Qué animal inverna: los protagonistas del letargo invernal
La hibernación es mucho más que un simple sueño largo. Es un estado de letargo profundo en el que el organismo del animal reduce drásticamente su metabolismo, su temperatura corporal y su frecuencia respiratoria hasta niveles extremadamente bajos. Durante ese periodo, el animal no come, no bebe, no defeca y apenas respira, sobreviviendo exclusivamente de las reservas de grasa acumuladas durante los meses cálidos. Es un mecanismo de supervivencia brillante, un enigma biológico que la ciencia sigue desentrañando.
En términos generales, los animales que invernan comparten una característica común: habitan en ambientes templados con un invierno muy marcado, en las latitudes altas de ambos hemisferios. La escasez de alimento y el frío extremo les obligan a suspender toda actividad biológica temporal, un proceso que en biología se denomina dormancia o dormición. Durante la hibernación, el animal ni crece, ni se desarrolla, ni realiza ninguna actividad física; su único objetivo es conservar energía.
Existe una distinción importante entre la hibernación de animales de sangre caliente (homeotermos) y la de animales de sangre fría (poiquilotermos). Los primeros, como osos, marmotas y murciélagos, experimentan un descenso térmico notable con cambios fisiológicos profundos. Los segundos, insectos, caracoles, peces o ranas, presentan respuestas metabólicas similares, aunque con mecanismos distintos.
Entre los hibernadores obligados, aquellos que entran en letargo de forma espontánea y anual independientemente de la temperatura o el alimento, encontramos ardillas terrestres, lirones, hámsteres, jerbos, erizos europeos, lémures ratón, algunos marsupiales como las zarigüeyas e incluso ciertos monotrematas. Su temporada invernal se caracteriza por periodos de letargo interrumpidos por breves excursiones en las que recuperan temperatura y frecuencia cardíaca normales.
Un caso fascinante es el de los suslic árticos, capaces de mantener temperaturas abdominales bajo cero, concretamente tan bajas como −2,9 °C, durante más de tres semanas seguidas, mientras cabeza y cuello se mantienen en 0 °C o superiores. La ciencia aún debate por qué estos animales se despiertan periódicamente: una hipótesis apunta a una «deuda de sueño» que necesitan saldar, otra sugiere que esos breves calentamientos restauran fuentes de energía o activan la respuesta inmunitaria.
El oso pardo es el ejemplo más popular de hibernación, aunque muchos especialistas lo denominan «sueño invernal» porque su temperatura corporal solo baja unos pocos grados. Osas preñadas son las primeras en entrar en letargo y las últimas en salir, acompañadas de sus cachorros. Los machos, más activos, permanecen despiertos más tiempo. En inviernos suaves con alimento abundante, algunos osos ni siquiera hibernan.
Las marmotas alpinas (Marmota marmota) representan uno de los casos más extremos: hibernan hasta ocho meses, con una frecuencia cardíaca que cae a 3-4 latidos por minuto y una temperatura que desciende de 33 °C a −15 °C. Cierran su madriguera con heno y pasto cada octubre, y solo se despiertan una vez cada 10 días para evitar la congelación. Se alimentan intensamente toda la primavera y el verano para acumular reservas.
Los murciélagos (Chiroptera) son el único grupo de mamíferos pequeños con longevidad extraordinaria, hasta 30 años, posible gracias a su hibernación. Su letargo puede durar 183 días, motivado tanto por el frío como por la escasez de insectos. A diferencia del resto, no disminuyen mucho su temperatura por sus altas tasas metabólicas, y se agrupan en cuevas con miles o millones de individuos.
Las ardillas acumulan bellotas y frutos secos en sus madrigueras para consumirlos periódicamente durante el letargo. Los erizos comunes reducen su frecuencia cardíaca hasta un 90% y pueden estivar si el clima es cálido y seco. Las tortugas de caja hibernan entre tres y cinco meses, reduciendo su corazón a 5-10 latidos por minuto y absorbiendo oxígeno por la piel al dejar de respirar.
Las ranas llevan la hibernación al extremo: dejan de respirar, el corazón se detiene por completo y se forman cristales de hielo en su sangre. Se refugian en troncos, madrigueras o montones de hojas hasta que llega el verano y se calientan de nuevo. Las serpientes de liga hibernan de forma grupal, cientos o miles de individuos compartiendo una guarida. Los caracoles sellan su concha con moco para conservar humedad, y los abejorros dejan morir a machos y obreras, quedando solo la reina que funda una nueva colonia en primavera.
“Las ranas invernan con el corazón completamente parado y cristales de hielo formándose en su sangre.”
Dato clave