Guía Definitiva para Sembrar Semillas de Lavanda
La semilla de lavanda posee una característica biológica conocida como dormancia natural, lo que significa que no germinarán inmediatamente al contacto con la humedad y el calor. Para superar esta barrera y obtener una tasa de germinación aceptable, es absolutamente necesario aplicar un proceso de estratificación en frío o escarificación antes de la siembra directa. Lo ideal es mezclar las semillas con una cantidad igual de arena de río limpia y húmeda en un recipiente hermético, y guardarlas en la nevera durante al menos tres a cuatro semanas. Este periodo simula las condiciones invernales naturales de la planta, rompiendo el mecanismo de supervivencia de la semilla. Una vez transcurrido este tiempo, se puede proceder a la siembra en bandejas de germinación o directamente en macetas con sustrato ligero y muy bien drenado. Es crucial no enterrar las semillas profundamente, ya que son diminutas y requieren luz para activar su crecimiento; basta con colocarlas sobre la superficie del sustrato y presionarlas suavemente con los dedos o cubrirlas apenas con una capa microscópica de tierra tamizada.
“La semilla no debe enterrarse; debe quedar casi a ras de tierra porque necesita luz para germinar.”
Dato clave