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que hicieron las hermanas mirabal, Retrato en color de las tres hermanas Mirabal —Patria, Minerva y María Teresa—, conocidas como "Las Mariposas", activistas dominicanas contra la dictadura de Tr
historia ·#12143 ·Lectura 13 min. · Redactor: Redacción Nexuscurioso

¿Que hicieron las hermanas mirabal?

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Las Hermanas Mirabal fueron asesinadas el 25 de noviembre de 1960; esa fecha se celebra hoy como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (ONU, 2000).

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Qué hicieron las Hermanas Mirabal: resistencia, lucha y sacrificio

Las Hermanas Mirabal, conocidas popularmente como Las Mariposas, son un símbolo universal de resistencia contra la tiranía. Patria (1924), Minerva (1926) y María Teresa (1935) crecieron en el seno de una familia acomodada en la sección Ojo de Agua, municipio de Salcedo, República Dominicana. Su padre, Enrique Mirabal, era un hombre de negocios exitoso, y las tres hermanas —junto a su cuarta hermana, Bélgica Adela «Dedé»— fueron educadas como internas en el Colegio Inmaculada Concepción de La Vega, dirigido por monjas españolas de la Orden Terciarias Franciscanas de Jesús y María. Allí Minerva y María Teresa se distinguieron por su brillantez académica y su temprana vocación por la justicia social.


Cuando Rafael Leónidas Trujillo llegó al poder, la familia Mirabal perdió casi toda su fortuna. Fue ese golpe económico, sumado a la convicción profunda de que la dictadura estaba destruyendo el país, lo que encendió la llama de la resistencia. Minerva, la más combativa de las tres, se convirtió en fundadora del Movimiento Revolucionario 14 de Junio junto a su esposo, Manolo Tavárez Justo. María Teresa también se involucró activamente en la organización clandestina. Patria, la mayor, no participó con el mismo nivel de exposición política, pero su apoyo fue crucial: prestaba su casa para ocultar armas y herramientas de los insurgentes, una contribución silenciosa que resultó tan peligrosa como la militancia abierta.


Dentro del Movimiento, las hermanas adoptaron el nombre en clave «Las Mariposas», con el que Minerva se identificaba en todas sus relaciones políticas. El grupo operaba en la clandestinidad, distribuyendo propaganda, organizando células de resistencia y planificando acciones contra el régimen. Su valentía las colocó en el punto de mira de la maquinaria represiva de Trujillo, que no toleraba disidencia alguna dentro de su territorio.


Las consecuencias fueron inmediatas y brutales. Minerva y María Teresa fueron encarceladas en varias ocasiones, tanto en la prisión de La Victoria como en el tristemente célebre centro de detención conocido como La 40. Ellas y sus esposos fueron sometidos a torturas crueles durante el régimen. A pesar del sufrimiento, las hermanas no renunciaron a su lucha; cada encarcelamiento fortalecía su determinación. El 18 de mayo de 1960, Minerva y María Teresa fueron juzgadas en Santo Domingo junto a sus maridos, acusadas de atentar contra la seguridad del Estado dominicano. Fueron declaradas culpables y condenadas a tres años de prisión, comenzando a purgar sus penas en condiciones durísimas.


En un gesto que la historiografía considera calculado y cínico, el 9 de agosto de 1960, por disposición expresa de Trujillo, Minerva y María Teresa fueron puestas en libertad, mientras sus maridos permanecían en prisión. La maniobra perseguía un doble objetivo: Trujillo pretendía exhibir una falsa imagen de «generosidad» ante la comunidad internacional, al tiempo que liberaba a quienes quería seguir hostigando para alimentar la narrativa de una amenaza interna que justificara su represión.


Poco después de recuperar la libertad, surgieron informes sobre reuniones secretas contra el régimen encabezadas nuevamente por las hermanas. A esas presiones internas se sumó un factor geopolítico decisivo: el atentado en Venezuela contra el presidente Rómulo Betancourt, del que Trujillo fue señalado como instigador. La Organización de Estados Americanos (OEA) sancionó al Estado dominicano con la ruptura de relaciones diplomáticas y económicas, en un contexto de creciente caída de los regímenes dictatoriales en América Latina. Fue en ese marco de asfixia internacional cuando Trujillo ordenó al general Pupo Román que preparara un plan para eliminar definitivamente a las Hermanas Mirabal, recomendándole utilizar al SIM (Servicio de Inteligencia Militar).


El general Pupo Román delegó la ejecución en manos del SIM, dirigido entonces por el capitán de corbeta Cándido Torres Tejada, sustituto de Johnny Abbes. Torres Tejada se trasladó a Santiago y transmitió instrucciones al jefe del SIM en la zona norte, el teniente Víctor Alicinio Peña Rivera. Según el propio testimonio de Peña Rivera en su libro «Trujillo: Historia oculta de un dictador», el encargo fue explícito: «deben morir y se simulará un accidente automovilístico, ese es el deseo del jefe».


