¿Qué animal fue al espacio? La historia viva de los pioneros del cosmos
Antes de que un ser humano respirara fuera de la atmósfera, fueron animales quienes abrieron la puerta al cosmos. La pregunta «¿qué animal fue al espacio?» tiene una respuesta larga, emocionante y trágica a la vez, y arranca mucho antes de lo que la mayoría imagina.
El 20 de febrero de 1947 marca el hito fundacional. Estados Unidos lanzó desde la base White Sands Missile Range, en Nuevo México, un misil alemán V-2 —botín de guerra capturado tras la Segunda Guerra Mundial— que llevaba a bordo moscas de la fruta (Drosophila melanogaster) y semillas de maíz, centeno y algodón. En apenas tres minutos y diez segundos el cohete alcanzó 109 km de altitud, superando tanto el límite de la Fuerza Aérea estadounidense (80 km) como la definición internacional del espacio (100 km). La cápsula Blossom fue eyectada, frenada por la fricción atmosférica y recuperada con un paracaídas. Las moscas aparecieron vivas.
El objetivo del experimento era claro: estudiar los efectos de la radiación cósmica a gran altitud sobre organismos vivos. Era el primer paso para responder si la vida podía resistir un entorno sin aire, sin gravedad y con radiación intensa.
El primer mamífero en alcanzar el espacio fue un mono rhesus llamado Albert II, lanzado el 14 de junio de 1949 a bordo de otro V-2, que llegó a los 134 km de altitud. Albert viajaba anestesiado y con sensores para medir sus signos vitales, pero el paracaídas falló en la reentrada y el simio murió al impactar contra el suelo. La serie «Albert» continuó: Albert I (junio de 1948) no llegó al espacio, Albert III explotó en 1949, y Albert IV tuvo un vuelo exitoso hasta la colisión final. En 1950 se lanzó un ratón sin anestesia que fue fotografiado en ingravidez y tampoco sobrevivió al impacto.
El primer mono en sobrevivir un vuelo espacial fue Yorick, recuperado junto con once ratones tras un misil Aerobee el 20 de septiembre de 1951, aunque Yorick murió poco después al sobrecalentarse su cápsula bajo el sol de Nuevo México. En mayo de 1952, las monas filipinas Patricia y Mike alcanzaron 58 km a 2.000 millas por hora para estudiar los efectos de la aceleración, acompañadas de dos ratones blancas, Mildred y Albert, que flotaron en un tambor rotatorio durante la fase de ingravidez.
La Unión Soviética siguió de cerca los proyectos estadounidenses. El pionero Sergei Korolev y su especialista biomédico Vladimir Yazdovsky emplearon ratones, ratas y conejos como pasajeros de ida. Finalmente eligieron perros pequeños, menos inquietos durante el vuelo, y hembras por la facilidad de controlar residuos. Entre 1951 y 1952 los cohetes R-1 transportaron nueve perros. El 22 de julio de 1951, Tsygan («Gitano») y Dezik fueron los primeros canes astronautas suborbitales y los primeros mamíferos recuperados con vida de un vuelo espacial.
El hito más célebre llegó el 3 de noviembre de 1957. La URSS puso en órbita al primer ser vivo de la historia: la perra moscovita Laika, cuyo nombre real era Kudryavka («Ricitos»), a bordo del Sputnik 2. Era una perra callejera recogida de la calle, entrenada a toda prisa y colocada en un contenedor metálico bajo la segunda esfera del satélite. No hubo tiempo de diseñar una estrategia de reentrada. Laika murió a las pocas horas por estrés y sobrecalentamiento; el Sputnik 2 se desintegró en la atmósfera en abril de 1958. En Estados Unidos la apodaron «Muttnik», juego de palabras con Sputnik, y su muerte abrió un debate en Occidente sobre la ética de sacrificar animales para avanzar en la ciencia.
El primer animal en orbitar la Tierra y regresar con vida fue posible con el Sputnik 5 (Korabl-Sputnik 2) del 19 de agosto de 1960, que llevaba a los perros Belka («Ardilla») y Strelka («Flechita»), un conejo gris, 40 ratones, 2 ratas y 15 frascos de moscas de la fruta y plantas. Uno de los cachorros de Strelka, Pushinka, fue el regalo que Nikita Jruschov envió a Caroline Kennedy en 1961; la perra tuvo cuatro crías que John F. Kennedy apodó los «pupniks».
En Estados Unidos, el programa Mercurio se apoyó en primates. El 31 de enero de 1961 el chimpancé Ham voló en una cápsula de un cohete Redstone en la misión Mercury-Redstone 2, alcanzando 254 km sobre la Tierra. Ham había sido entrenado para activar palancas a cambio de pellets de plátano y para evitar descargas eléctricas; su vuelo demostró que se podían realizar operaciones durante un vuelo espacial. Fue el primer animal que interactuó activamente con una nave en vez de limitarse a viajar en ella. Su éxito allanó el camino para que, poco más de tres meses después, Alan Shepard se convirtiera en el primer astronauta estadounidense.
“Belka y Strelka (1960): primeros mamíferos en orbitar la Tierra y regresar con vida, a bordo del Sputnik 5.”
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