Qué hicieron los egipcios para conocer los cuerpos celestes
Los antiguos egipcios desarrollaron uno de los sistemas de observación astronómica más sofisticados del mundo antiguo, aunque su enfoque fue predominantemente práctico y religioso en lugar de teórico. Durante más de tres milenios, desde el período predinástico (aprox. 3100 a.C.) hasta la era ptolemaica, observaron sistemáticamente el firmamento para regular la agricultura, la navegación y la vida ceremonial. Uno de los hitos más importantes fue el registro del amanecer helíaco de Sirio (Sopdet), es decir, la primera aparición visible de esa estrella antes del sol tras un período de invisibilidad. Este evento marcaba el inicio de la crecida del Nilo, aproximadamente a finales de junio, y era fundamental para planificar la siembra. Los sacerdotes-astrónomos vigilaban desde alturas específicas para registrar con precisión cada amanecer. Para la medición del tiempo nocturno, los egipcios dividieron el cielo en 36 decanos: grupos de estrellas cuyo ascenso sucesivo permitía fraccionar la noche en segmentos de diez noches. Estos decanos aparecen grabados en techos de tumbas y sarcófagos desde el Reino Nuevo (aprox. 1550-1070 a.C.), como los famosos de Deir el-Medina y los túmulos de Tebas. También construyeron obeliscos y templos alineados con eventos celestes concretos. El templo de Karnak, por ejemplo, está orientado de modo que la luz solar ilumina la estatua del faraón en el solsticio de verano. Los obeliscos funcionaban como gnomones (relojes de sol) de gran escala, proyectando sombras que marcaban las estaciones. La orientación de las pirámides de Giza con los cuatro puntos cardinales, con una precisión de pocos minutos de arco, demuestra un conocimiento avanzado de la rotación terrestre y la posición de las estrellas polares. Se cree que los constructores usaron el método de la circumpolaridad: observar el arco descrito por estrellas circumpolares y trazar la línea media. Los egipcios identificaron y siguieron las trayectorias de los cinco planetas visibles a simple vista (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), a los que asociaron con deidades: Ishtar-Venus con la diosa Isis, Marte con Seth, Júpiter con Amón, entre otras. No llegaron a formular leyes orbitales, pero sus registros son valiosos para la astronomía moderna. Otro instrumento clave eran las placas de Dendera y otros zódiacos celestes tallados en piedra, que representan constelaciones egipcias (no griegas) y sirven como mapas estelares tridimensionales. El zódiaco de Dendera (siglo I a.C.) muestra 36 constelaciones y las posiciones de los planetas en un momento concreto. Finalmente, usaban relojes de agua (clepsidras) y relojes de sombra calibrados con observaciones solares, lo que les permitía fraccionar el día con precisión y correlacionarlo con las posiciones estelares. Todo este entramado no era mera curiosidad: estaba ligado a la teología, ya que creían que el dios Rá navegaba en su barquero por el cielo diurno y por el inframundo nocturno, y que los faraones fallecidos se unían a las estrellas inmortales.
Las pirámides de Giza están alineadas con los puntos cardinales con una desviación inferior a 4 minutos de arco, usando estrellas circumpolares como referencia fija.
Dato clave