el candil dentro de la calabaza, golpearán las paredes interiores produciendo el característico ruido metálico-rítmico.
Las cuentas metálicas se fabrican tradicionalmente a partir de arandelas de latón o hierro galvanizado, aunque también se han usado canicas metálicas, tuercas pequeñas o incluso monedas antiguas. El número y el tamaño determinan el volumen: más cuentas o cuentas más grandes producen un sonido más potente. Se distribuyen de forma equidistante a lo largo del cordel para que, al girar, no choquen entre sí y cada una golpee la pared en un momento distinto, creando un patrón rítmico continuo.
Una vez ensamblado el candil con sus cuentas, se introduce por la abertura superior de la calabaza. La vara debe girar libremente sin rozar las paredes. Se cierra parcialmente el orificio con un tapón de madera o corcho que permita el paso de la punta del candil, de modo que este quede retenido pero pueda rotar. Algunos fabricantes dejan la punta asomando para facilitar el agarre con los dedos.
El ensamblaje final incluye a veces una base o pie de madera (una peana circular) para que la zambomba se apoye estable sobre el suelo o una mesa, y en ocasiones decoraciones: una pequeña cinta de colores, un lazo o una etiqueta con el nombre del artesano. La zambomba terminada pesa entre 150 y 400 gramos según su tamaño, que oscila entre los 8 y los 25 cm de diámetro.
Una zambomba tradicional lleva entre 10 y 12 cuentas metálicas (arandelas) atadas a un cordel que gira dentro de la calabaza.
Dato clave