Mi ordenador no enciende: guía paso a paso para resolverlo
Antes de abrir nada, respira y ordena las ideas. La mayoría de los fallos de arranque se resuelven con comprobaciones sencillas que, por lo general, se pasan por alto. El primer paso es identificar el tipo de fallo, porque no es lo mismo pulsar el botón y que no ocurra absolutamente nada, que escuchar los ventiladores girando pero no ver imagen, o que el equipo inicie pero se quede atascado en el logotipo. Acotar el síntoma desde el principio te ahorra horas de pruebas al azar.
La comprobación más obvia y la que más se olvida: que todo esté enchufado. Revisa el cable de alimentación en la torre, la regleta, la fuente de alimentación del PC y la toma de pared. Es habitual que tras vacaciones o mudanzas la regleta se desconecte y nadie lo recuerde. En los PCs de sobremesa existe un interruptor trasero en la fuente (marcado con la "I" y la "O"); asegúrate de que esté en ON y de que el cable no haya aflojado con el tiempo.
En portátiles, el síntoma de "no hace nada" apunta casi siempre a la batería o al adaptador. Conéctalo a la corriente, espera unos minutos y después intenta encenderlo. Si solo arranca con el cargador puesto, la batería está agotada o ha muerto. Y si la luz de encendido se activa pero la pantalla queda negra, conecta un monitor externo para descartar que el panel LCD o la gráfica integrada estén fallando.
Descarta la infraestructura eléctrica: prueba un enchufe en otra habitación o circuito distinto. Las regletas saturadas y las tomas defectuosas simulan perfectamente un fallo del PC. Si usas un protector contra sobretensiones, apágalo y conecta directamente; si es posible, sustituye el cable de alimentación por otro compatible. Con un multímetro puedes comprobar continuidad del cable o tensión en la toma: una resistencia infinita indica cable roto.
Si al pulsar el botón no hay ninguna señal de vida (ni ventiladores, ni LEDs, ni pitidos), la sospecha principal recae sobre la fuente de alimentación. El atajo más rápido es probar con otra PSU compatible. Algunos equipos de sobremesa llevan un botón de autocomprobación integrada (BIST) en la propia fuente: al pulsarlo, si el LED se enciende la fuente funciona; si no responde, está defectuosa y hay que sustituirla. Una subida de tensión puede haberla dañado, y desgraciadamente es uno de los escenarios más costosos.
Interpreta los LEDs del frontal. Apagados significan que no llega corriente al equipo. Encendidos indican que hay alimentación; en ese caso busca actividad: códigos de pitido, parpadeos con patrón, el zumbido del ventilador. Si los LEDs están encendidos pero la pantalla se queda en blanco o atascada en el logo, el PC recibe energía pero no supera el POST, y necesitas un diagnóstico de arranque.
El botón de encendido también puede ser el culpable. Púlsalo con firmeza; un tacto extraño o un botón que se hunde sin respuesta apunta a una conexión suelta. En una torre, la prueba rápida es puentear brevemente los dos pines PWR_SW de la placa base con un destornillador: si el equipo arranca, el problema está en el botón o en su cable.
En portátiles, mantén presionado el botón de encendido entre 10 y 20 segundos en lugar de pulsarlo de golpe. Si no responde, suéltalo tras 20 segundos, espera un minuto y vuelve a intentarlo. También puedes agotar la energía residual: desenchufa el cargador, retira la batería si es extraíble, mantén el botón presionado 20-30 segundos para descargar condensadores, recoloca la batería, reconecta el cable e inténtalo de nuevo.
El restablecimiento del reloj en tiempo real (RTC) devuelve el BIOS a valores de fábrica. En muchos portátiles y sobremesa se logra desconectando todos los periféricos, conectando el adaptador y manteniendo el botón de encendido entre 30 y 35 segundos hasta que el LED parpadee. Menos de 25 segundos o más de 40 cancela el proceso: hay que repetirlo. Este paso suele desbloquear equipos que llevan días sin responder.
“Mantén el botón de encendido del portátil 30-35 segundos (sin periféricos conectados) para restablecer el RTC y desbloquear el BIOS.”
Dato clave