Cuando se habla del primer animal en viajar al espacio, la respuesta más conocida y aceptada es Laika, una perra mestiza soviética de aproximadamente tres años, rastrojera de calle, que fue lanzada el 3 de noviembre de 1957 a bordo de la nave Sputnik 2, también bautizada en Occidente como Muttnik. Con este hito, la Unión Soviética duplicó apenas una semana después el éxito del Sputnik 1, el primer satélite artificial, y demostró que un organismo vivo podía sobrevivir a las condiciones de un vuelo orbital, abriendo la puerta definitiva a la exploración espacial tripulada. Sin embargo, para entender bien la pregunta hay que matizarla: Laika fue la primera animal en orbitar la Tierra, pero no fue el primer ser vivo que cruzó el umbral del espacio. Años antes, en 1947, una serie de moscas de la fruta (Drosophila melanogaster) viajaron en la punta de un cohete V-2 estadounidense hasta alcanzar altitudes de más de 50 kilómetros, y en 1951 la URSS lanzó ratones y conejos en cohetes R-5 y R-1V que superaron la línea de Kármán, aunque en trayectorias suborbitales, es decir, sin completar una órbita completa alrededor del planeta. Por eso, si la pregunta se refiere al vuelo suborbital, el mérito corresponde a esos insectos y roedores; pero si hablamos del viaje orbital, Laika es indiscutiblemente la primera, y por extensión el primer animal verdaderamente en el espacio como lo entendemos hoy.
La elección de Laika no fue casualidad: los ingenieros soviéticos, liderados por el doctor Óscar Rebríev (Oleg Ivanov), buscaban un animal pequeño, dócil y capaz de soportar el estrés, y las perras callejeras de Moscú encajaban perfectamente porque estaban acostumbradas a la intemperie y a la escasez. La nave Sputnik 2 tenía apenas 43,5 centímetros de diámetro, un espacio tan reducido que Laika llevaba un arnés rígido y solo podía adoptar una posición tumbada. El viaje iba equipado con un sistema rudimentario de refrigeración, un aparato para administrar una comida pastosa tóxica en dosis letales (nunca se llegó a usar) y sensores que transmitían al ritmo de su corazón y respiración. Durante la primera órbita, los datos indicaron que su pulso se disparó hasta 470 latidos por minuto, señal de enorme angustia. Lo que se anunció en su día fue que Laika murió al cabo de varios días por falta de oxígeno, pero en 2002 el propio Rebríev reveló en una conferencia que la perra murió horas después del despegue, probablemente por sobrecalentamiento y estrés, ya que el sistema de control térmico falló. Su cuerpo, junto con el satélite, quedó en órbita y se desintegró en la atmósfera el 16 de abril de 1958 tras completar unas 1.400 vueltas a la Tierra. Laika se convirtió en un icono universal: en su honor hay una estatua en el recinto del centro espacial de Moscú, en el barrio de Voronovo, y su nombre se ha vuelto sinónimo de sacrificio científico al servicio de la humanidad.
En conclusión, Laika es la respuesta clásica y más citada a la pregunta de qué animal fue el primero en ir al espacio, porque fue el primer ser vivo en orbitar la Tierra y su sacrificio sentó las bases para todos los viajes tripulados posteriores, incluido el del cosmonauta Yuri Gagarin en 1961. Aun así, conviene recordar que moscas de la fruta, ratones y conejos ya habían cruzado el espacio en vuelos suborbitales una década antes, lo que matiza el concepto de primero según se defina el umbral del espacio. Ya que es un tema histórico consolidado, pero con matices técnicos sobre la definición de vuelo espacial, te recomiendo que busques una respuesta más actualizada si necesitas profundizar en las clasificaciones de la FAI sobre la línea de Kármán o en los últimos hallazgos archivísticos sobre el programa espacial soviético.