Qué hicieron los romanos para conocer los cuerpos celestes
Los romanos abordaron el estudio de los cuerpos celestes con una mentalidad fundamentalmente práctica y utilitaria, muy distinta a la especulación teórica griega. No buscaron tanto explicar el "porqué" del movimiento de los astros como determinar el "cuándo" y el "dónde": cuándo sembrar, cuándo zarpar, cuándo era propicio un combate. Esta orientación práctica no significaba ignorancia, sino una aplicación rigurosa de conocimientos astronómicos heredados principalmente de los griegos.
La base de su conocimiento provenía de Hiparco de Nissa y, más tarde, de Claudio Ptolomeo, cuyo Almagesto (siglo II d.C.) se convirtió en la referencia principal del mundo romano. Los romanos traducían, copiaban y adaptaban los catálogos estelares griegos, manteniendo las constelaciones y las posiciones relativas de las estrellas fijas. El astrónomo romano Marco Vitrubio describió en su obra De Architectura instrumentos para medir la altura de los astros sobre el horizonte, esenciales tanto para la navegación como para la arquitectura orientada.
Uno de los logros más significativos fue la reforma del calendario. En el 46 a.C., Julio César, asesorado por el astrónomo egipcio Sófilo de Alejandría, implantó el calendario juliano, que fijaba el año solar en 365,25 días con un sistema de años bisiestos. Este calendario alineaba el ciclo civil con las estaciones, permitiendo predecir solsticios y equinoccios con precisión suficiente para la agricultura y la planificación militar.
En cuanto a instrumentos de observación, los romanos emplearon:
| Instrumento | Función |
|---|---|
| Reloj de sol (solarium) | Medición del tiempo solar y latitud |
| Astrolabio | Localización de estrellas y planetas |
| Groma y dioptra | Medición de ángulos celestes y terrestres |
| Quadrante | Determinación de la altura de un astro |
La observación directa a simple vista seguía siendo la principal herramienta. Desde el Capitolio, desde torres y miradores construidos en ciudades, los astrónomos y los haruspices y augures observaban el cielo nocturno, los cometas, las lluvias de meteoros y los eclipses. Plinio el Viejo, en su Naturalis Historia (libros II y XVIII), dedicó amplios pasajes a describir la esfera celeste, los movimientos planetarios, los eclipses y la naturaleza de las estrellas, mezclando datos astronómicos con tradiciones míticas.
Los romanos también construyeron templos y edificios dedicados a cuerpos celestes: el Templo de Sol Invictus, el Templo de Cástor y Pólux (asociados a las estrellas gemelas), el Templo de Venus Genetrix. En sus frontones y relevos se representaban constelaciones, la esfera armónica y los signos zodiacales, funcionando como mapas celestes en piedra accesibles al ciudadano común.
La astrología jugó un papel enorme en la vida romana. Desde el Senado hasta los ejércitos, se consultaban efemérides y cartas astrales. Esto incentivó la observación sistemática de los planetas (los cinco visibles a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) y su posición relativa respecto a las constelaciones. Autores como Marciano Capelo, Macrobio y Manilio (con su poema De Astronomica) documentaron estas prácticas.
Existen referencias literarias a observatorios romanos, aunque no se ha encontrado una estructura arqueológica inequívoca comparable al de Ptolemaico. Se menciona un observatorio en el monte Albano y otro vinculado a Nerón. Lo más probable es que la observación se realizara desde torres de vigía, atrios elevados y templos con techos removibles, especialmente en Roma, Pompeya y las provincias del norte.
En resumen, los romanos no inventaron la astronomía occidental, pero la institucionalizaron, la difundieron y la aplicaron con eficacia práctica. Su legado es el sistema de coordenadas celestes que aún usamos (ascensión recta y declinación se basan en el ecuador y el solsticio definidos por la tradición greco-romana), el calendario que usamos hasta 1582, y una cultura de observación del cielo que preparó el terreno para la astronomía medieval.
Los romanos no construyeron telescopios, pero empleaban astrolabios, cuadrantes, gromas y lentes de aumento para medir la posición y el brillo de los astros con precisión de un grado angular.
Dato clave