Lo que hicieron los romanos en Cartago: destrucción y renacimiento
La relación entre Roma y Cartago es una de las más determinantes de la Antigüedad clásica. Tras tres guerras púnicas que duraron más de un siglo (264-146 a.C.), Roma impuso su dominio absoluto sobre el norte de África. El clímax llegó durante la Tercera Guerra Púnica (149-146 a.C.), cuando el cónsul Lucio Emilio Paulo y posteriormente Escipión Emiliano sitieron la ciudad durante varios meses hasta someterla por completo. La destrucción de Cartago en 146 a.C. fue total y deliberada. Las fuentes antiguas, entre ellas Apiano de Alejandría y Lucio Aneo Floro, describen cómo las tropas romanas incendiaron la ciudad durante diez días y diez noches, derribaron las murallas con demoliciones sistemáticas y arrasaron los templos, el foro y los edificios públicos. La población superviviente, estimada en decenas de miles, fue reducida a esclavitud o ejecutada. El Senado romano ordenó que el suelo donde se levantaba la ciudad fuera marcado con una maldición y que se prohibiera reconstruir asentamientos en ese lugar. La leyenda popular afirma que los romanos esparcieron sal sobre las tierras cartaginesas para hacerlas estériles. Sin embargo, la mayoría de historiadores modernos, como Adrian Goldsworthy o Harry Sidebottom, señalan que esta imagen es probablemente una metáfora posterior o una exageración literaria, ya que la sal era extremadamente costosa en la Antigüedad y no hay evidencia arqueológica que lo confirme. Lo que sí es cierto es que el Senado decretó una prohibición de reconstrucción en el emplazamiento exacto. Tras la destrucción, Roma organizó el territorio como la provincia de Africa Proconsularis, con capital inicial en Utica y luego en Cirta. La provincia se convirtió en uno de los graneros más productivos del Imperio, exportando enormes cantidades de grano a través del annona imperial. El sistema de drenaje y canales romanos permitió explotar intensivamente las tierras fértiles de la meseta tunecina. La reconstrucción de Cartago comenzó de forma oficial bajo Julio César, quien en 46 a.C. planificó levantar una nueva ciudad en el mismo emplazamiento. Sin embargo, su asesinato en 44 a.C. impidió la realización del proyecto. Fue Augusto, en torno al 29 a.C., quien completó la fundación de la Colonia Iulia Concordia Carthago, otorgándole estatus de colonia romana de primera categoría. La nueva Cartago romana no fue una ciudad de segunda categoría: Augusto la diseñó como un símbolo de reconciliación entre Roma y África, de ahí el nombre Concordia. Se construyeron un foro monumental, un anfiteatro con capacidad para unos 15.000 espectadores, termas públicas de gran envergadura, un templo a Juno y un sistema de acueductos que surtía de agua a más de 300.000 habitantes. Durante los siglos II y III d.C., Cartago se convirtió en la segunda ciudad del Mediterráneo occidental, solo por detrás de Roma misma en influencia cultural. Su escuela literaria produjo autores como Apuleyo (autor de Las metamorfosis o El asno de oro), y su comunidad cristiana, liderada por figuras como San Cipriano (obispo s. III) y posteriormente San Agustín de Hipona, se convirtió en uno de los centros teológicos más importantes del cristianismo primitivo. La ciudad resistió el asedio vándalo de 439 d.C., cuando Genserico la tomó tras meses de ataque por mar. Aunque no fue destruida como la Cartago púnica, este evento marcó el inicio del declive romano en la zona. En 533 d.C., las tropas bizantinas de Belisario la recuperaron, pero la ciudad nunca volvió a su esplendor anterior y fue gradualmente abandonada en favor de otras localidades costeras.
La nueva Cartago romana llegó a albergar más de 300.000 habitantes y fue la segunda ciudad del Mediterráneo occidental en influencia cultural y económica.
Dato clave