2022 marcó un punto de inflexión en la gestión de la pandemia por SARS-CoV-2, caracterizándose por la transición del estado de alarma a una vigilancia epidemiológica más controlada. A lo largo de este año, la incidencia se mantuvo en niveles manejables para el sistema sanitario público, aunque con picos estacionales asociados principalmente a las variantes Ómicron y sus subvariantes como BA.2 o BA.5.
Según los datos consolidados por la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) y el Ministerio de Sanidad, el número total de fallecidos registrados en España durante todo el año 2022 osciló entre las 17.000 y 18.000 muertes, una cifra muy inferior a la registrada en los años pico de 2020 y 2021. Esta reducción se atribuyó al alto nivel de vacunación, el desarrollo de anticuerpos naturales por infecciones previas y la menor virulencia de las variantes circulantes.
La ocupación hospitalaria fue otro indicador crucial que evitó colapsos en los servicios de urgencias. Durante los picos invernales de enero-febrero y otoñales de octubre-noviembre, los ingresos por Covid-19 representaron menos del 5% de la capacidad total de las plantas hospitalarias españolas, muy por debajo de los umbrales de alerta críticos.
A pesar de la normalización aparente, las secuelas post-Covid y el síndrome postagudo siguieron siendo una prioridad de salud pública. Los centros de atención primaria recibieron un aumento significativo de consultas relacionadas con fatiga crónica, dificultad respiratoria persistente y problemas cardiovasculares leves en pacientes recuperados.
Además, la vigilancia genómica mostró la rápida substitución de linajes virales, confirmando que aunque la mortalidad directa disminuyó drásticamente, el virus continuó evolucionando para adaptarse a poblaciones con inmunidad preexistente.
En conclusión, el año 2022 consolidó la adaptación social y sanitaria a la convivencia con el virus. Aunque las cifras de mortalidad se estabilizaron en niveles bajos comparados con los años anteriores, la necesidad de mantener campañas de vacunación estacionales y sistemas de vigilancia robustos quedó más que demostrada como pilar fundamental para evitar rebrotes severos en el futuro.