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que hicieron los hermanos serdán, Pintura mural «Los hermanos Serdán. La lucha continúa» (1977), de Arnold Belkin: los hermanos disparan y avanzan armados frente a las filas de soldados federale
historia ·#12203 ·Lectura 16 min. · Redactor: Cati Ariza

¿Que hicieron los hermanos serdán?

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El 18 de noviembre de 1910, Carmen Serdán disparó al jefe de policía Miguel Cabrera: la primera bala de la Revolución Mexicana fue disparada por una mujer.

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Los hermanos Serdán: la familia que disparó la primera bala de la Revolución Mexicana

La historia de los hermanos Serdán es, probablemente, la más intensa y conmovedora de toda la Revolución Mexicana. Aquiles Serdán Alatriste (Puebla, 2 de noviembre de 1876), Carmen Serdán Alatriste (11 de noviembre de 1873), Natalia Serdán (1875) y Máximo Serdán Alatriste (7 de mayo de 1879) eran hijos del abogado Manuel Serdán Guanes, redactor de la célebre «Ley del Pueblo», el primer plan de reforma agraria que se formuló en México, y de María del Carmen Alatriste Cuesta, hija a su vez del gobernador liberal Miguel Cástulo Alatriste. La familia quedó huérfana de padre cuando los hijos eran muy jóvenes, y la madre, con enormes dificultades económicas, logró que Carmen y Natalia estudiaran en el Colegio Teresiano, mientras Aquiles y Máximo asistían al Colegio Franco-Anglo-Mexicano de Puebla. Aquella infancia marcada por la pérdida y la precariedad forjó en ellos un carácter combativo que la historia reconocería con letras de oro.

El detonante político llegó en 1908, cuando el presidente Porfirio Díaz concedió una entrevista al periodista norteamericano James Creelman en la que, sorprendentemente, afirmó que vería con agrado la creación de partidos de oposición en México. Esas palabras encendieron las aspiraciones de una oposición que llevaba años silenciada y encabezada por Francisco I. Madero, autor del libro La sucesión presidencial en 1910. Carmen Serdán, con una audacia extraordinaria para una mujer de su época, se convirtió en una de las pocas personas que difundió aquella entrevista en gacetas clandestinas y reuniones privadas, colaborando además en las páginas del Hijo del Ahuizote y del Diario del Hogar. Su papel no fue secundario: fue la red de transmisión que conectó a Madero con la base social poblana.

El 18 de julio de 1909, por sugerencia del propio Madero, Aquiles Serdán fundó en Puebla el club político «Luz y Progreso», integrado por 66 miembros, en su mayoría obreros de las fábricas de hilados y tejidos. En la pequeña imprenta de Gilberto Carrillo editaron el semanario La No Reelección, de tiraje muy limitado por la falta de recursos, donde se proclamaba que la República sería salvada «por los hombres que no hayan manchado su conciencia cometiendo atentados contra la Ley». El activismo les costó caro: en febrero de 1909 Aquiles fue detenido durante una manifestación contra la reelección del gobernador Mucio Práxedis Martínez y pasó preso los tres últimos meses de ese año.

Tras el fraude electoral de 1910 y la encarcelación de Madero, Aquiles y Carmen viajaron a Texas, a San Antonio, para reunirse con el líder antirreeleccionista. Regresaron a Puebla a finales de octubre o principios de noviembre de 1910 con una encomienda que cambiaría la historia del país: liderar la revolución antirreeleccionista desde Puebla y levantarse en armas el 20 de noviembre, conforme al Plan de San Luis. Carmen quedó al frente de toda la logística del movimiento en el estado. Inventó un lenguaje en clave propio y adoptó el seudónimo «Marcos Serrato» para intercambiar mensajes con su hermano a través de periódicos. Las mujeres del Club Femenil asumieron los preparativos de guerra y la difusión del Plan de San Luis. Carmen organizó además la recepción de Madero en Puebla y fundó la Junta Revolucionaria de Puebla.

El armamento para el levantamiento fue comprado en la Ciudad de México, adquirido con la complicidad de Arsenio Combaluzier, amigo y compadre del propio Díaz. Se almacenó en el domicilio familiar de la calle Portería de Santa Clara número 4 (hoy 6 Oriente 206), casa que Natalia había recibido como regalo de bodas. La policía poblana ya conocía el activismo de Aquiles desde julio de 1910, cuando capturaron a dos antirreeleccionistas vendiendo rifles que, según su declaración, les había proporcionado él.

