¿Qué animal tiene la sangre azul? El cobre detrás del color
El cangrejo herradura (Limulus polyphemus), también llamado cangrejo de herradura del Atlántico, es el animal más conocido por tener sangre azul. Se trata de un auténtico "fósil viviente", un linaje que se remonta a unos 450 millones de años. Su hemolinfa, el equivalente invertebrado a la sangre, luce un tono azul brillante y llamativo. ¿La razón? Contiene hemocianina, una proteína transportadora de oxígeno cuyo centro activo está formado por átomos de cobre en lugar del hierro que caracteriza a la hemoglobina de los vertebrados. Al contacto con el oxígeno, la hemocianina se oxida y adopta ese tono azulado tan característico. Cuando pierde el oxígeno, la sangre queda prácticamente incolora.
La hemocianina no es un lujo del cangrejo herradura. Es la proteína responsable del color azul en un buen número de invertebrados: la mayor parte de los moluscos y algunos artrópodos la emplean para captar oxígeno en branquias, tentáculos y otras superficies respiratorias, y repartirlo por los tejidos. A diferencia de la hemoglobina humana, que viaja empaquetada dentro de los glóbulos rojos, la hemocianina flota libremente disuelta en el plasma. Ese detalle hace que la sangre de estos animales sea más espesa y viscosa de lo que estamos acostumbrados a ver.
Stephen Palumbi, biólogo marino de la Universidad de Stanford, señala que algunos crustáceos, calamares y pulpos tienen sangre azul precisamente por esa proteína con cobre. En los animales marinos la hemocianina es incolora y solo se vuelve azul cuando se une al oxígeno. En el caso del pulpo, por ejemplo, la sangre azul se debe a que emplea hemocianina en lugar de hemoglobina, una molécula que en vez de hierro contiene cobre metálico.
Los pulpos son probablemente el ejemplo más popular de cefalópodo de sangre azul. Poseen tres corazones (dos bombean sangre a las branquias y el tercero al resto del cuerpo), nueve cerebros distribuidos en ganglios a lo largo del cuerpo y una sangre azul espesa. Como el cobre no transporta el oxígeno con la misma eficiencia que el hierro, el pulpo necesita bombear su sangre con un esfuerzo enorme para mantenerla circulando, compensando así la menor eficacia de la hemocianina.
Los calamares comparten esa misma química: su sangre contiene cobre metálico, lo que la vuelve azul. Junto con pulpos y sepias, forman el grupo de los cefalópodos, que dependen de la sangre azul como necesidad de supervivencia. La mayoría vive en profundidades frías y pobres en oxígeno, donde la hemoglobina basada en hierro resulta menos eficiente.
El mundo de los crustáceos también es de sangre azul. Langostas, cangrejos, almejas, caracoles de mar y otros moluscos presentan hemocianina en su hemolinfa, el líquido circulatorio equivalente a la sangre. Este pigmento azulado, con dos átomos de cobre en su centro activo, les permite sobrevivir en zonas marinas con poco oxígeno y en ambientes de alta salinidad.
Las arañas y los escorpiones, miembros de los quelicerados, también tienen sangre azul. Su sistema circulatorio es abierto: el corazón bombea hemolinfa hacia espacios abiertos llamados senos, donde baña directamente los órganos, en lugar de circular por venas y arterias. Este sistema se adapta a sus tasas metabólicas lentas y les permite prosperar en ambientes áridos donde conservar el agua es clave. Las tarántulas, contrariamente a lo que se cree popularmente, tienen sangre azul.
La hemocianina es evolutivamente muy antigua. Apareció hace unos 2.500 millones de años, cuando sirvió originalmente para desintoxicar el oxígeno de los organismos primordiales en entornos anaeróbicos o con poco oxígeno. La hemoglobina, mucho más eficiente, evolucionó después, posiblemente hace unos 400 millones de años, asociada a sistemas respiratorios más complejos como los pulmones de los vertebrados.
La sangre azul del cangrejo herradura tiene un valor médico extraordinario. Sus células especializadas, los amebocitos, reaccionan violentamente ante las toxinas bacterianas: la sangre se coagula instantáneamente y atrapa las bacterias en un capullo gelatinoso. De esa sangre se obtiene el LAL (lisado de amebocitos de Limulus), sustancia empleada para comprobar que vacunas, medicamentos e implantes médicos estén libres de endotoxinas.
Cada año las compañías farmacéuticas recolectan unos medio millón de cangrejos herradura del Atlántico, los desangran parcialmente para recoger esa sustancia valiosa y los devuelven al océano. El proceso de captura y desangrado puede matarlos, lo que ha provocado un descenso de las poblaciones en la región del Atlántico Medio de Estados Unidos y ha puesto en riesgo su supervivencia, impulsando la búsqueda de alternativas sintéticas.
“De la sangre del cangrejo herradura se obtiene el LAL, sustancia esencial para verificar que vacunas e implantes médicos estén libres de endotoxinas”
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