Qué hicieron los Kamikazes en la Segunda Guerra Mundial
El término kamikaze (神風) significa literalmente "viento divino" o "viento de los dioses", y hace referencia a los tifones que en los años 1274 y 1281 destruyeron las flotas mongolas que intentaban invadir Japón. Durante la Segunda Guerra Mundial, este nombre fue adoptado por el Imperio del Japón para designar a sus esquadrones de ataque especial (tokkō tai), unidades militares compuestas por pilotos y tripulantes que tenían como misión deliberada estrellar su aeronave contra objetivos enemigos, principalmente buques de la flota aliada en el Teatro del Pacífico. Los ataques kamikaze se iniciaron formalmente el 25 de octubre de 1944, durante la batalla del golfo de Leyte, en las Filipinas. En esa primera oleada, unos 350 aviones japoneses se lanzaron contra la flota de asalto anfibia estadounidense. El resultado fue devastador: tres cruceros fueron hundidos y otros 25 buques resultaron dañados. A partir de ese momento, los kamikazes se convirtieron en una amenaza constante para las fuerzas aliadas. El objetivo principal de estas unidades era neutralizar la superioridad naval y aérea estadounidense. Japón, agotado por años de guerra y con recursos cada vez más limitados, veía en el ataque suicida una forma de compensar su desventaja tecnológica. Un solo avión kamikaze, al colisionar con un buque, podía causar daños equivalentes a los de una bomba convencional, pero sin necesidad de que el piloto regresara, lo que reducía los requisitos de infraestructura y entrenamiento. Las operaciones se intensificaron durante las batallas de Iwo Jima (febrero-marzo de 1945) y, sobre todo, Okinawa (abril-junio de 1945). En Okinawa, los japoneses desplegaron más de 4.000 aeronaves kamikaze en múltiples oleadas coordinadas. Solo en la primera semana de la batalla se lanzaron más de 300 aviones en un día. El total de buques aliados hundidos o dañados por ataques kamikaze a lo largo de la guerra superó los 300, con decenas de miles de bajas entre los soldados norteamericanos y sus aliados. No se trataba únicamente de pilotos de caza. El Japão desarrolló múltiples variantes de ataque especial: el kaiten (torpedos tripulados o "human torpedoes"), el kyūjō (barcos suicidas modificados con carga explosiva), los midget submarines con carga de fondo, e incluso bomberos humanos (jinmei) que abordaban buques enemigos con cargas explosivas. En la batalla de Okinawa, tres kaiten hundieron el destructor USS Haly y dañaron gravemente otros buques. La selección de los pilotos kamikaze se realizaba entre cadetes de vuelo de la Academia Naval y Aérea Imperial, así como entre oficiales regulares. El entrenamiento era limitado: muchos pilotos recibían apenas 15 a 20 horas de vuelo antes de su "misión final", lo que explica la elevada tasa de fallos. No todos los ataques fueron exitosos; muchos aviones se desviaban, se perdían en el mar o eran interceptados por la caza aliada. Se estima que solo alrededor del 15-20% de las misiones logró impacto directo. Desde el punto de vista militar, los kamikazes no lograron cambiar el resultado de la guerra, pero causaron un impacto psicológico enorme en las tropas aliadas y obligaron a rediseñar las formaciones navales, aumentando el escolta de caza y la dispersión de buques. La doctrina aliada pasó a mantener una capa de interceptores a cientos de kilómetros de la flota para derribar los aviones kamikaze antes de que alcanzaran su objetivo. Tras la rendición japonesa en agosto de 1945, el programa de ataques especiales fue disuelto. El total de aeronaves empleadas en misiones kamikaze durante toda la guerra se estima en torno a las 6.500 a 7.000, con un coste humano para el bando japonés de unos 4.800 pilotos y tripulantes muertos. El legado de los kamikazes es complejo y controversial. Para Japón, representaron el último esfuerzo desesperado de una nación en declive; para los aliados, fueron una táctica desproporcionada que elevó innecesariamente las bajas propias. En la cultura popular posterior, la palabra "kamikaze" se ha usado como sinónimo genérico de ataque suicida, aunque su contexto histórico específico pertenece a un momento muy concreto de la historia militar del siglo XX.
Solo en la batalla de Okinawa (abril-junio 1945) se lanzaron más de 4.000 aviones kamikaze contra la flota aliada en oleadas coordinadas.
Dato clave