El 17 de noviembre de 1910 el gobernador de Puebla recibió informes del levantamiento convocado por Madero para el día 20 y ordenó un cateo para detener a los Serdán. Avisado del peligro, Aquiles reunió a sus seguidores y propuso adelantarse a la fecha prevista. La mañana del 18 de noviembre de 1910, cuatro policías al mando del jefe de policía Miguel Cabrera efectuaron el cateo. Carmen abrió el postigo y disparó a Cabrera en la cara, causándole la muerte —según testigos de la época, no Aquiles como erróneamente se ha difundido—, iniciándose así la revolución armada. Cabrera fue su primer muerto. Los rebeldes abatieron también al sargento Vicente Murrieta y capturaron al mayor Modesto Fregoso.

Los defensores se organizaron con precisión militar: Máximo y la mayoría de los conjurados —Rosendo Contreras, Manuel Paz y Puente, Vicente Reyes, Clotilde Torres, Manuel Méndez, Miguel Patiño, Fausto Nieto y otros— se apostaron en la azotea. Aquiles, Carmen y las mujeres de la familia se apertrechaban en la planta baja. La balacera comenzó hacia las 8:00 de la mañana. Tras media hora, Aquiles y Carmen bajaron al segundo nivel para proteger el frente. Los rurales se parapetaron entre las ruinas de las torres del templo de San Cristóbal y el frente de la casa, mientras el Batallón Zaragoza disparaba desde los altos del Hotel Barcelona. Los defensores arrojaron bombas caseras sin lograr retroceder a las tropas.

El tiroteo duró unas cuatro horas y media contra unos 400 soldados del Ejército Federal y 100 policías, aunque otras fuentes hablan de casi mil efectivos enviados por el gobernador. Carmen subió a la azotea a reabastecer de municiones y se encontró con que la mayoría de los combatientes ya estaban abatidos. Entre los tinacos halló a Máximo y al herido Manuel Méndez, a quienes repartió el parque que traía. Intentó convencer a Máximo de bajar a protegerse, pero él le pidió que bajara a buscar más municiones y defendió su posición hasta el final. A las 11:30 las tropas nacionales tomaron la azotea y Máximo Serdán murió a tiros, junto con el resto de los conjurados.

Aquiles se escondió en un agujero del piso de su recámara, formado al remover las tablas y usado originalmente para ocultar armas. Su esposa Filomena del Valle le ayudó a taparse. Permaneció allí catorce horas mientras las mujeres de la familia seguían resistiendo. A las dos de la madrugada del 19 de noviembre, la tos que le provocaron la humedad y el frío lo delató. Al salir y sentarse en el comedor fue descubierto y recibió de Gonzalo Vega un balazo por la parte posterior de la cabeza que le salió por la frente. La familia conserva el mantel ensangrentado de la mesa donde cayó.

Su cuerpo fue exhibido públicamente ante la Comisaría de Policía como escarnio y advertencia a los maderistas. Carmen, herida por una bala, fue capturada y enviada a la cárcel de La Merced y después al hospital municipal de San Pedro. Su madre y Filomena del Valle, esposa de Aquiles, también fueron remitidas a prisión. Natalia Serdán logró gestionar la sepultura de sus hermanos en el Panteón Municipal de Puebla.

Tras el triunfo maderista en mayo de 1911 se rindieron homenajes a Aquiles: a su tumba acudió el general Bernardo Reyes con una corona de flores. En la autopsia participaron el médico Lauro Camarillo Ibáñez y el estudiante Juan Andreu Almazán, quien por indicación de Camarillo extrajo y conservó el corazón de Aquiles. Aquiles Serdán es considerado el primer mártir de la Revolución Mexicana y fue declarado Benemérito de la Patria por el presidente Abelardo L. Rodríguez mediante decreto del 11 de noviembre de 1932. Su nombre está grabado con letras de oro en los muros de la Cámara de Diputados: «Aquiles Serdán Alatriste (1876-1910)». Máximo es reconocido como mártir de la Revolución y en 2013 se propuso inscribirlo con letras de oro en el Muro de Honor del Congreso del Estado de Puebla.