El cabo de la Policía Nacional Ciriaco de la Rosa solicitó cuatro agentes y un vehículo para el escuadrón de acción. Peña Rivera asignó a Alfonso Cruz Valerio, Emilio Estrada Malleta, Néstor Antonio Pérez Terrero y Ramón Emilio Rojas Lora. El 18 y el 22 de noviembre el escuadrón regresó sin cumplir la orden, alegando que las hermanas viajaban con niños. Sin embargo, el 25 de noviembre de 1960 comprobaron que las Mirabal se desplazaban sin menores, acompañadas por su chofer Rufino de la Cruz y por su hermana Patria, y se ejecutó el plan.


Tras despedirse de sus maridos en el patio de la fortaleza de Puerto Plata, las tres mujeres y el chofer emprendieron el regreso a Salcedo. Al llegar al puente de Marapica, fueron detenidas por cuatro hombres que atravesaron un cepillo en medio de la carretera. Obligadas a punta de pistola, subieron al vehículo de sus verdugos, que las condujo a La Cumbre, la casa donde las esperaba el capitán Peña Rivera con las instrucciones finales. Allí fueron introducidas a la fuerza en la vivienda de adobe y ahorcadas y apaleadas hasta morir. Sus cuerpos fueron colocados en el coche para simular un accidente de tráfico. El sargento de la Rosa informó a Peña Rivera con una frase que quedó grabada en la historia: «Señor, misión cumplida».


Trujillo creyó haber eliminado un problema político. Se equivocó. El asesinato de las tres mujeres, con sus nombres, sus rostros y su historia pública, se convirtió en un acto que no podía silenciarse. La publicidad del crimen hizo que el pueblo dominicano se inclinara progresivamente hacia el apoyo a las Mirabal y a sus ideales. La conciencia colectiva despertó, y apenas seis meses después, el 30 de mayo de 1961, Trujillo fue asesinado. Las Mariposas murieron, pero su sacrificio se convirtió en el catalizador que precipitó la caída del dictador.


Los asesinos intelectuales señalados son Rafael Leónidas Trujillo, el secretario de las Fuerzas Armadas José René «Pupo» Román Fernández y el jefe de Operaciones del SIM Cándido Torres Tejada. Como ejecutantes materiales figuran Víctor Alicinio Peña Rivera, Ciriaco de la Rosa, Ramón Emilio Rojas Lora, Alfonso Cruz Valerio, Emilio Estrada Malleta —de origen cubano—, Néstor Antonio Pérez Terrero y José Andeliz. La red criminal era amplia, jerárquica y plenamente operativa bajo la estructura del Estado trujillista.


En junio de 1962 se celebró el juicio contra los autores materiales y cómplices del cuádruple crimen, en un tribunal especial presidido por el doctor Osvaldo B. Soto. El tribunal condenó a los principales acusados a la pena máxima de 30 años, salvo a Ciriaco de la Rosa, que recibió solo 20 años por supuesta colaboración con la aclaración del caso. Ninguno llegó a cumplir su condena: con la ayuda de grupos militares trujillistas, fueron provistos de pasaportes y sacados del país, un desenlace que evidenció la impunidad que sobrevivió a la dictadura misma.

“Trujillo fue asesinado apenas 6 meses después, el 30 de mayo de 1961, y el crimen de las Mariposas fue el catalizador decisivo de su caída.”

Dato clave
que hicieron las hermanas mirabal, Mausoleo con las lápidas de Patria, Minerva y María Teresa Mirabal en el jardín de la Casa Museo Hermanas Mirabal, en Salcedo, República Dominicana
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Mausoleo con las lápidas de Patria, Minerva y María Teresa Mirabal en el jardín de la Casa Museo Hermanas Mirabal, en Salcedo, República Dominicana

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De la oposición política al asesinato y la memoria colectiva

El legado físico y simbólico de las Hermanas Mirabal es extenso. Las tres están enterradas en Conuco, en las afueras de Salcedo, provincia de Hermanas Mirabal. El lugar se ha convertido en un museo abierto al público, con biblioteca, librería y tienda de recuerdos. Allí reposan también los restos de Manuel Aurelio Tavárez Justo, esposo de Minerva y compañero de lucha. En su última residencia se estableció la Casa Museo Hermanas Mirabal, que exhibe artefactos que les pertenecieron, y su mausoleo es extensión del Panteón Nacional, un reconocimiento estatal a su condición de heroínas de la patria dominicana.


La hermana Bélgica Adela «Dedé» Mirabal, la única que no fue asesinada, vivió en la casa donde nacieron las cuatro y dedicó el resto de su vida a preservar la memoria de sus hermanas. Escribió el libro «Vivas en su jardín» (2009), un testimonio íntimo y desgarrador sobre la pérdida, la resistencia y la dignidad de las Mariposas. Dedé falleció el 1 de febrero de 2014, dejando un archivo de testimonios, fotografías y documentos que son la base de la memoria pública sobre el crimen.


