¿Qué hicieron los soldados con la ropa de Jesús?
Según los cuatro Evangelios canónicos, una vez que Jesús fue clavado en la cruz, los soldados romanos encargados de la ejecución procedieron a repartirse sus vestiduras. Este episodio, que en apariencia parece un detalle menor de la narración, tiene una carga teológica y profética muy significativa en el texto bíblico. En concreto, los soldados dividieron sus ropas en cuatro partes, una para cada uno de ellos, y echaron suertes por su túnica, que era una sola pieza, sin costuras, tejida de arriba abajo.
El relato más detallado lo encontramos en el Evangelio de Juan (19,23-24), donde se describe cómo los soldados, al ver la túnica, comentaron entre sí: «No la rasguemos, sino que echemos a suertes quién la tendrá», cumpliendo así las palabras del Salmo 22 (21 en la numeraación hebrea): «Se repartieron mis vestiduras y echaron a suertes mi túnica». Este pasaje se consideró una profecía mesiánica que se cumplía en la crucifixión.
Los Evangelios sinópticos también lo narran de forma más breve. En Mateo 27,35 se lee: «Después de crucificarle, repartieron sus vestiduras echando suertes». Lucas 23,34 añade un matiz importante: «Sus ropas las repartieron echándolas a suertes», y subraya que Jesús, desde la cruz, oraba diciendo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Marcos 15,24 simplemente afirma: «Y partieron sus vestiduras entre ellos, echando suertes para ver cuál se quedaba con todo».
La túnica sin costura es un elemento clave. En la cultura romana, una túnica tejida de una sola pieza era de gran valor y no era fácil de fabricar. El hecho de que los soldados decidieran no rasgarla sino echarla a suertes muestra que reconocían su valor. Para la tradición cristiana, esta túnica sin costura se ha interpretado como símbolo de la unidad de la Iglesia y de la integridad del cuerpo de Cristo.
Es importante señalar que este acto no fue una decisión arbitraria. La crucifixión romana incluía, como práctica habitual, desvestir al condenado, tanto como humillación pública como parte del protocolo de ejecución. El prisionero desnudo o apenas cubierto era exhibido al paso de la multitud en el camino al Gólgota, práctica conocida como flagelación y exposición pública. El reparto de la ropa era, además, una forma de compensar a los soldados por su trabajo, ya que no recibían un salario fijo por las ejecuciones.
La tradición posterior de la Iglesia conservó varias reliquías asociadas a este episodio. La más famosa es la Santa Túnica de Argamasso, custodiada en la catedral de esa ciudad francesa, que se presenta como la túnica misma de Cristo. También se conservan fragmentos supuestamente de sus vestiduras en diversos santuarios de Europa, aunque su autenticidad es debatida desde un punto de vista histórico-científico.
Desde la perspectiva del derecho romano, el desprendimiento de la propiedad del condenado era un paso previo a la ejecución. Todo lo que poseía el condenado pasaba a manos del Estado o de los ejecutores. En este sentido, el reparto de las ropas de Jesús era un procedimiento legal y habitual, no una excepción. Los cuatro soldados que custodiaban la cruz en el Gólgota se llevaban cada uno una parte, lo que explica la división en cuatro.
En la iconografía cristiana, este episodio ha sido representado innumerables veces. Artistas como Caravaggio, en su «La Crucifixión», o El Greco, han incluido a los soldados echando suertes en la base de la cruz. En el arte bizantino, el reparto de las vestiduras suele aparecer como escena separada dentro del ciclo de la Pasión. La escena transmite doblemente el sufrimiento: el físico de Cristo y la vergonza de la desnudez pública, que en la cultura judía era considerada una grave afrenta.
En resumen, los soldados se repartieron las cuatro prendas exteriores de Jesús y echaron suertes para decidir a quién le correspondía la túnica interior, única pieza sin costuras. Este acto, recogido en los cuatro Evangelios, cumple la profecía del Salmo 22 y se convirtió en uno de los elementos centrales de la iconografía de la Crucifixión a lo largo de veinte siglos de arte cristiano.
La túnica era amiblós (sin costura), tejida de una sola pieza de arriba abajo. Por su valor, los soldados decidieron sortearla en lugar de rasgarla.
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