Los hermanos Serdán no fueron simples actores de una revuelta: fueron una familia entera que apostó su vida, su casa y su nombre por una idea de justicia. El sacrificio de la familia Serdán no fue en vano: su ejemplo motivó a quienes aún dudaban en sumarse al movimiento armado. Desde el 6 de mayo de 2018 los restos de Carmen, Aquiles y Máximo descansan en la que fue su casa, la casona de la calle Santa Clara (hoy 6 Oriente), en el centro de Puebla, convertida en el Museo Regional / Museo Nacional de la Revolución Mexicana.

“Aquiles Serdán es el primer mártir de la Revolución Mexicana, declarado Benemérito de la Patria en 1932 y con letras de oro en la Cámara de Diputados.”

Dato clave
que hicieron los hermanos serdán, Monumento a Carmen Serdán en la ciudad de Puebla: busto de bronce de la revolucionaria asomado a un nicho de cantera, empuñando un fusil, en recuerdo de la aren
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Monumento a Carmen Serdán en la ciudad de Puebla: busto de bronce de la revolucionaria asomado a un nicho de cantera, empuñando un fusil, en recuerdo de la aren

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De la imprenta clandestina al combate en la casa de la calle Santa Clara: crónica de un sacrificio sin precedentes

La figura de Carmen Serdán merece un capítulo propio, porque su papel trascendió lo doméstico y se convirtió en la columna vertebral de la logística revolucionaria poblana. Hija de una familia liberal con raíces políticas profundas, Carmen no se limitó a ser la hermana que apoyaba: organizó, inventó, dirigió y combatió. Diffundió la entrevista Creelman, editó en gacetas clandestinas, inventó un lenguaje cifrado, operó bajo seudónimo, coordinó al Club Femenil y fundó la Junta Revolucionaria de Puebla. El 18 de noviembre disparó al jefe de policía Miguel Cabrera y fue la primera bala de la Revolución Mexicana. Subió a la azotea bajo fuego para reabastecer a los defensores. Fue herida, capturada, encarcelada. Sobrevivió a todo.

Tras el período de Victoriano Huerta, Carmen trabajó como enfermera en diversos hospitales, vivió sus últimos años en la Ciudad de México y murió en Tacubaya el 21 de agosto de 1948. Su imagen, junto con la de Madero y Hermila Galindo, formó parte del billete de 1000 pesos. Escuelas, mercados, bibliotecas, colonias y deportivos llevan su nombre en todo el país. Desde la reforma de 2025 a la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, su nacimiento y fallecimiento son días de izamiento de la bandera nacional.

El contexto social que rodea a los Serdán es igualmente revelador. El club «Luz y Progreso» estaba formado en su mayoría por obreros de las fábricas de hilados y tejidos, trabajadores explotados por un régimen que acumulaba riqueza mientras la clase obrera vivía en condiciones infrahumanas. Aquiles no era un intelectual de salón: era un organizador que hablaba en el lenguaje de los telares, de las jornadas de doce horas, de los salarios de hambre. Su semanario, impreso en una imprenta pequeña y con tiraje precario, llevaba consignas que sonaban a fábrica: la República salvada por quienes no habían manchado su conciencia. Esa base obrera fue la que se apostó en la azotea y murió defendiendo un puñado de rifles.

La estrategia militar del levantamiento poblano merece análisis. Madero había fijado el 20 de noviembre como fecha para la insurrección nacional conforme al Plan de San Luis. Puebla debía levantarse ese día. Pero el cateo policial del 18 forzó la anticipación. Aquiles reunió a sus seguidores esa misma noche y propuso adelantarse. No hubo plan B, no hubo retirada: hubo cuatro horas y media de resistencia contra un ejército. La distribución táctica fue impecable para medios tan precarios: azotea para Máximo y el grueso de combatientes, planta baja para Aquiles, Carmen y las mujeres. Bombas caseras contra Batallón Zaragoza y rurales parapetados entre las ruinas de San Cristóbal. Cuatro horas y media.

