El romero es una de las hierbas perennes más resistentes y agradecidas que puedes tener en tu huerto o jardín, y su propagación por esquejes es un método sencillo, económico y altamente efectivo si se siguen los pasos adecuados. Para comenzar, debes seleccionar la rama madre con mucha precaución. Busca un tallo semimaduro, de aproximadamente diez a quince centímetros de largo, que no sea ni demasiado tierno ni leñoso, ya que este punto intermedio ofrece el mejor equilibrio entre capacidad de regeneración y estructura. El momento ideal para realizar los cortes es a final de la primavera o principios del verano, cuando la planta está en pleno crecimiento activo y las temperaturas son suaves, aunque en climas templados también se puede intentar a finales del otoño. Una vez elegido el tallo, utiliza unas tijeras de podar muy afiladas y limpias, desinfectadas previamente con alcohol, para realizar un corte limpio en ángulo recto, evitando aplastar los tejidos de la planta. Es fundamental retirar las hojas de la parte inferior del esqueje, dejando aproximadamente dos o tres centímetros desnudos, ya que si estas hojas se sumergirán en el sustrato, pudrirían y generarían hongos que matarían al brote antes de que pudiera desarrollar raíces. Los cortes deben ser lo más limpios posible para maximizar la superficie de contacto con el medio de enraizamiento.
Después de preparar los esquejes, el siguiente paso crítico es preparar el medio de cultivo. Puedes optar por enraizar directamente en agua destilada o, que es el método más recomendado por los expertos, en un sustrato ligero y bien drenado, como una mezcla de turba y perlitas. Si eliges la vía del agua, coloca las bases de las ramas en un vaso transparente con suficiente profundidad para cubrir la parte desnuda, cambiando el agua cada dos o tres días para evitar la asfixia por falta de oxígeno y la aparición de bacterias. Si prefieres el sustrato, humedece la mezcla previamente hasta que esté esponjosa, no encharcada, e introduce los esquejes a una profundidad de unos dos o tres centímetros. Es muy beneficioso aplicar un producto estimulante de enraizamiento en polvo, basado en ácido indolbutírico, en la base del corte antes de plantar, ya que acelera la formación de callos y raíces. El contenedor elegido debe ser pequeño, con agujeros de drenaje, y deberás taparlo con una bolsa de plástico transparente o una botella cortada para crear un microclima húmedo, imitando las condiciones de una invernadero, lo cual es vital para que la hoja superior no se deshidrate mientras las raíces aún no han nacido. Coloca el recipiente en un lugar luminoso pero sin sol directo, ya que los rayos intensos quemarían las hojas jóvenes y aumentarían la transpiración, matando al esqueje.
El proceso de enraizamiento suele tardar entre cuatro y seis semanas. Una vez que observes que el sustrato tarda más en secarse o que las hojas nuevas responden con firmeza al tirón suave, sabrás que las raíces han tomado fuerza. En ese momento, retira la tapa de plástico gradualmente para aclimatar la planta al aire libre durante unos días antes de trasplantarla a su maceta definitiva o directamente al suelo, asegurándote de que el terreno tenga un drenaje excelente y un pH ligeramente alcalino. Con paciencia y los cuidados adecuados en estas primeras semanas, tendrás una nueva planta de romero genéticamente idéntica a la madre, lista para ornar tu cocina y jardín durante muchos años.