Qué hicieron los republicanos en España: la Segunda República (1931-1939)
La Segunda República Española, proclamada el 14 de abril de 1931, supuso uno de los periodos de mayor transformación política y social en la historia moderna de España. Los gobiernos republicanos, encabezados inicialmente por Manuel Azaña y luego por Juan Negrín, impulsaron un programa de reformas profundas que buscaba modernizar una sociedad todavía marcada por el analfabetismo, el latifundio y la influencia del poder eclesiástico. Entre las primeras medidas destacaron la reforma agraria, que pretendía redistribuir tierras en Andalucía y Extremadura mediante la Comisión de Reforma Agraria. Se expropiaron fincas a grandes propietarios para asignarlas a campesinos sin tierra. Sin embargo, la lentitud burocrática y la resistencia de los terratenientes limitaron enormemente su impacto práctico. En el ámbito educativo, los republicanos crearon la Escuela Unica Mixta, gratuidad de la enseñanza, planes de construcción de escuelas rurales y un importante avance en la alfabetización. Se nombró a Miguel de Unamuno rector de la Universidad de Salamanca como símbolo del prestigio intelectual del nuevo régimen. La laicización fue otro pilar fundamental: se separó la Iglesia del Estado, se suprimió la enseñanza religiosa obligatoria, se legalizó el divorcio y se reguló el culto. La Iglesia respondió con hostilidad abierta, lo que convirtió la cuestión religiosa en un eje divisorio de la sociedad. Un hito histórico fue la concesión del sufragio femenino (aprobado en 1933), que situó a España a la vanguardia de Europa en materia de derechos de las mujeres. Se creó también una nueva legislación laboral con jornada de 8 horas, salario mínimo y protección a la maternidad. El Estatuto de Autonomía catalán (1932), aunque fue suspendido por Azaña en 1934 tras el conflicto entre el gobierno central y el de Lluís Companys, marcó un debate profundo sobre la organización territorial del Estado. Cuando estalló la Guerra Civil en julio de 1936, el bando republicano, que controlaba la mayor parte del territorio (norte, levante y centro), se organizó militarmente. Se crearon los Batallones Republicanos, se disolvió el ejército regular en unidades mixtas y se formaron milicias de clase obrera. La Internacional envió brigadas de voluntarios de decenas de países, mientras la Alemania nazi e Italia fascista apoyaban militarmente al bando sublevado. Durante la guerra, el gobierno republicano en el exilio (Girona, Valencia y Barcelona) mantuvo la producción industrial, reorganizó la economía de guerra bajo el Frente Popular y buscó apoyo diplomático en la Sociedad de Naciones, sin éxito. La política de 'No intervención' de Francia y Gran Bretaña aisló a la República. El bando republicano sufrió fracasos militares decisivos: la batalla del Jarama (1937), la caída de Málaga (febrero 1937), el desastre de Brunete, la batalla del Ebro (julio-diciembre 1938) y, finalmente, la ofensiva franquista de marzo de 1939. La rendición de Burgos el 28 de marzo de 1939, negociada por Negrín sin autorización del Consejo de Defensa Nacional, puso fin al gobierno republicano en España. El exilio republicano fue masivo: entre 400.000 y 500.000 personas cruzaron los Pirineos hacia Francia. Muchos murieron en los campos de internamiento (Argelès-sur-Mer, Barcarès) o fueron deportados a campos nazis. El gobierno en el exilio, liderado por Negrín y luego por la Junta de Liberación presidida por Manuel Llaneza, mantuvo la causa republicana hasta 1977, cuando se disolvió tras la transición democrática.
Entre 400.000 y 500.000 republicanos se exiliaron tras la caída de la República en marzo de 1939, muchos de los cuales murieron en campos de internamiento franceses o campos nazis.
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