¿Qué animal no puede mirar al cielo?
El animal al que se atribuye popularmente la imposibilidad de mirar al cielo es el cerdo doméstico (Sus scrofa domesticus), y por extensión a toda la familia Suidae: jabalíes, facóqueros, cerdos verrugosos y cerdos pigmeos. Son uno de los pocos animales que, estando en posición erguida, no logran alzar la vista y contemplar el firmamento. Y la causa no es un mito: es pura anatomía.
El cuerpo del cerdo es redondo, con hombros anchos y una cantidad notable de grasa y musculatura rodeando el cuello. Esa masa se suma a la curvatura natural de su columna vertebral, y el resultado es que el animal no puede elevar la mirada más allá de unos pocos grados por encima de su propia cabeza mientras está de pie. El naturista Joaquín Araújo lo resume con una imagen gráfica: la última vértebra que conecta con el cráneo está soldada, así que lo que realmente ocurre es que el cerdo no puede levantar apenas la cabeza y, en consecuencia, mirar hacia arriba.
Un dato que sorprende es que el 65% de la musculatura facial del cerdo está dedicada a la mandíbula y a la lengua. Esa adaptación le otorga una potencia extraordinaria para hozar y encontrar alimento enterrado, pero al mismo tiempo hace prácticamente imposible que levante la vista. Los ojos del cerdo están situados a los lados de la cabeza, lo que le ofrece un campo de visión horizontal muy amplio, ideal para detectar depredadores en el pastizal, pero sacrifica la visión vertical.
Los cerdos poseen siete vértebras cervicales, igual que los seres humanos y la mayoría de mamíferos. La diferencia está en la disposición y la movilidad: las vértebras cervicales del cerdo tienen una menor flexibilidad individual, y los músculos del cuello, fuertes para soportar el peso de la cabeza y para escarbar, no están diseñados para una gran extensión hacia arriba.
El cuello del cerdo es relativamente corto y grueso en proporción al tamaño de su cuerpo. Unido a la posición de los hombros y a la masa muscular de la zona, crea un centro de gravedad que dificulta enormemente levantar la cabeza lo suficiente para mirar directamente hacia arriba: intentarlo desestabilizaría al animal y le haría perder el equilibrio.
Los ligamentos que conectan las vértebras también contribuyen a la rigidez del cuello. Son fuertes y limitan la flexibilidad, previniendo movimientos bruscos que podrían dañar la columna vertebral mientras el cerdo escarba. Los puntos de inserción de los músculos cervicales en el cráneo y en las vértebras no favorecen el movimiento ascendente, sino que están adaptados a movimientos laterales y de corto alcance, ideales para la búsqueda de alimento en la tierra.
La familia Suidae comprende dieciséis especies identificadas, originarias de África y Eurasia, que con el tiempo se han extendido por todo el planeta. Son omnívoros, tienen un estómago de dos cámaras, cuerpo con forma de barril, orejas pequeñas, ojos pequeños y un largo hocico. Entre sus miembros están el jabalí, el cerdo pigmeo, el cerdo verrugoso de Vietnam, el cerdo de Java, el facóquero común y el cerdo doméstico.
La evolución ha favorecido esta limitación en la movilidad del cuello. Los cerdos se alimentan principalmente escarbando en el suelo en busca de raíces, tubérculos y otros alimentos, por lo que la visión hacia abajo es crucial para esa actividad, y la necesidad de una visión superior no ha sido una presión selectiva fuerte en su evolución.
En los cerdos de granja, alimentados con dietas pensadas para que ganen peso, la grasa cervical desempeña un papel especialmente relevante. En el caso de los cerdos salvajes, más delgados en la zona del cuello, se cree que pueden tener un rango de movimiento algo mayor, aunque tampoco logran mirar hacia arriba en posición de pie.
Los cerdos pasan la mayor parte del tiempo con el hocico apuntando hacia abajo, especialmente los de granja, que no tienen depredadores de los que preocuparse. Mantienen la nariz pegada al suelo y usan su potente olfato para localizar comida. Su oído es tan bueno que se sobresaltan con facilidad ante ruidos fuertes, y su visión natural no es especialmente buena, de modo que la incapacidad de mirar hacia arriba no les perjudica demasiado a largo plazo.
“Los cerdos SÍ pueden ver el cielo: al tumbarse, sentarse sobre los cuartos traseros o subir por una ladera pronunciada.”
Dato clave