Cómo plantar incienso paso a paso
Antes de poner manos a la tierra conviene despejar un malentendido muy habitual: lo que en el vivero te venden como «planta del incienso» no tiene nada que ver con la resina sagrada que arde en una catedral. El incienso litúrgico sale de árboles del género Boswellia, sobre todo Boswellia sacra, que crecen en Omán, Yemen, Somalia y Etiopía, y jamás se cultivan en una maceta de balcón. Lo que sí cultivas es un Plectranthus, una labiada rastrera y colgante originaria del sur de África, y el aroma que desprende al rozar las hojas es un mentol con fondo de alcanfor, medicinal y penetrante, sin parentesco con la resina dulzona del incensario.
La etiqueta suele decir Plectranthus coleoides, pero los botánicos llevan décadas corrigiendo ese nombre. En la práctica lo que llega a tu casa es Plectranthus forsteri (cultivar 'Marginatus') o Plectranthus madagascariensis 'Variegated Mintleaf'. También aparece como planta del incienso sueca, falsa o de coleo. Pertenece a la familia Lamiaceae, la misma de la menta, el romero y la salvia, y eso explica su tallo cuadrado, las hojas enfrentadas de dos en dos y los aceites esenciales que guardan sus glándulas foliares.
Es una perenne de crecimiento rápido: tallos carnosos que se levantan y enseguida se vencen. En maceta mide 30 o 40 centímetros con caídas de medio metro; en suelo cubre más de un metro cuadrado. Hojas grandes, redondeadas, dentadas, aterciopeladas, verde brillante con borde blanco crema. Florece en espigas pequeñas, blancas o lila muy pálido, a finales de verano y en otoño. Es mejor cortar esas espigas en cuanto asoman, porque la planta gasta energía que luego se nota en un follaje más flaco.
La época idónea para plantar incienso es la primavera, y la vía más eficiente son los esquejes. De primavera a comienzos de otoño se cortan puntas de 8 a 10 centímetros por debajo de un nudo, se deshoja la mitad inferior y se entierra en sustrato mezclado con perlita, apenas húmedo. En dos o tres semanas ha enraizado. También arraiga en un vaso de agua, pero las raíces acuáticas son frágiles: trasplanta cuando midan uno o dos centímetros, no cuando formen una maraña. No necesitas hormona de enraizamiento. Meter tres o cuatro esquejes en la misma maceta te da una mata tupida mucho antes.
Procedimiento para esquejar paso a paso:
- Elige una planta madre sana, vigorosa, sin plagas y con crecimiento exuberante.
- Con tijera de podar o cuchillo limpio corta un tallo joven de 10-15 centímetros, no leñoso, con varias hojas sanas.
- Retira las hojas inferiores dejando solo unas pocas arriba para reducir la pérdida de humedad.
- Prepara un recipiente con turba y perlita (o vermiculita), humedecido antes de usar.
- Abrasa un agujero central con un lápiz y entierra el extremo del tallo; al menos dos nudos deben quedar bajo el sustrato.
- Presiona suavemente alrededor para fijar el contacto tallo-sustrato.
- Coloca el recipiente en un lugar cálido, con luz abundante, sin sol directo intenso.
- Mantén el medio ligeramente húmedo rociando con pulverizador, sin empapar.
En el jardín, prepara la tierra limpiando malas hierbas y restos de cultivos previos. Humedece antes de sembrar y esparce turba con humus de lombriz o una capa de 5 centímetros de estiércol. Los esquejes van a 5 centímetros de profundidad, la tierra al ras, y si son plántulas cubres las raíces hasta donde arranca el tallo. En exteriores deja 15 a 30 centímetros entre cada planta.
La ubicación ideal combina claridad abundante con poco sol de mediodía: un balcón a levante, el borde de un porche o una ventana muy iluminada sin exposición cenital. Entre 4 y 6 horas de luz al día, con algo de sombra al caer la tarde. Con exceso de sol de julio las hojas pierden verde, aparecen manchas secas pardas y las zonas blancas del borde se queman primero. Con falta de luz los entrenudos se estiran, quedan tallos desnudos con hojas pequeñas y el jaspeado blanco casi desaparece. Ese estiramiento no se corrige moviendo la planta: hay que podar y dejar rebrotar en buena luz.
El frío es lo que decide su hábitat. Temperatura ideal 15 a 21 ºC; por debajo de 10 ºC se detiene; por debajo de 5 ºC ennegrece las puntas y una helada, aunque sea breve, deshace los tallos dejándolos translúcidos y blandos, sin recuperación. En litoral mediterráneo, sur de Andalucía y Canarias vive fuera todo el año. En la meseta, el Ebro o la cornisa cantábrica trátala como planta de terraza en verano e interior en invierno, o da por anual y vuelve a partir de esquejes cada primavera. Meterla en casa a finales de octubre, antes de la primera helada real, marca la diferencia entre conservarla años o perderla cada noviembre.
“Nunca dejes agua en el plato: las raíces finas se asfixian y Phytophthora remata la planta”
Dato clave