Cómo hacer el punto escapulario a mano paso a paso
El punto escapulario es una de las puntadas más versátiles y útiles que puedes dominar en costura y sastrería artesanal. Se trata de una puntada fuerte y flexible que se aplica en bajos, ruedos y dobladillos, y que también cumple una función clave al fijar entretelas recias que no son de pegar. Su gran virtud está en la capacidad de estiramiento: al cruzarse las puntadas en diagonal, el hilo acompaña el movimiento del tejido sin saltar ni romperse, lo que la convierte en la técnica ideal para telas de punto, tejidos con elastán, lycra, jersey y poliéster, es decir, todo ese género de ropa que cede al ponerse y al quitarse.
En el taller se la conoce también como punto de espina, punto cruzado, pata de gallo, gaviado, puntada bruja, puntada de enganche o «puntada de dobladillo de sastre». Esa multiplicidad de nombres genera confusión cuando buscas tutoriales, pero todas esas denominaciones describen la misma técnica: un zigzag de puntadas diagonales que se cruzan entre dos líneas paralelas, una sobre el pliegue del dobladillo y otra justo por encima, en la tela principal. Saber esto te ahorra horas de búsqueda infructuosa.
El efecto visual es doble y muy interesante. En el anverso o derecho de la tela el resultado son puntadas diminutas, casi invisibles a simple vista. En el interior o revés de la prenda aparece un patrón diagonal ordenado y superpuesto, con equis sucesivas a lo largo del borde. Ese cruce en X es precisamente lo que le da elasticidad al bajo: el tejido cede sin que el hilo salte ni se rompa. Es una solución elegante para prendas que van a estar en constante movimiento.
Antes de empezar conviene preparar bien la pieza. Se dobla el borde de la tela formando el dobladillo y se plancha con cuidado. Si la tela no mantiene bien su forma, se hilvana o se sujeta con alfileres para que no se desplace mientras coses. Para que el punto apenas se vea desde el derecho, se recomienda un hilo fino del mismo color que la tela y una aguja pequeña de punta fina. La regla de oro es que el hilo debe ser discreto: si lo eliges grueso o de otro tono, arruinarás el acabado invisible que buscas.
El punto se trabaja de izquierda a derecha, con la aguja apuntando hacia la izquierda. Es decir, la aguja se mueve en dirección contraria al avance general del dobladillo. Las costureras diestras avanzan por la tela de izquierda a derecha, pero dirigen la aguja de derecha a izquierda en cada puntada individual. Ese movimiento contraintuitivo es lo que crea el característico aspecto de espiga cruzada en el revés, y al principio puede resultar incómodo hasta que la mano se acostumbra.
El paso a paso es sencillo una vez que lo has practicado un par de veces:
- Paso 1: Enhebra la aguja, haz un nudo y fija el hilo por el revés de la labor. Pasa la aguja a través del dobladillo doblado de modo que el nudo quede escondido dentro del doblez, para que el arranque no se aprecie por el derecho.
- Paso 2: Clava la aguja en paralelo al borde inferior de la tela y da una pequeña puntada horizontal en la orilla del dobladillo, tirando del hilo con suavidad. El orden exacto (prenda primero o dobladillo primero) es indiferente mientras respetes la alternancia.
- Paso 3: Desplaza la aguja a la capa inferior (la tela principal) y, avanzando unos 6 mm hacia la derecha, realiza otra pequeña puntada de derecha a izquierda, de manera que ambas queden cruzadas formando una X.
- Paso 4: Alternar las puntadas siguiendo el dibujo en zigzag: un punto en la tela, otro en el doblez, y así sucesivamente, manteniendo las puntadas lo suficientemente sueltas para que el hilo acompañe el estiramiento del tejido.
Un detalle clave para que el acabado sea discreto: no tomes más de uno a tres hilos del tejido principal en cada puntada por encima del doblez. En cambio, puedes coger más hilos del pliegue del dobladillo, ya que ese lado no será visible y ofrece más sujeción. Tampoco conviene tirar demasiado del hilo, porque eso encogería el tejido y frunciría el bajo.
La buena noticia es que la estructura en zigzag hace que sea difícil apretar demasiado la puntada, por lo que es menos probable que se formen pliegues a lo largo del dobladillo. Esa es una de las razones por las que muchos sastres prefieren esta técnica para prendas terminadas totalmente a mano: el margen de error es más amplio que en un punto corrido clásico.
Para dejar el escapulario limpio en las esquinas, se hacen dos puntos al otro lado de la esquina de la línea y se continúa como antes. La versión invisible se trabaja igual, pero volteando el dobladillo en dirección contraria a quien cose, de modo que la puntada queda completamente escondida entre la prenda y el dobladillo, sin asomar ningún hilo por el derecho.
Entre sus aplicaciones más habituales están: el remate de bajos de pantalones, faldas y jerséis de lana; el cosido de dobladillos en telas gruesas; la fijación de entretelas recias de crin; y el hilvanado de un punto plano por encima del orillo vivo. Y algo muy práctico: con este punto no hace falta sobrehilar previamente el tejido, lo que simplifica notablemente la labor y ahorra tiempo.
“Nunca tomes más de 3 hilos del tejido principal por encima del doblez; así el punto queda invisible desde el derecho.”
Dato clave