Qué hicieron las 5 vírgenes insensatas en la parábola de Mateo 25
La parábola de las diez vírgenes aparece en el Evangelio de San Mateo, capítulo 25, versículos 1 a 13. Jesús la relata para ilustrar la necesidad de vigilancia y preparación ante la venida del Hijo del Hombre. En ella, diez vírgenes toman sus lámparas y salen al encuentro del novio. Cinco son sensatas y cinco son insensatas. Lo primero que hacen las cinco insensatas es sacar sus lámparas y salir a la calle, igual que las demás. Hasta ese punto, su conducta es idéntica a la de las sensatas. La diferencia no está en salir, sino en no llevar consigo aceite suficiente para mantener encendida la lámpara durante el tiempo de espera. Cuando el novio se demora, las diez vírgenes se adormecen y duermen. El texto dice que "todas, pues, eran insensatas" en el sentido de que todas se durmieron, pero la insensatez real de cinco de ellas se revela después. Al anochecer se oye una voz: "¡Mirad que llega el novio! Salid a su encuentro." Entonces las diez encienden sus lámparas. Es en ese momento cuando las cinco insensatas se dan cuenta de su error: sus lámparas se están apagando o ya están apagadas porque no tienen aceite. Gritan a las sensatas: "Dadnos de vuestro aceite, porque se nos apagan las lámparas." Las cinco sensatas responden con firmeza: "No sea que nos falte a nosotras y a vosotras; id antes a los que lo venden, y compráos para vosotras mismas." Las insensatas aceptan y salen a comprar aceite. Esta decisión, aunque lógica en un sentido práctico, resulta definitiva: las aleja del lugar de la fiesta por el tiempo justo que necesitaban. Mientras están fuera comprando aceite, llega el novio. Las cinco sensatas, con sus lámparas encendidas, entran con él a la sala del banquete nupcial. Después se cierra la puerta. El texto es explícito: "Y, después de cerrado el portal..." Entonces las cinco insensatas regresan y golpean la puerta, diciendo: "Señor, Señor, ábrenos." La respuesta del novio es tajante: "De cierto os digo que no os conozco." Quedan fuera, a oscuras, sin aceite, sin entrar en la celebración. La parábola no dice que las insensatas fueran malas personas o que hicieran algo malvado. Simplemente no se prepararon. Su error fue práctico, no moral: confiaron en que el momento no llegaría tan pronto o en que podían resolverlo al momento. La lección de Jesús, cerrando la parábola, es: "Velad, pues, porque no sabéis cuál sea aquel día ni cual sea aquella hora." En el contexto cultural judío del siglo I, las lámparas de aceite eran la única iluminación nocturna. Una vírgen que salía con una lámpara apagada o a punto de apagarse era socialmente inaceptable en una procesión nupcial. El aceite no era algo que se pudiera "pedir prestado" en medio de la ceremonia: cada invitada debía llegar con su propia preparación.
La parábola (Mt 25,1-13) no las presenta como malas, sino como desprevenidas: el mensaje es 'Velad, porque no sabéis ni el día ni la hora'.
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