La muerte de Aquiles es, por sí sola, una escena de tragedia clásica. Catorce horas escondido en un agujero bajo las tablas del piso, con su esposa Filomena tapándole la entrada. La humedad, el frío, la tos. Dos de la madrugada del 19 de noviembre. Sale, se sienta en el comedor, es descubierto. Un balazo por la parte posterior de la cabeza que le sale por la frente. El mantel ensangrentado conservado por la familia. El cuerpo exhibido como escarnio público. Y luego, el corazón extraído y conservado por un estudiante llamado Juan Andreu Almazán, que años después sería gobernador de Nuevo León. La historia se encadena en detalles que nadie inventaría.

La Natalia Serdán es la figura silenciosa de esta crónica. No combatió en la azotea, no disparó desde el postigo, no fue encarcelada tras el sitio. Su labor fue la más cruel y la más humana: gestionar la sepultura de sus hermanos en el Panteón Municipal de Puebla mientras la familia entera estaba en prisión. Natalia era la dueña de la casa de la calle Santa Clara, el regalo de bodas donde se almacenaron los rifles. La casa que ardió, que fue cateada, que se convirtió en museo.

El legado simbólico de los Serdán se proyecta sobre toda la narrativa revolucionaria mexicana. Aquiles es el primer mártir, con letras de oro en la Cámara de Diputados desde 1932. Máximo es mártir reconocido y candidato a inscripción en el Muro de Honor del Congreso de Puebla. Carmen es la revolucionaria del billete, de las escuelas, de los izamientos. La casona de 6 Oriente es museo nacional desde 2018. Los hermanos dispararon la primera bala y su sacrificio encendió lo que porfirianos y maderistas llevaban años gestando.

El contexto geopolítico de 1910 explica por qué Puebla fue tan estratégica. La ciudad estaba a medio camino entre el centro del poder porfirista y el norte rebelde. Controlar Puebla significaba cortar comunicaciones, amenazar la capital y conectar con los levantamientos de Chihuahua y Sonora. Madero eligió a los Serdán porque conocía su red obrera, su imprenta, su casa, su determinación. No elegía generales: elegía una familia entera con rifles escondidos bajo las tablas del piso.

La memoria de los Serdán ha sido objeto de reinterpretaciones constantes. La difusión errónea de que Aquiles disparó a Cabrera —cuando fue Carmen— muestra cómo la narrativa machista borró durante décadas el papel decisivo de la mujer en el arranque armado. La reforma de 2025 a la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno, que declara días de izamiento el nacimiento y fallecimiento de Carmen, es un acto de justicia histórica tardía. La pintura mural de Arnold Belkin de 1977, con los hermanos disparando frente a las filas federales, los caídos en primer plano, es el testimonio visual más poderoso de aquella mañana.

Los números del sitio de Santa Clara resumen la desproporción: 66 miembros del club, una casa, un puñado de rifles, contra 400 a 1000 efectivos militares y policiales. Cuatro horas y media. Dos muertos entre los defensores (Máximo y el resto de conjurados abatidos), uno entre los asaltantes (Cabrera, primer muerto de la Revolución). Un herido capturado (Carmen). Una familia encarcelada. Y una nación que, al enterarse, dejó de dudar.

Conclusión:

¿que hicieron los hermanos serdán?

Los hermanos Serdán no fueron personajes secundarios de la Revolución Mexicana: fueron el primer disparo, la primera sangre, la primera casa asediada y la primera familia entera entregada. Su levantamiento del 18 de noviembre de 1910, dos días antes de la fecha oficial de Madero, marca el inicio armado real de la Revolución. Aquiles con letras de oro, Máximo como mártir, Carmen con un billete, una escuela, un izamiento y una bala en la cara del primer muerto federal. Natalia con la sepultura. Filomena con un mantel ensangrentado. Y una casa en 6 Oriente que hoy es museo. La Revolución empezó en Puebla, en una casa, con una familia.

Fuentes: 1º es.wikipedia.org, 2º es.wikipedia.org, 3º es.wikipedia.org, 4º kioscodelahistoria.com, 5º culturacolectiva.com, 6º museoespacio.com.mx.
IMAGEN1-AUTOR:Luisalvaz|Licencia:CC BY-SA 4.0|Url:creativecommons.org,IMAGEN2-AUTOR:ProtoplasmaKid|Licencia:CC BY-SA 4.0|Url:creativecommons.org.
Redacción: Cati Ariza · Actualizado en: 11/10/2026

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