La leyenda fundacional del Imperio Inca narra que Manco Capac, su esposa Mama Ocllo y sus hermanos, entre ellos Ayar Uchu y Ayar Auca, emergieron del lago Titicaca o de la cueva de Canchacuy para poblar las tierras altas del actual Perú. Aunque Manco Capac asumió el liderazgo como primer Sapa Inca, sus hermanos acompañaron el exodo hacia el valle de Cusco. La pregunta por su destino final es objeto de debate entre historiadores y mitólogos, ya que los textos coloniales a menudo mezclan la tradición oral con interpretaciones posteriores.
Según las crónicas clásicas como las de Gabriel de Rojas o el Huascarán, Ayar Uchu y Ayar Auca murieron durante el camino antes de llegar a Cusco. Se dice que Ayar Uchu fue enterrado en un lugar cercano al lago, mientras que Ayar Auca falleció más adelante, posiblemente por enfermedad o fatiga. Sin embargo, otras versiones sugieren que sobrevivieron y se integraron en la sociedad incaica como linajes importantes, aunque perdieron el poder político frente a la línea directa de Manco Capac. Su muerte simbólica también representa el sacrificio necesario para consolidar la monarquía y la unidad del pueblo inca.
En conclusión, aunque la historia oficial destaca a Manco Capac como el único fundador legítimo, el papel de Ayar Uchu y Ayar Auca es fundamental para entender la estructura social y mítica del origen inca. Sus destinos, ya sea trágicos o integradores, refuerzan la narrativa de sacrificio y unidad que sostenía al Tahuantinsuyo.