Entre los descendientes de las Mirabal destacan figuras públicas relevantes. Jaime David Fernández Mirabal, psiquiatra y político, fue vicepresidente de la República de República Dominicana. Minou Tavárez Mirabal, hija de Minerva, es filóloga, diputada y fue candidata presidencial en 2016. La sangre de las Mariposas sigue latiendo en la vida política y cultural del país, un hilo que conecta la resistencia de 1960 con el presente dominicano.


El impacto de las Hermanas Mirabal trascendió las fronteras de República Dominicana. El 25 de noviembre, fecha de su asesinato, fue elegido en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe de Bogotá en 1981 como jornada de denuncia, y la ONU lo aprobó el 7 de febrero de 2000 como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Cada año, millones de personas en todo el mundo recuerdan a las Mariposas no solo como víctimas de una dictadura, sino como símbolos de la lucha global contra la violencia de género.


El reconocimiento institucional dominicano es amplio y creciente. La provincia donde nacieron pasó a llamarse Provincia de Hermanas Mirabal, mediante la Ley n.º 389-07. Una estación del Metro de Santo Domingo lleva su nombre. En 2007 se emitió un billete de 200 pesos alusivo a las tres hermanas. Los botánicos Francisco Jiménez Rodríguez y Liliana Katinas les dedicaron la especie endémica Salcedoa mirabaliarum, un tributo que inscribe sus nombres en la propia flora del territorio que defendieron.


La cultura popular también ha hecho justicia con su memoria. La escritora dominico-estadounidense Julia Álvarez escribió la novela «En el tiempo de las mariposas» (1994), llevada al cine por Mariano Barroso. Se han producido documentales y series como «Codename: Butterflies» (2009), «Trópico de sangre» (2010) y «El grito de las mariposas» (2023). Cada obra aporta una capa nueva de comprensión sobre lo que significó vivir, resistir y morir bajo una dictadura, y lo que significó que tres mujeres eligieran no callarse.


Es importante subrayar que no fueron activistas de una sola acción. Lo que hicieron las Hermanas Mirabal fue un trabajo sostenido de organización clandestina, distribución de propaganda, apoyo logístico a insurgentes, encarcelamiento repetido, tortura, resistencia psicológica tras cada golpe represivo y, finalmente, la decisión consciente de seguir en la lucha aun sabiendo que su vida estaba en peligro. Patria, la mayor, no militaba abiertamente, pero su casa era un arsenal; Minerva, la fundadora, coordinaba células; María Teresa, la menor, se sumó con una energía que Trujillo temió hasta ordenar su muerte.


Las declaraciones del propio Ciriaco de la Rosa en el juicio de 1962 revelaron detalles escalofriantes. Explicó cómo repartió a las víctimas entre sus compañeros, eligiendo él a «la más bajita y gordita» (Patria), y cómo ordenó internarse en un cañaveral a orillas de la carretera para que las víctimas no presenciaran la ejecución de cada una. Estas declaraciones fueron desmentidas al descubrirse que el crimen ocurrió realmente en los terrenos de la casa de La Cumbre, un dato que revela la magnitud de la planificación y la frialdad con que se ejecutó la operación.


La historia de las Hermanas Mirabal no termina en 1960. Termina cada 25 de noviembre, cuando se encienden velas, se leen sus nombres en plazas públicas y se recuerda que tres mujeres eligieron la dignidad frente al miedo. Termina en el billete de 200 pesos, en la estación del metro, en el museo de Conuco, en la novela de Julia Álvarez y en cada campaña feminista que, sin saberlo quizá, lleva impresa la silueta de una mariposa.


Lo que hicieron las Hermanas Mirabal fue decir no. No a la dictadura, no al silencio, no a la resignación. Lo hicieron con una casa prestada, con panfletos impresos a escondidas, con noches en La 40, con torturas que no quebraron su voluntad y con una última carretera hacia Salcedo sabiendo que era la última. Y su «no» se convirtió en un «sí» colectivo que tumbaró un régimen, inspiró un día internacional y dio nombre a una provincia, a una flor y a la memoria de quienes no aceptan que el poder sea arbitrario.

Conclusión:

¿que hicieron las hermanas mirabal?

Las Hermanas Mirabal no fueron un mito construido a posteriori: fueron mujeres reales que organizaron, padecieron tortura, perdieron la libertad, arriesgaron su vida cada día y eligieron morir antes que callar. Lo que hicieron fue sembrar una resistencia que germinó seis meses después con la caída de Trujillo y que sigue creciendo en cada 25 de noviembre, en cada museo de Salcedo, en cada campaña contra la violencia de género. Su legado no es solo histórico; es una herramienta viva de conciencia.

Redacción: Redacción Nexuscurioso · Actualizado en: 11/10/2026

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