Cómo sembrar ilama: guía práctica para cultivar el oro de los Incas
La ilama, conocida también como lúcuma, lúcumo o llama (Pouteria lucuma, familia Sapotaceae), es una fruta originaria de los Andes suramericanos, muy ligada al Perú, y que hoy se cultiva en Chile, Ecuador, México e incluso algunas regiones de España. Se la llama cariñosamente "el oro de los Incas" porque las civilizaciones precolombinas la integraron en su dieta, y no es para menos: 100 gramos de pulpa aportan vitamina C, vitaminas del grupo B (incluida la niacina), calcio, hierro, fósforo, fibra y antioxidantes, lo que la convierte también en una planta medicinal de interés.
Antes de meter las manos en la tierra conviene entender qué tipo de planta es. Hablamos de un árbol de hoja perenne, con follaje espeso que permanece verde todo el año, capaz de alcanzar los 20 metros de altura y con una longevidad notable. A esa escala se le considera una "planta noble": no exige tratamientos elaborados ni cuidados especializados, y crece en condiciones desfavorables casi tan bien como en un terreno preparado. Por eso la mayoría de lúcumos del Perú y Chile crecen casi de forma silvestre en las sierras, aunque el aumento del consumo ha disparado programas de mejora genética mediante cultivo controlado.
El primer paso serio es elegir la ubicación. La lúcuma prefiere climas subtropicales a templados, con temperaturas medias entre 20 y 25 °C, tolerando picos de 30 °C y creciendo con más vigor en clima tropical. Necesita como mínimo 6 horas de sol directo al día, y no soporta heladas, temperaturas por debajo de 5 °C, altitudes excesivas ni terrenos encharcados. Perú y Chile son líderes productores precisamente por esas condiciones.
A continuación, la preparación del suelo. Prospera en suelos franco-arenosos, bien drenados y ricos en materia orgánica, aunque se adapta a cualquier terreno. Es muy recomendable incorporar compost o estiércol antes de plantar semillas o plántulas, y realizar un análisis previo del suelo para verificar que cumple los requisitos nutricionales. La resistencia a la sequía es notable, lo que facilita el manejo en zonas secas.
Existen dos variedades principales que conviene conocer antes de decidir qué plantar:
- De palo: sabor más fuerte y harinoso, destinada a la industria (harina, pulpa, edulcorante natural, natillas, yogures, helados, bebidas espirituosas).
- De seda: más refinada, preferida para consumo natural o fresco.
La propagación puede hacerse por semilla, esquejes o injerto. Los esquejes resultan más productivos que las semillas, y en el manejo profesional se crían primero las plantas en almácigos (semilleros o viveros) con los cuidados adecuados. El momento óptimo para injertar es cuando el tallo del portainjerto alcanza aproximadamente 1 centímetro de diámetro. Los distanciamientos de plantación varían según variedad, suelo y clima.
Si optas por el método casero de germinación en agua, muy difundido entre jardineros, sigue estos pasos con calma:
- Extrae las semillas del fruto y escoge las más grandes.
- Retira la capa protectora marrón ejerciendo presión con los dedos.
- Coloca la semilla en un recipiente de vidrio y vierte agua fría (hervida o filtrada) de modo que el líquido no cubra ni la mitad de la semilla.
- Deja el recipiente a la sombra durante varios días.
Pasados unos días la semilla se torna verde y asoma un pequeño tallo. Hacia los dos meses la semilla se parte por la mitad y aparecen las primeras hojas: ese es el momento de pasarla a la tierra. Es un proceso lento, sí, pero los resultados compensan la paciencia.
Si prefieres una maceta como planta ornamental, usa sustrato bien abonado y una maceta con orificios de drenaje en la base. Ten en cuenta que en maceta no dará frutos por el espacio limitado, pero lucirá unas hojas enormes, verdes y muy vistosas.
“El injerto es óptimo cuando el tallo del portainjerto alcanza 1 cm de diámetro, y los esquejes dan plantas más productivas que la semilla.”
Dato clave